El pollon de mi sobrino
Part. (3 a 5).
No es tan difícil de encontrar, aunque sí es caro. Me refiero a las microcámaras. En
mi ciudad había una tienda (ya la quitaron) llamada “La tienda de los espías” y le
hice una visita. Allí compré una microcámara oculta astutamente en un reloj de pared.
La razón de tal compra os la podéis imaginar: quería ver en directo a mi sobrino y su
pollón en acción y saber que ese sábado había quedado con una chica era una
oportunidad única. Me preguntaba que amiga de su novia sería, las había visto una
vez y había alguna de ella que estaba realmente buena.
Mi mujer se extrañó de que viniera a casa con un reloj.
-¿Dónde piensas colocarlo? –me dijo.
Era una buena pregunta. No lo había pensado pero o llenaba la casa de microcámaras
(cosa imposible al precio al que estaban) o tenía que adivinar el sitio donde mi sobrino
se pensaba “jincar” a la moza. Debido al carácter morboso de mi sobrino no tuve que
pensar mucho.
-Lo pondré en nuestra habitación -le dije a mi mujer.
El resto de la semana hasta llegar al sábado se me hizo muy larga, por la espera de
ver a mi sobrino usando su taladro de broca gorda y por la actitud de él y mi mujer.
Estaba empezando a hacer calor y a mi sobrino le dio por andar por casa el resto de
la semana solo con unos bóxers, bastante ajustados por cierto. La intención sin duda
era provocar a mi mujer y cuando le llamé la atención para que se pusiera algo su
respuesta es que él iba siempre así en verano, que era más cómodo y más fresquito.
Ya no solo me fastidiaba de él que marcase su rabazo (con ese tipo de bóxers incluso
la gorda cabeza) sino que iba a torso descubierto marcando abdominales, que aunque
delgado era bastante fibrado, dejando en evidencia mi incipiente barriga cervecera.
Mi mujer tampoco era ajena al destape de mi sobrino y también le llamo la atención,
sin embargo se mostró mucho más comprensiva que yo.
-Bueno Manu, si estás más cómodo así no te lo vamos a impedir. Lo importante es
que estés bien con nosotros.
-¡Gracias tita! Eres la mejor –contestó él dándole un beso.
Los besos cada vez eran más y más habituales y habían pasado de ser castos besos en
la mejilla a prácticamente picos en los labios. Por supuesto mi mujer durante todo el
tiempo que mi sobrino iba así por la casa no le quitaba ojo al paquete que marcaba y,
es más, aprovechaba para ir por casa también bastante ligerita de ropa, con
pantaloncitos cortos que dejaban entrever los cachetes del culo y buenos escotes para
que destacasen aun más sus preciosas tetas. Yo presenciaba todo esa evolución en el
vestir y en el comportamiento sin dar crédito a mis ojos. Se estaban calentando
mutuamente delante de mis narices y no era capaz de hacer nada aparte de escaparme
habitualmente al baño a masturbarme fugazmente.
Llegó el sábado. Mi mujer y yo íbamos a una boda. Mi mujer, que había ido a la
peluquería y se había puesto sus mejores galas estaba despampanante. Como decía
mi sobrino no me la merecía. Cuando mi mujer salió de la habitación ya arreglada mi
sobrino fue a hacia ella de nuevo a besarla.
Llevaba un vestido rojo ceñido que estilizaba su figura (ella sí que había sabido
cuidarse) con un escote palabra de honor. Manu subió sus manos desde las caderas
de mi mujer hasta el final del vestido tirando luego del él ligeramente hacía abajo
bajándolo casi a la altura de sus pezones.
-¡Ay Manu! ¡No seas tonto! –dijo riéndose mi mujer mientras volvía a subirse el
vestido-. Pórtate bien ¿vale?
-Sí tita –y volvieron a besarse.
Yo veía la escena con una mueca de media sonrisa mientras pensaba cómo podía
tener un sobrino tan descarado y atrevido. Encima mi mujer le reía la gracia y no solo
eso, mientras salíamos por la puerta me percaté que ella tenía de nuevo los pezones
erizados.
Tuve que esperar dos días después de la boda, cuando por fin me quedé solo en casa,
para poder ver la grabación de la “cámara reloj”. Pasé a cámara rápida las primeras
horas de la grabación, llegué a pensar que al final lo de la amiga de su novia era un
farol que se había tirado o que finalmente no usaron mi habitación, pero a las pocas
horas él entró de la mano de una chica. La conocía, era una de las amigas de la novia
de Manu que estaba más buena. Desde luego no tenía la figura de su novia pero tenía
unas tetas impresionantes.
-¿Aquí vamos a hacerlo? –preguntó ella.
-¿Por qué no? –contestó mientras empezaba a besarla.
Se besaron dulcemente aproximadamente 2 minutos, cuando las manos de Manu
comenzaron a actuar cogiéndole el culo a la chica mientras la otra magreaba uno de
sus enormes pechos por encima de la camiseta.
-¡Joder vaya melones! –dijo Manu mientras la besaba más apasionadamente.
Ella se apartó un poco de él y sonriéndole se quitó la camiseta y el sujetador dejando
sus pechos al aire. Eran unas tetas perfectas: grandes y firmes y con unos pezones de
los más apetecibles. He de reconocer que nunca he catado unas tetas así y el cabrón
de mi sobrino con tan solo 16 años ya se las estaba comiendo. Aunque las tetas de mi
mujer eran bastante buenas no se podían comparar con las de aquella chica que debía
rondar los 18 años en tamaño y sobre todo en firmeza.
La lengua y la boca de mi sobrino estaba haciendo un buen trabajo porque la chica
empezaba a suspirar y a gemir. Me percaté de que una de las manos de la chica
acariciaba el paquete de Manu.
-Déjame ver si lo que dice Silvia es cierto –dijo agachándose y bajando su bóxer.
La imagen desde mi “cámara reloj” era sencillamente espectacular. En cuanto bajó el
bóxer la inmensa polla de mi sobrino salió de él como un resorte apuntando al techo.
Si era grande flácida lo que vi se podría calificar como monstruoso, incluso los 24
cm de los que habló en el chat me parecía que se quedaban cortos. La chica solo
acertó a decir:
Y en seguida comenzó a pajearla y a chuparla como pudo porque sus manos casi no
abarcaban ni acertaban a controlar tal herramienta y su boca solo conseguía introducir
la cabeza. Creo, por su forma de gemir, que la chica tuvo su primer orgasmo mientras
trabajaba el pollón de mi sobrino. Tras unos minutos así se desnudaron los dos
completamente y empezó el espectáculo de verlos follar. Al principio se la metía con
mucho cuidado pero a los 15 minutos ya no tuvo compasión. Las posturas iban
cambiando según Manu sugería ya que la chica no parecía tener voluntad propia con
la que le estaba dando. Solo gritaba y gemía teniendo uno y otro orgasmo mientras
Manu aguantaba como un campeón. Finalmente él se puso encima suya y puso sus
rabo entre las tetas de ella. Comenzó una cubana brutal en la que la polla de Manu
llegaba a la boca de la chica con lo que mientras le pajeaba con sus tremendos pechos
podía lamerle la punta del rabo. Por fin el dijo:
-Abre la boca que me voy a correr.
Ella obedeció como una niña buena y los chorros comenzaron a salir. Comprobé que
la corrida en las bragas de mi mujer era una corrida normal suya. No paraba de salir
leche de aquel pollón de modo que, aparte de la boca, Manu le llenó la cara a aquella
chica.
Miré la hora. Habían trascurrido dos horas y mientras mi sobrino de 16 había
aguantado corriéndose una sola vez yo ya me había hecho 3 pajas viéndolos. Los dos
se fueron de mi habitación. Escuché el sonido de la ducha y más gemidos, así que
supongo que volvió a follársela allí.
Decidí no quitar la cámara oculta de mi habitación por lo que pudiera pasar en el
futuro…
Durante los siguientes días las cosas transcurrieron normales, dentro de la normalidad
que mi sobrino había impuesto con su conducta. Seguía yendo en bóxers por casa y
mostrándose tremendamente cariñoso con mi mujer, sin escatimar besos, picos,
abrazos y algún que otro roce estando yo delante o no, eso daba igual al parecer. Mi
mujer era evidente que no se mostraba impasible tal y como se iba recortando su
vestimenta a medida que pasaban los días y como se empitonaban sus pezones cada
vez que Manu andaba cerca.
Recuerdo que aquel día a mi mujer llevaba un pantaloncito corto que dejaba ver el
contorno de sus glúteos y una camiseta de tirantas más escotada de lo normal. Como
digo no acostumbraba llevar ese tipo de ropa normalmente pero parece que con mi
sobrino en casa había cambiado de actitud. Ese día le tocaba hacer la comida y como
sobró carne del cocido del día anterior me dijo que aquel día íbamos a comer
croquetas.
-Me parece estupendo –le dije.
-¿Te puedo ayudar tita? –dijo Manu en boxers despatarrado en el sofá marcando con
su postura toda su anatomía.
-Claro que sí. ¡Qué bien que te guste cocinar!
-Lo que me gusta es estar contigo.
-¡Ay Manu! No me hagas tanto la pelota y prepárate que hacer croquetas es muy
cansado –contestó mi mujer sonrojándose y sin quitarle el ojo al paquete de mi
sobrino.
Como los dos se fueron a la cocina aproveché para cotillear de nuevo las
conversaciones de Messenger de Manu.
X: bien ¿y tú? ¿alguna novedad con tu tía?
M: se quedó con la boca abierta, casi ni podía hablar
M: no, pero yo creo que porque estaba mi tío en casa, yo creo que le pongo cachonda
X: te has follado ya a alguien de tu familia
M: a dos primas y a mi hermanastra casi
¿Su hermanastra? Ahora empezaba a entender por qué Manu lo habían mandado a
vivir con nosotros… Mientras leía todo esto no paraba de escuchar risas y murmullos
en la cocina. Me acerqué intrigado a ver qué estaba haciendo y vi a mi mujer y mi
sobrino jugando con la masa de las croquetas, estaban manchándose mutuamente: las
manos, la nariz, las mejillas, el abdomen de Manu y (a saber cómo había llegado allí)
el canalillo de mi mujer.
-Cómo os estáis poniendo ¿no? –les dije.
-¡Ha empezado ella! –dijo Manu.
-¡Pero serás mentiroso! –contestó ella poniéndole las manos llena de masa de las
croquetas en la cara mientras él intentaba agarrarla por los brazos para impedírselo.
Mientras jugaban no podía evitar fijarme en el bulto de Manu, cuyo pollón parecía
que empezaba a reaccionar y en lo cachonda y juguetona que parecía estar mi mujer.
-Bueno, tita. Déjame que te limpie –dijo Manu y empezó a lamer la cara de mi mujer
quitándole lentamente con su lengua la masa de croquetas que tenía en sus ya
sonrojadas mejillas.
-¡Serás marrano! –dijo ella riéndose a carcajadas-. A ver, trae acá.
No podía creer lo que estaba viendo, cogiendo una de las manos de Manu la llevó a
su boca y sin dejar de mirarle a los ojos empezó a chuparle uno de sus dedos. La
erección de Manu ya no se podía disimular de ningún modo mientras yo miraba la
escena con una sensación entre excitación y celos. La sensación de dolor, no sé por
qué, se concentraba en la paste posterior de la nuca. No podía soportar ver algo así,
yo creo que faltaba poco para que se la follara allí mismo delante mía, pero justo
cuando iba a intervenir llamaron por teléfono y tuve que ir a contestar. La verdad es
que ni recuerdo quien era, solo sé que desde el otro auricular alguien me hablaba
mientras yo solo ponía oídos a lo que pasaba en la cocina donde se seguían oyendo
risas y murmullos, pero de repente los dos se callaron.
-¿Me está usted oyendo? Le pregunto que qué compañía de teléfono tienen
contratada.
En ese momento escuche en voz alta a mi mujer decir:
-¡Para Manu! ¡He dicho que pares!
Y la vi pasar veloz por delante del comedor dirección a nuestra habitación donde dio
un fuerte portazo. Inmediatamente fui a la cocina a ver qué coño había pasado y me
encontré a Manu intentando esconder una erección de caballo.
-Na… nada –dijo él dándose la vuelta sin poder ocultar del todo la enorme tienda de
campaña.
Luego fui a nuestra habitación. Intenté entrar pero estaba cerrada con el pestillo.
-¿Estás bien? –dije llamando con los nudillos.
-Si… cariño…. –dijo con la voz entrecortada.
-Nada, que Manu… me ha manchado de masa de las croquetas la ropa.
Yo estaba flipando. Por la forma de hablar medio jadeante era evidente que se estaba
tocando, como más tarde pude comprobar gracias a la cámara espía.
Manu mientras tanto entró en el cuarto de baño y con las prisas no dejó la puerta bien
cerrada. Se estaba haciendo una paja de campeonato. Con sus dos manos agarraba su
enorme rabo mientras murmuraba:
-Joder, he estado a punto, tengo que follármela, voy a follarte tita, qué buena estás…
Una vez visto ese espectáculo eso no me cabía duda: mi sobrino acabaría follándose
a mi mujer.
Fue a los pocos días siguientes cuando encontré una nueva fuente de información.
Tenemos dos teléfonos en casa: uno en el salón y otro en nuestra habitación.
Llamaron y yo que estaba en el salón lo cogí mientras que mi mujer lo cogía a la vez
en la habitación.
No sé por qué me quedé callado y tapé el auricular despacio para que no me oyeran
respirar. Sara era una amiga de mi mujer. Desde que la conozco son uña y carne y no
me extrañaba que mi mujer le pudiera contar algo a ella de lo que estaba ocurriendo.
Recuerdo que cuando empecé a salir con mi mujer las dos eran el centro de atracción
ya que al igual que ella, Sara es bastante atractiva, aunque muy diferente a mi mujer.
Sara es morena de ojos verdes y piel blanca, con unas curvas de escándalo, aunque
sus tetas son operadas como en cierta ocasión me confesó mi mujer (aunque yo ya lo
sospechaba). Para que os hagáis una idea tiene un cierto parecido a la actriz Shannon
Doherty
-Pues nada, te llamaba por si querías quedar hoy a tomar café.
-Que va, no puedo, tengo cita en el dentista.
-Vaya, qué putada, ¿te tienen que hacer algo?
-Nada, es una revisión rutinaria.
Estaba a punto de colgar porque parecía que la conversación no tenía mucha chicha,
pero de repente Sara preguntó:
Me dio un vuelco al corazón. Aunque podía ser una pregunta normal de cómo le iba
en nuestra casa yo sabía perfectamente a qué se refería y que mi mujer contestase
bajando la voz reafirmó mi sospecha.
-Hombre… pasado, pasado no, pero porque yo no le dejé.
-¡No me digas! ¡Cuenta, cuenta!
-El otro día dijo de ayudarme a hacer croquetas y empezamos a jugar a mancharnos
con la masa y luego…
-Pues nos quitamos la masa a lametones.
-¿Qué? ¿En serio? Joder tía. ¿Pero él a ti o tú a él?
-Empezó él pero yo le seguí el juego.
-Empezó por la cara y luego yo le chupé sus dedos.
- ¡Ja, ja, ja! Serás guarra. Seguro que lo pusiste a mil.
-Pues sí, pero no quedo la cosa ahí.
-También me había caído masa en el pecho y el cuello.
-Sí, se comió todo y fue lamiendo y besando mi cuello y se puso detrás mía pegando
su pene contra mi culo…
-¡Dios! Me estas poniendo cachonda hasta a mí. ¡Ja, ja, ja!
-Pues luego el peque, ni corto ni perezoso, empezó a magrearme las tetas. Y madre
mía… ¡Me puso a mil!
-¡Ja, ja, ja! ¿Pero cómo te puede poner tanto ese chaval?
-Es que tú no lo conoces… nunca vi nada igual. Aparte está muy bueno.
-Enoooorme. ¿Te acuerdas del dominicano del viaje fin de curso?
-¡No me voy a acordar! ¡Ja, ja, ja!
-¡Dios mío! ¿Y cuándo me vas a presentar a tu sobrinito? ¡Ja, ja, ja!
-¡Ja, ja, ja! Serás guarra tú también…
-Pues acariciaba mis pezones como un experto, quién diría que tiene 16 años… Yo
estaba completamente ida, a su merced. Me tenía completamente excitada sintiendo
ese pollón en mi trasero. Entonces soltó uno de mis pechos y su mano bajo hacia tú
ya sabes dónde.
-Pero conseguí reaccionar y tomar el control. Le pedí que parara cuando su mano ya
tocaba mi pubis por encima del pantalón. Pero él seguía. Me decía “joder tita te voy
a follar”. Me di la vuelta y le dije enfadada “¡he dicho que pares!” y le di un empujón.
Joder, si hubieras visto como la tenía en ese momento… Poco me faltó para quitarle
los bóxers y comérsela allí mismo.
-Ja, ja, ja… Estás loca tía. ¡Es mi sobrino! Y tiene 16 años, muy bien cumplidos, eso
sí, pero 16 años. Aparte que estaba mi marido en el salón y si nos llega a ver yo creo
que le da algo. Eso sí, me tuve que ir a la habitación a tocarme…
-Ja, ja, ja. Ya. Oye, que tal si voy un día de estos a tu casa y conozco a ese portento.
-Ja, ja, ja. Como quieres, ya sabes que siempre eres bienvenida, pero ni se te ocurra
hacer nada con el ¿eh? Que te conozco…
-Te lo prometo, solo quiero verlo.
La conversación me había excitado sobremanera así que decidí ver si la cámara de
nuestra habitación había grabado algo interesante y tuve suerte, demasiada diría yo.
Primero vi a Manu entrar en nuestra habitación y abrir el cajón donde mi mujer guarda
su ropa interior. Empezó a curiosear sus sujetadores, acariciándolos, sintiendo el
lugar donde debían estar sus pequeños y a menudo puntiagudos pezones (sobre todo
cuando Manu estaba cerca marcando su cipote). Luego comenzó a ojear sus braguitas
y sus tangas. Ella siempre ha cuidado mucho su ropa interior, es coqueta y siempre
se lo ha comprado muy sexis. Ni corto ni perezoso y a pesar de que a esa hora mi
mujer debía estar en casa se sacó su rabo y empezó a masturbarse. ¡Joder! ¡Cada día
parecía más grande! Por mucho que viera aquella polla no me acostumbraba, era
absolutamente desproporcionada a ese chaval. Se masturbo sin prisas, lentamente
acariciando su pollón con la ropa interior de mi mujer, que al lado de tremendo
monstruo parecía de miniatura. Siguió así durante unos 15 minutos y hasta que
aceleró el ritmo y, jadeando, su polla expulsó lo que a mí me parecieron litros de
leche. Lo soltó todo encima del cajón de mi mujer, supongo que empapando toda su
ropa. Luego volvió a esconde su tranca como pudo en sus ajustados bóxers y se
marchó de la habitación. A los pocos minutos entró mi mujer con una toalla
envolviendo su cuerpo, era evidente que acababa de salir de la ducha y que mi sobrino
había aprovechado el momento en el que ella estaba allí para hacerse ese tremendo
pajote. Dejó caer la toalla dejando ver su, a sus 32 años, todavía espectacular cuerpo.
No me la merecía. Abrió el cajón de su ropa interior y cogió un sujetador para
ponérselo. Pensé que se daría cuenta de lo acababa de hacer Manú, pero en ese
momento no lo hizo, se dio cuenta una vez ya se había colocado el sujetador. En
cuanto lo tuvo colocado puso una cara rara e inmediatamente miro sus pechos, se
quitó de nuevo el sujetador y un buen chorro de lefa comenzó a chorrear por su teta
izquierda. Con un dedo recogió una muestra de la corrida del semental y la olió, sus
mejillas se encendieron. Miró a la puerta de la habitación, luego volvió a mirar su
dedo manchado de semen y lo chupó, pero todavía había bastante corrida en su teta
para que resbalara hasta su pezón y comenzase a gotear cayendo en su abdomen y
bajando poco a poco hacía su seguro que ya empapado chochito. La imagen era
espectacular. Ella palpó el resto de leche que quedaba en su teta y las restregó por
ellas dejándolas brillantes y apetitosas, sus pezones parecían que iban a reventar.
Luego rebuscó en su cajón y encontró las braguitas donde parecía que había caído el
resto de la corrida, parecía que pesaran de lo empapadas que estaban. Cuando las sacó
chorrearon cantidad de leche todavía caliente que pringó de nuevo a mi mujer. Ella
solo acertó a decir “madre mía, esto no es normal, ¿cómo puede soltar tanto?”. De
nuevo restregó todo el semen contra su cuerpo, sus tetas y por primera vez por su
vagina lo que la hizo suspirar. Todo su cuerpo brillaba y su cara seguía roja de la
excitación. Lo siguiente que hizo fue ponerse las braguitas, mientras lo hacía no
dejaba de tocarse y por sus gemidos era evidente de que había tenido el primer
orgasmo, parecía totalmente que en vez de ponerse unas braguitas se la acabaran de
clavar. Luego, con ellas puestas y mientras el semen le corría por las piernas siguió
tocando su coñito por encima de la prenda mojada que acababa de ponerse. Disfrutaba
como nunca, jamás la vi tan excitada. Tenía un orgasmo tras otro mientras yo no
dejaba de pajearme viéndolo. Seguro que ella imaginaba como mi sobrino le metía
su pollón sin compasión y luego la inundaba con una corrida como la que acababa de
soltar, por lo menos era lo que yo imaginaba. Al poco me corrí no sin sentirme un
poco ridículo al ver la cantidad de semen que era capaz de expulsar en comparación
con ese semental.





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