Descubriendo a mi nueva madre
Part. 2 a 6. por Mortocoro
- ¡Has deshonrado a tu padre! ¡Has llevado a la pecadora de tu madre a la lujuria asquerosa
del incesto!
Mi padre estaba de pie a los pies de la cama, enfurecido nos apuntaba con su escopeta de
cacería. Mi madre y yo estábamos desnudos, abrazados. Nos iba a matar, había venido a
torturar mi sueño.
- ¡Tranquilo cariño, mamá está contigo! – escuchaba la dulce voz de mi madre que me
acariciaba - ¡Tranquilo!
Desperté de aquella horrible pesadilla. Mi madre me acariciaba para tranquilizarme. Me
abracé a ella asustado. Mi consciencia tal vez me acusaba en sueños por haber hecho que mi
madre tuviera sexo conmigo, con su propio hijo. La figura inquisidora de mi padre me
acusaba de mi pecado.
- Mamá ¿crees qué hemos hecho mal?
- Hijo, la sociedad nunca verá bien nuestra relación, pero es la primera vez que me siento
querida de verdad por un hombre. El matrimonio con tu padre estaba bendecido por Dios y
sufrí por muchos años… Dime ¿qué elegirías tú? – se abrazó a mi pecho agarrándose
desesperada para no perder mi amor.
Mi madre tenía razón, no todo lo que la sociedad reconocía tenía que ser bueno, de la misma
manera, que un hijo y se madre tuvieran una relación sentimental tan intensa que llegarán a
desearse sexualmente no tenía que ser malo, aunque esa sociedad hipócrita no lo viera bien.
La miré a los ojos y por primera vez nos besamos apasionadamente. Tal vez mi madre
siempre necesitó el amor de su hijo, unido a su necesidad de tener sexo consiguió que desde
aquella noche no hubiera un momento en que nos deseáramos.
Mientras nos besábamos apasionadamente, nos acariciándonos haciendo que la llama de la
pasión se encendiera. La coloqué boca arriba y puse mi cuerpo sobre ella. Sus brazos me
tiraron y sus piernas se abrieron para recibirme. Besé sus pezones mientras mi polla
empezaba a acariciar su coño. Volví a besarla con pasión y mis caderas empezaron a moverse.
- Mamá ¿nunca has disfrutado del sexo?
- Lo que sentí anoche, nunca lo había sentido.
- ¡Pues ya es hora de que tengas todo el placer qué te mereces!
Me deshice de las ropas que nos cubrían, me incorporé y quedé de rodillas entre las piernas
de mi madre. La miré, desnuda y sensual, deseando que la amara y la hiciera sentir todo
aquello que nunca había podido sentir. Puse mis manos en sus muslos y los acaricié
suavemente, bajando hasta llegar a su sexo, lo acaricié con suavidad. Sus caderas empezaron
a moverse suavemente, mi dedo gordo buscó su clítoris y lo acaricié con suavidad.
Mientras la masturbaba con una mano, con la otra agarré mi polla y la agitaba para que ella
me viera masturbarme.
- Mamá ¿te han comido alguna vez tú coño? – hablarle de aquella forma la ponía muy caliente
– Tu niño va a conseguir que te corras con su boca.
- ¡Sí por favor! – su coño empezaba a soltar flujos y sus caderas no dejaban de moverse.
Sonó el teléfono. Con desgana se movió para ver quién la interrumpía, aunque ya eran las
diez de la mañana, ella estaba en algo más importante.
- ¡Es mi madre! – dijo aligerándose para descargar - ¡Hola mamá!
Continuó hablando con mi abuela mientras yo la miraba de rodillas y empalmado. Estaba
desnuda, boca arriba y concentrada en su conversación. Me deleité en las curvas de su cuerpo,
sus redondas tetas caían a ambos lados de su cuerpo. Miraba sus hermosos labios moverse
pero no escuchaba lo que decía, sus largas piernas flexionadas ocultaban entre ellas mi objeto
de deseo… Me tumbé boca abajo y metí mi cabeza entre sus muslos que se abrieron para
recibir los besos que iban bajando por sus muslos poco a poco, saboreando su suave piel.
Su mano acariciaba mi pelo cuando delante de mi boca tenía su coño cubierto por aquella
barrera de pelos que lo custodiaban. Lo besé suavemente, como si fueran los labios de su
boca, con amor. Su cuerpo se agitó y la miré a la cara. Su gesto pedía que me detuviese. No
lo hice, di otro beso y mis dedos empezaron a apartar los pelos, separando sus labios vaginales
y apareciendo su rosado interior, esa vagina que había penetrado la noche anterior y que me
disponía a saborear. Su clítoris sobresalía entre los pliegues y me llamaba. No hubo dudas.
Cuando mi lengua lamió y acarició su punto más sensible, todo su cuerpo se tensó. La volví
a mirar mientras me llegaba su sabor más íntimo, su rostro descompuesto por el placer me
rogaba que me detuviera. Su madre, mi abuela, le hablaba y ella apenas podía lanzar algún
monosílabo, su mano tapaba su boca para contener los gemidos que necesitaba soltar.
No tuve piedad. Mientras ella intentaba mantener la conversación, mi lengua recorría toda la
raja de su coño. Sus caderas se agitaban y su mano empujaba mi cabeza para separarme. No
podía, mis manos se aferran a sus muslos y toda mi boca se hundía en su sexo. Sentía toda
mi boca mojada por los flujos que no dejaban de brotar. El olor intenso de mi madre inundaba
toda mi mente, excitándome y empujándome a que le diera más placer.
- ¡No, no me pasa nada! – escuché decir a mi madre – Es qué intento vestirme mientras hablo.
Y la verdad es que su hijo le comía el coño y la hacía gozar como nunca mientras hablaba
con su madre. Al momento, su mano dejó de rechazar mi cabeza y la empujó contra su coño,
sus piernas se convulsionaba y mi boca no podía contener tantos flujos. Un distorsionado
“¡Hasta luego!” salió de su boca y por fin pudo colgar el teléfono.
- ¡Joder, qué bueno! – se liberó por fin y sus gemidos llenaron toda la habitación - ¡Esto es
maravilloso! – se retorcía de placer entre gemidos - ¡Tómame, tómame, necesitó tenerte
dentro de mí!
No la hice esperar. Mi boca abandonó su coño para dejárselo a mi polla endurecida que
esperaba. Sentí en mis caderas sus muslos e intenté penetrarla. Mi polla resbalaba sobre su
coño y no entraba. Entonces su mano la agarró y la dirigió directamente a su ardiente vagina.
La penetré fuerte, de un solo movimiento mi polla llegó a lo más profundo de mi madre. Ya
no decía nada, por fin tenía a su hijo dentro y el placer que sentía sólo le permitía gemir
frenéticamente mientras yo gruñía con movimientos bruscos para penetrarla.
Otro orgasmo llegaba para hacerla estallar en gemidos y convulsiones. Aún me quedaba un
poco para estallar dentro de mi madre y me movía frenéticamente metiendo y sacando mi
polla. Nuestros cuerpos se tensaron cuando clavé mi polla todo lo que pude y empecé a lanzar
mi semen en lo más profundo de su vagina. Ella casi lloraba por el placer y sus dedos se
clavaban en mi culo, empujándolo para que permaneciera dentro de ella.
Permanecimos unos minutos abrazados, sin movernos, saboreando el final de aquel orgasmo
que habíamos tenido. Mi polla menguaba dentro de su vagina. La miré a los ojos y le di un
suave beso mientras acariciaba su pelo
- ¡Ve a ducharte pervertido! – me dijo sonriendo y dándome una cachetada en el culo -
¡Hueles al coño de tu madre!
- ¡Y más que oleré! – le contesté frotando mi sexo suavemente contra el suyo – He
descubierto que mi madre es la mujer más sabrosa del mundo.
Nos levantamos de la cama y nos preparamos para la llegada de los compañeros de facultad
de mi madre.
Nunca imaginé que mi madre pudiera darme el amor que tanto había buscado en otras
mujeres. De pequeño, bajo la dictadura de mi padre, ella nunca me pudo mostrar el auténtico
amor que sentía, se limitaba a obedecer a su marido y a descargar el odio hacia él en mí, su
hijo. Una vez liberada de la opresión, todo lo que podía darme era amor. Y sí, comeríamos
incesto. Tal vez el no haber conocido a ningún hombre que le diera un sexo con amor y por
mi parte, buscar un consuelo sentimental y sexual a mi ruptura, todo esto hizo que en apenas
unas horas nuestras almas y nuestros cuerpos se unieran más de lo que un hijo y una madre
debían unirse. A pesar de que la sombra de mi padre me torturaban en sueños, por el día
podía disfrutar mirando y observando a mi madre. Su cuerpo bien proporcionado de
generosas curvas; no era muy alta, pero sus movimientos tan sensuales me tenían todo el
tiempo dispuesto a complacer sus deseos. Como cuando entró en el salón para anunciarme
que íbamos a comer y debíamos preparar la mesa.
- ¡Cariño! – me dijo mientras yo sentado en el sofá abría los brazos para recibirla mientras
ella se sentaba en mi regazo – Vamos a comer, hay qué preparar la mesa.
- ¡Y si me como a mi madre! – le dije mientras una de mis manos acariciaba su culo y la otra
se colaba por debajo de su chaleco y buscaba sus pechos - ¡Me comería todo esto ahora
mismo!
- ¡Eres insaciable! – me contestó mientras pasaba sus brazos por mi cuello y nos fundíamos
en un apasionado beso.
- Tengo que darte todo el amor que no he podido darte todos estos años. – mordí levemente
su cuello y todo su cuerpo se estremeció – Quiero que conozcas el amor, de un hijo y de un
hombre. – volvimos a besarnos y nuestras lenguas jugaban una con la otra.
- ¡Vamos cariño! – me empujó y empezaba a levantarse – Tenemos que comer pues en breve
llegarán Juan y Lucía.
Y así lo hicimos. Tras comer y dejar todo recogido, estábamos en la cocina. Me senté en una
de las sillas y la miré. Iba a pasar por mi lado y la detuve cogiéndola por la mcintura. La
coloqué delante de mí y no tuve que decirle nada. Ella abrió las piernas y se sentó sobre mí.
Puse mis manos sobre su culo. Aquel pantalón realzaba perfectamente su redondo culo y mis
manos la acariciaba mientras nos besábamos. No sé cuánto tiempo llevábamos allí,
besándonos, acariciándonos, frotando nuestros cuerpos el uno contra el otro. Era como una
lucha y sólo el timbre de la puerta nos hizo separarnos sin que hubiera un claro vencedor en
el amor que sentíamos.
- ¡Ya están aquí! – dijo ella levantándose y recomponiendo sus ropas para abrir a sus
compañeros.
Entraron en el salón, ellos tras mi madre. Juan era un chico alto y fornido, un tanto tímido y
bien educado. Lucía era ese tipo de chica con la que todos los hombres sueñan, con su cara
de ángel de ojos azules tenía un cuerpo creado por el propio demonio para hacer pecar al más
vasto de los humanos, verla caminar con sus movimientos femeninos y sensuales hacía que
se destruyera cualquier voto de castidad.
- Este es mi hijo Enrique. – dijo mi madre y me acerqué a ellos para darle la mano a Juan y
un par de besos a Lucía. – Estos son mis compañeros de clase Juan y Lucía.
Si uno quedaba prendado de la belleza de aquella joven, mi mente se embriagó cuando sentí
su perfume. Si no me hubiera enamorado de mi nueva madre, aun estaría peregrinando tras
aquella chica allá donde fuera.
Me senté en el sofá tras la silla que ocupaba mi madre. Podía admirar la redondez de su
hermoso culo. Ellos hablaban de sus estudios mientras yo ojeaba en el móvil mis redes
sociales. Tras varias horas de estudio, terminaron definitivamente. Recogieron sus cosas.
- ¿Queréis un café? – mi madre les preguntó.
- Sí, gracias Marta. – contestó Lucía con su dulce voz – El café que nos haces cuando
estudiamos contigo nos sabe a gloria.
- ¡Gracias! – contestó mi madre y me miró - ¡Tú, a la cocina a ayudarme!
Yo no iba a tomar café, pero aquella orden la entendí como: “¡Tú, a la cocina a amarme!”.
La acompañé y por el pasillo, en cuanto estuvimos fuera de la vista de nuestra visita, le cogí
el culo descaradamente. Entramos en la cocina y puso la cafetera. Yo la miraba pasar de un
lado a otro hasta que la agarré por la cintura y la atraje para besarla.
- No, ahora no. – me empujaba con sus manos en el pecho para separarnos – Ven, no hagas
ruido, sígueme.
De la mano me llevó por el pasillo hasta qué casi estábamos en el salón. Señaló a un espejo
que había en la pared. Allí estaban Lucía y Juan besándose apasionadamente. Se puso el dedo
índice en la boca para que guardara silencio y me hizo volver a la cocina. El café aún no
estaba preparado.
- ¡¿Qué son, novios en secreto?! – le pregunté mientras la abrazaba por la cintura y ella pasaba
sus brazos por mi cuello. Me besó suavemente.
- ¡No, son hermanos! – volvió a besarme.
- Casi desde el primer día. Les hago café y ellos aprovechan ese tiempo. Nunca he hablado
con ellos del tema, pero creo que hoy podía ser un buen día.
- ¿Y no se asustarán si les preguntas si son amantes? – puse mis manos sobre su culo y pegué
mi cuerpo sin más.
Varios minutos después volvimos al salón. Los dos hablaban entre ellos como si no hubiera
ocurrido nada. Pusimos todo en la mesa y nos sentamos para tomar la merienda. Hablábamos
un poco de todo y de repente mi madre cambió de tema.
- Juan, Lucía, venís muchas veces y me ayudáis un montón con mis estudios. Mi hijo lleva
aquí poco tiempo y desde que ha llegado hemos recuperado el amor que no pudimos tener
mientras su padre vivía. – bajo la mesa llevó una mano hasta la mía – No quería tener secretos
con ustedes y espero que mi secreto no salga de ustedes.
- Tranquila Marta, puedes confiar en nosotros. – dijo Juan.
- Veréis. – mi madre me miró y después siguió hablando – Además de madre e hijo, somos
amantes.
Los dos hermanos se miraron y después nos miraron con una sonrisa de alivio. Mi madre se
acercó a mí y yo la abracé. No sabía bien qué quería mi madre, pero le seguí el juego. Ella
me miró y me dio un leve besó en los labios.
- Comeréis incesto. – dijo Lucía y mi madre asintió con la cabeza – Pues nosotros hemos de
confesar…
- ¡Para Lucía! – le ordenó el hermano.
- ¡Sí Juan! – protestó Lucía – Marta ha confiado en nosotros al contarnos su secreto. – miró
directamente a mi madre – Nosotros también tenemos una relación sentimental, aunque no
hemos hecho el amor.
- ¡Pues eso es maravilloso! – dijo mi madre – en nuestra casa seréis libres de mostrar vuestro
amor. – permanecimos unos segundos en silencio - ¡Vamos, ser vosotros mismos!
- Me da vergüenza… - reconoció Lucía y se ruborizó. – Es un sentimiento muy intenso y
además mal visto… ¡Es muy raro!
- Sí nuestros padres descubrieran que algunas noches dormimos juntos… - Juan que era un
año y poco mayor era el más preocupado – Siempre hemos tenido miedo de hacerlo por si
nos descubrían.
- En mi casa no tendréis problemas. – mi madre se levantó y extendió la mano hacia mí –
Vamos Enrique, tenemos que ordenar unas cosas en la habitación y ellos pondrán estar solos.
La seguí hasta su habitación. Cerró la puerta tras ella y nos fundíamos en un abrazo con un
apasionado beso.
- ¡Doy gracias de no tener qué ocultar nuestro amor! – dijo y siguió besándome.
Durante más de media hora estuvimos en nuestra habitación, tumbados en la cama y
abrazados, en silencio y sintiéndonos unidos. Mi madre bajó con cuidado de no molestar a
los furtivos amantes. Cuando yo bajé ya eran las ocho de la tarde y los tres reían y charlaban
en la cocina.
- ¡Cariño! – dijo mi madre dándome un beso en la boca – nuestros amigos se quedarán a
cenar para celebrar nuestra amistad.
Pidieron comida y durante todo el tiempo que estuvieron en casa, se mostraron todo el amor
que sentían. Estuvieron hasta bien tarde antes de salir por la puerta, se besaron
apasionadamente para de nuevo volver a ser los hermanos que eran.
Tras cerrar la puerta, mi madre se lanzó contra mí, allí mismo, sin poder moverme. Me besaba
y me ofrecía su cuerpo
- ¡Vamos a ducharnos! – me dijo totalmente excitada – Está noche necesito sentirme amada.
Subimos a la habitación, me senté en la cama y ella empezó a desnudarse. Yo sabía que lo
hacía para provocarme, pero no era exagerada en sus movimiento, no quería parecer una
stripper, simplemente mi madre era muy sensual. Cuando bajo su pantalón, poniendo su culo
en pompa, tuve que acomodar mi polla pues empezaba a crecer. Se puso frente a mí, con
aquella camisa que apenas cubría sus muslos. En medio podía el bulto que formaban los pelos
y los labios de sus coño. Ella desabrochaba los botones superiores de su camisa cuando
alargué una mano para tocar su sexo.
- ¡Quiero pervertido, eso no se le toca a una madre! – dijo dándome un manotazo en mi mano
que estaba a punto de tocar su coño.
Siguió desabrochando botones hasta que su camisa estuvo suelta, la abrió y me mostró su
cuerpo. Aquellas delicadas y excitantes bragas a juego con su sujetador me volvían loco,
quería comérsela, pero ella me rechazaba cada vez que intentaba acercarme. Se acercó a mí
y me levantó.
- ¡Deja qué mamá lo haga todo! – me retuvo cuando intenté abrazarla.
Me quitó la camiseta y se entretuvo en lamer y besar mis pezones mientras sus manos
liberaban mi pantalón, sentí que cayeron por mis piernas y después me liberé de aquella
prenda. De nuevo intenté abrazarla y ella me rechazó. Apoyaba una de sus manos en mi
pecho mientras sus ojos no se apartaban del prominente bulto que formaba mi erecta polla en
los calzoncillos. Su mano libre empezó a acariciarla por encima de la fina tela. Intenté besarla,
pero de nuevo fui rechazado.
Se giró y dejó caer su camisa, quedó en bragas y sujetador. Quedó vulnerable a mi ataque.
Mis manos se aferraron a su cintura y me pegué a ella de forma que mi endurecida polla se
restregaba contra su redondo culo. Mordí levemente su cuello.
Obedecí como buen hijo y vi como aquella prenda caía al suelo. Pasé mis manos por debajo
de sus brazos y agarré sus dos tetas. Besaba su cuello mientras acariciaba sus pechos, ella se
contiene a y rumoreaba mientras empujaba su culo contra mi polla. Agarró mis manos y las
quitó de sus tetas. Asido por una, me arrastró hasta el cuarto de baño. Se quitó las bragas de
forma que pudiera ver bien su culo, entró en la bañera.
- ¡Ven hijo mío, mamá te va a bañar! – cerró la mampara y esperó dentro.
Llevado por la loca lujuria que me despertaba mi madre, me desnudé por completo, abrí la
mampara y entré en la ducha con ella.
- ¡Qué dura! – dijo agarrando mi polla y agitándola levemente. Puse mi mano sobre su coño
e intentaba separar sus pelos para tocar su vagina. - ¡Mamá tiene muchos pelos! ¡¿Quieres
afeitarme?!
Tenía preparado allí un bote de espuma y una maquinilla. Me arrodillé delante de ella y echó
agua para mojar sus pelos. Agité el bote de espuma y puse todos sus pelos blancos. Con
mucho cuidado, fui rasurando su sexo, poco a poco, por todos lados. Después de enjuagarlo,
le di un suave beso en los labios vaginales.
- ¡Eh, hoy me toca a mí darte placer con la boca! – me hizo levantarme y ella se arrodilló –
Nunca lo he hecho, espero no defraudarte.
Su mano agitaba mi polla suavemente, me miró desde abajo y me sonrió. Su mano tiro de la
piel y mi glande asomó. Lo besó con suavidad, un beso, dos besos… Su lengua salió de su
dulce boca y acarició el hinchado glande, una lamida rápida y corta, otra… Ahora se deleitaba
pasando su lengua alrededor, otro beso y una mano acarició mis huevos, la otra sujetaba mi
polla apuntándola hacia su boca.
- ¡¿Te gusta?! – me dijo mientras me miraba.
No dije nada, puse una mano y la empujé suavemente para que se concentrara en mi sexo.
No lo esperaba, su boca se tragó mi polla todo lo que pudo, mis piernas temblaron al sentir
la fuerte succión.
- ¡Para mamá! – la cogí por el brazo para que se levantara.
- ¡¿No te está gustando?! – su cara mostraba preocupación – Perdona, sólo he tenido una vez
una polla en mi boca y fue forzada por tu padre. He tenido que buscar por internet cómo se
hace… ¡Perdona hijo!
- ¡Mamá, si te dejo seguir mamando, me hubiera corrido ya! – la abracé y la besé con pasión
– Duchémonos y seguiremos en la cama.
Mi madre tenía ganas de darme sexo oral. Tardamos nada en estar límpidos y, desnudos y
agarrados de la mano, nos fuimos a su cama. Me coloqué en medio, tumbado boca arriba.
Ella subió a la cama y gateando llegó hasta mi polla. No estaba erecta y su boca la tragó por
completo. Succionaba y podía sentir que su boca se llenaba mientras crecía.
Miré su culo mientras ella seguía mamando. Alargué mi mano y acaricié el interior de su
muslo. Podía ver sus labios vaginales, sin pelos, brillando por los flujos que empezaban a
aflorar. Subí la mano para tocar su coño y masturbarla. Cuando estaba a punto de tocar su
coño, ella se movió y se retiró.
- ¡No me puedes hacer nada! – dijo de rodillas agitando suavemente mi polla - ¡Hoy sólo
trabajo yo!
- ¡Qué te crees tú eso! – le dije y me incorporé en la cama agarrándola por un muslo - ¡Ven
aquí, quiero comerte tu caliente coño!
- ¡Déjame pervertido! – le di una cachetada en su culo - ¡¿Cómo te atreves a pegar a tu
madre?!
- Porque no me deja comerle el coño. – intenté agarrarla pero se sacó - ¡Tendré qué forzarte!
- ¡Ni se te ocurra! – me miró desafiante – Quiero comerme esa polla y tú vas a estar quieto.
Me revolví y la agarré como pude. La tumbé boca arriba y me coloqué sobre ella, poniendo
mi polla a la altura de su boca.
- ¡Vamos, mamá! – le ordené y de inmediato mi polla se perdía dentro de su boca - ¡Abre las
piernas!
Ni caso. Las había cruzado y no tenía manera de obligarla a abrirla. Le tocaba el coño lo poco
que podía meter mi dedo, estaba muy mojada pero no me permitía masturbarla. Su boca hacía
maravillas en mi polla, succionando mi glande, tratándola por completo. No aguantaría
mucho tanto placer, así que me dejé hacer. Besé su vientre y sentí que me iba a vaciar.
- ¡No puedo más mamá, quiero correrme! - Me levanté y me coloqué de rodillas junto a ella
agarrando mi polla para masturbarme - ¡Dónde lo quieres!
- ¡En mi pecho! – agarró sus tetas y las juntó esperando mi semen - ¡Dámelo todo, hijo, quiero
tu semen!
Empecé a lanzar chorros de semen, tan fuerte que cayeron por si pecho y por su cara. Ella no
dejaba de mirar mi polla, cada chorro que salía.
- ¡Sí, cariño, dale a tu madre tu semen! – se agitaba y sus manos extendían aquel líquido por
su cuerpo - ¡Más, dámelo todo!
Quedé de rodillas junto a ella, exhausto por el placer, viendo como su cuerpo brillaba. Me
incliné y besé su boca con amor.
- ¡Eres un niño malo, ahora tendré qué volver a ducharme!
Se levantó de la cama, me limpió la polla con unas toallitas que tenía en la mesita de noche
y se marchó al baño. Yo me metí en la cama y la esperé. Cuando regresó, me abracé a ella y
los dos nos quedamos dormidos entre caricias.
Cuando abrí los ojos, me sentía tranquilo, no sabía qué podía haber soñado, sólo tenía la
sensación de paz.
Miré a mi lado y allí estaba mi amada madre, de espalda a mí. Me giré y la abracé, pegando
mi cuerpo al suyo, besé su cuello y ella empezó a despertar.
- ¡Buenos días mamá! – le dije al oído.
- ¡Buenos días! Te has levantado con fuerza. – tenía una erección mañanera y frotaba mi
polla contra su culo. - ¿Qué hora es?
- Las diez y media. – le dije mientras metía mi erección entre sus piernas.
- ¡No! – gritó y voló de la cama. - ¡A las once llega tu abuela!
No pude razonar con ella. Medio me empujó de la cama para hacerla y me ordenaba que me
vistiera rápido. Su cara era de miedo.
- Si tu abuela se entera de lo nuestro salimos en los periódicos…
Ordenaba cosas apresuradamente, iba de un lado a otro nerviosamente. La veía pasar y todo
lo que me decía era: “¡Y tú sin hacer nada!”. Harto, la cogí del brazo y la abracé, besé su
frente.
- ¡Tranquila, nadie sabrá nunca qué somos amantes!
Sonó el timbre y ella dio un salto del susto.
- ¡Tu abuela! – se marchó rápido a abrir la puerta.
Las escuché desde el pasillo, se saludaban y escuché la autoritaria voz de mi abuela.
- ¡¿Dónde el niño qué hace tanto tiempo que no visita a su abuela?!
Caminé hacia ellas y caí en la cuenta de que hacía cerca de una década que no veía a mis
abuelos. Él, mi abuelo, murió a los cincuenta y tantos años, y en su entierro fue la última vez
que mi a mi abuela.
- ¡¿Este hombretón es mi pequeño nieto?! – me abrazó y con lágrimas en los ojos me dio
besos hasta que le dolieron los labios - ¡Qué alegría verte! – su autoridad desapareció para
dar paso a una tierna abuela - ¿Por qué no me has llamado nunca?
- Tranquila abuela. – la miré a los ojos y descubrí de dónde le venían aquellos preciosos ojos
a mi madre – He vuelto para quedarme y ya nada me alejará de aquí. – miré a mi madre para
que supiera que nunca la abandonaría.
- ¡Eso dices ahora! – mi abuela se puso inquisidora – Después vendrá otra pelandrusca y te
volverá a alejar de nosotras.
- ¡La próxima la buscaré por aquí cerca! – le di beso y después nos fuimos a hablar al salón.
Tuve que estar un buen rato contándole mi vida, desde al amargo día del entierro de mi
abuelo. Y por si eso fuera poco, además quería saber cuáles eran mis previsiones de futuro,
en cuanto a trabajo o estudios. Mi lengua no daba para más conversación y el timbre de la
puerta me salvó.
- ¡Ésa va a ser la Pili! – dijo mi abuela a mi madre qué caminaba hacia la puerta.
Y así fue. Me puse en pie y entraron en el salón mi tía Pili y su morenazo novio Julio. A él
le di la mano, pero mi tía se abrazó a mí y casi no me dejaba respirar.
Qué más puedo contar de aquel día, tuve que contar mi vida y obra, sin incluir la parte de mi
madre, a las mujeres de mi familia repitiendo las partes que más les gustaron. A cambio,
escuché historias de ellas que me hicieron añorar la infancia robada por mi padre.
- Mamá. – dijo mi tía Pili – Nosotros tenemos que irnos. ¿Te vienes o te vas a quedar?
- Pues la verdad. – contestó observando a mi madre – Estaba pensando en quedarme esta
noche con Marta.
- ¡Oh, hay un problema! – contestó mi madre algo nerviosa – Vamos a rehacer la habitación
de Enrique y está hecha un asco. Si quieres más tarde te llevo a tu casa.
- Está bien. – mi abuela aceptó.
Vimos marcharse a la pareja y los tres deambulamos un poco más por la ciudad. Después
regresamos a nuestra casa y media hora más tarde mi abuela decidía que quería regresar a su
casa.
- Vamos hija, llévame a mi casa. – dijo levantándose y recogiendo sus cosas.
- Esperar y voy con ustedes. – dije yo y mi autoritaria abuela volvió a aparecer.
- ¡No hijo, hay momentos que una madre tiene que hablar a solas con su hija! – me dirigí a
ella para besarla y despedirme o otra ración doble de besos.
Mi madre cogió sus cosas y un tanto sería, le dio el brazo a su madre para llevarla hasta su
casa en coche.
Madre e hija entraron en el coche y la hija sabía que algo malo pasaba por la cabeza de su
madre.
- ¿Cuántos días hace que ha vuelto tu hijo? – preguntó la madre y su rostro era muy serio.
- Cuatro o cinco días… - contestó la hija - ¿Por qué?
- Me resulta muy raro que en tan poco tiempo ya te estés acostando con tu hijo.
A la hija le tembló todo el cuerpo y se sentía pillada en su mentira.
- Pero ¿Qué tontería estás diciendo? – intentó protestar para defenderse.
- No me engañes, te conozco muy bien y sé cuándo estás enamorada… - la miró a los ojos –
Esa alegría que demuestras la tenemos todas las mujeres de la familia cuando nuestro corazón
está ocupado y nuestra vagina llena.
- ¡Pero escuchas bien lo qué estás diciendo! – la hija mostraba indignación como única
defensa.
- ¡Claro! – la madre agarró la mano de su hija con cariño y la miró con dulzura – Tranquila
hija, no me importa ni me parece mal. – la hija quedó desconcertada – Mira, las mujeres de
nuestra familia son muy ardientes. Imagina que a principios del siglo pasado, mi madre y su
hermana vivían con sus maridos en la misma casa. Allí nací yo y mis dos hermanos, al igual
que mis dos primos. Pues tu abuela y su hermana compartían a sus maridos, y creo que más
de una vez hicieron el amor los cuatro a la vez. Eran discretos en ello, pero a tu tío Ricardo
no se le escapaba una y los pilló. Más de una vez me llevaba con él a escondidas por la noche
para ver cómo nuestros padres y tíos follaban. Y como no, nos poníamos tan calientes que
nosotros mismos lo hacíamos mientras veíamos a los mayores.
- ¡¿Eso es verdad?! – fue lo único que se le ocurrió decir a la hija.
- ¡Claro! Sólo te pido que seas discreta para que no haya habladurías, la gente es muy cabrona.
– miró a su hija que tenía cara de no poder asimilar todo aquello - ¡Vamos hija! Somos
mujeres ardientes que nos gustan las perversiones. Mira, con sesenta y ocho años que tengo,
permito que el chulo de Julio viva con nosotras pues me dejan mirarlos mientras follan. Él le
da por todos lados a tu hermana y yo me masturbo mientras los miro.
Estaba en el salón cuando regresó mi madre de llevar a mi abuela a su casa. Entró, tiró el
bolso en el suelo y se desplomó en el sofá con una cara de desconcierto, me asusté al verla.
- ¡Mamá ¿te ocurre algo?! – le pregunté.
- ¡No me lo puedo creer! – fueron sus palabras.
Después me contó la conversación que había tenido en el coche. Me miró a los ojos.
- ¡Todas somos unas pervertidas!
- ¡Y yo qué me alegro! – le dije mientras me acerqué a ella y le di un suave beso en los labios
– Si no fueras una pervertida, no estaríamos disfrutando de este amor. – le di otro beso más
apasionado. La agarré de la mano y la hice levantarse - ¡Vamos a la ducha y verás cómo se
te pasa todo!
Me siguió por el pasillo hasta su habitación. Me miraba y me sonreía. Volví a besarla sus
labios dulcemente y ella empezó a sonreír.
- Tienes razón. – me rodeó con sus brazos por el cuello – Si no fuera una pervertida, no podría
disfrutar del amor y del sexo con mi propio hijo. – nos fundíamos en un gran beso.
Poco a poco nos fuimos desnudando, entre abrazos, caricias y besos. Dejamos toda la ropa
por el suelo y agarrado a su mano me llevó al baño. Fue una de las mejores duchas que me
he dado en la vida. Mi polla y sus pezones erectos mostraban lo excitados que estábamos,
pero no hicimos nada sexual en la ducha más allá de apasionados besos.
Cuando nos secamos, volvimos a la habitación. Ella empezó a recoger la ropa que habíamos
tirado por el suelo y me ordenó que llevara la ropa sucia al bombo de la ropa. Caminé todo
el tiempo con una gran erección, pero aquello parecía que no excitaba a mi madre, sin duda,
la conversación con mi abuela le había incomodado y aquella noche no estaría para tener
sexo, menos con su hijo.
Volví a entrar en la habitación y la encontré ordenando las sábanas y las mantas de la cama
nerviosamente. Me acerqué a ella.
- Mamá, comprendo que después de lo que has hablado con la abuela estés demasiado turbada
para aguantar a tu hijo en tu cama. ¿Quieres que me vaya al sofá esta noche?
- ¡¿Turbada?¡ - me miró como si yo fuera tonto y me sentí cohibido - ¡Turbada dice! Desde
que he escuchado lo que me ha contado, no hago más que darle vueltas… - cogió mi mano y
la llevó a su depilado coño - ¡Cuánto más pienso en eso, más excitada me encuentro! ¡Quiero
que tú polla no se baje en toda la noche!
Me empujó a la cama y me coloqué bocarriba en medio mientras ella su subía gateando y con
su mirada clavada en mí. Se subió sobre mí y puso su coño sobre mi polla, podía sentir el
enorme valor que brotaba de su vagina. Me besó aferrándose a mi cuerpo, sintiendo el
contacto de nuestra piel desde nuestros labios hasta nuestros pies. Se agitaba sobre mí y
nuestros sexos se frotaban intensamente.
- Mamá, estás caliente pensando en las noches que habrán pasado tus padres y tus tíos ¿no?
- Nunca había sentido este calor que me invade.
- Pues arde con mi polla. – mi glande chocaba con su enfurecido clítoris y su boca lanzaba
suaves gemidos de placer – Imagínate a la abuela con su hermano, en la oscuridad, viendo a
sus padres follando en grupo… - mis manos amasaban sus glúteos para que mi polla le diera
más placer – Seguro que al tito se le pondría durísima.
- ¡Sí hijo, seguro! Y mi madre se la clavaría hasta lo más profundo de su vagina… - movió
sus caderas y mi glande se colocó en la entrada de su vagina, un movimiento brusco y se la
clavó por completo - ¡Siiiiiií, su vagina se llenó por completo con su polla! ¡Sí hijo, sí! Tu
madre es una pervertida a la que le pone el sexo en familia.
- Y tu hijo también – le di un guantazo no muy fuerte en el culo – Soy un pervertido al que
le vuelve loco follar con su madre.
- ¡Sí, sí, sí! – gemía y empezaba a sentir su primer orgasmo - ¡Me corro, me corro!
- ¡No, no! – su cara mostraba el placer que estaba sintiendo - ¡No te corras, quiero que me
des más placer! – hice un esfuerzo para no correrme.
Estaba totalmente sentada sobre mi polla, se clavaba por completo agitando intensamente sus
caderas para disfrutar de su orgasmo. Sentía mis huevos totalmente empapados por los flujos
que lanzaba su vagina.
- ¡Sí, qué maravilla! – sus piernas se convulsionaban.
- Ahora me toca a mí. – le dije agarrándola por la cintura y quitándome la de encima - ¡Ven
aquí perrita mía!
La moví por la cama hasta colocarla a cuatro patas en medio de la cama. Tenía su redondo
culo delante. Puse mis manos en sus cachetes y los separé. Pude ver sus dilatados labios
vaginales y su oscuro ano. No lo pensé, me incliné y lamí aquel oscuro círculo. Su culo se
agitó al sentir mi lengua y los dos dedos que metí en su vagina.
- ¡Oh dios, me estás volviendo loca! – le chupé más intensamente su ano, mi lengua intentaba
penetrarlo - ¡Joder, qué me estás haciendo!
Dejé de chuparle y me arrodillé detrás de ella. Me miró para saber que le esperaba ahora y
pudo ver cómo agarraba mi polla con una mano y apuntaba directamente a su vagina. Empujé
con todas mis fuerzas y mi polla entró por completo en su mojada vagina, mis huevos
chocaron con su coño. La volví a sacar y de nuevo dirigí mi polla hacia el coño de mi madre
para penetrarla con fuerza, la dejé bien clavada y ella me regaló un sensual gemido. La agarré
por la cintura y empecé a darle frenéticas embestidas. Su boca lanzaba fuertes gemidos y
chillidos de placer. Puse mis manos en su culo y separé sus cachetes, podía ver cómo mi polla
entraba y salía de su coño, dilatando sus labios vaginales.
- ¡Joder mamá, quiero correrme ya! – le supliqué.
- ¡No, aun no! – me gritó gimiendo enloquecida por la lujuria.
Dejé caer un poco de saliva de mi boca y acerté de lleno en su ano. Mientras mi polla entraba
y salía, apoyé mi mano donde acababa la raja de su culo. Mi dedo gordo se deslizó entre los
dos cachetes hasta llegar a su redondo ano. Lo acaricié y extendí la saliva.
- ¡Cabrón, te gusta el ano de mamá! – dijo agitando levemente su culo y gimiendo.
- Me vuelve loco… Estoy pensando en clavar aquí mi polla. – en ese momento empujé mi
dedo y su esfínter cedió. - ¡Mami, mi polla penetra tú coño y mi dedo tu culo! – aceleré las
penetraciones - ¿Te gusta?
- ¡Sí, sí, sí! – era lo único que podía decir mientras gemía - ¡Sí, sí, sí! – sus piernas empezaron
a temblar, otro orgasmo la invadía - ¡Fóllame duro, muy duro! – me chilló y la obedecí.
Saqué el dedo de su ano y me agarré con fuerza a su culo. La embestía con toda fuerza. Sus
gemidos y el golpeteo de mis caderas en su culo era todo lo que se escuchaba en la habitación.
Yo gruñía y quería correrme.
- ¡Me desmayo, me desmayo! – dijo mi madre y cayó boca bajo en la cama.
Quedé de rodillas en medio de la cama mientras mi madre se convulsionaba por el placer.
Me iba a correr y quería llenar a mi madre con mi semen. La hice girarse y le abrí las piernas.
Me metí entre ellas y mi polla volvió a la ardiente vagina de mi madre. Mordí su cuello
mientras mis manos se pusieron en su culo. Mi madre se tensó y empecé a penetrarla con
ganas de correrme. Sus piernas me rodearon por la cintura y sus manos en mi culo.
- ¡Vamos mi niño, córrete y llena a mamá con tu semen! – me agité con fuerza y al momento
empecé a eyacular en su vagina - ¡Sí, dámelo todo, puedo sentir tu cálido semen llenándome
por dentro! – me clavé por completo en ella y acabé de correrme.
Nos quedamos un buen rato abrazados, besándonos suavemente, con cariño y amor. Cuando
recobramos un poco las fuerzas, nos tapamos con las sábanas y mantas y nos quedamos
dormidos hasta el día siguiente. Mi último pensamiento fue sentir que estaba enamorado de
mi madre, la acaricié suavemente y me dormí abrazado a ella.
Aquella semana empecé a sentir que había vuelto a casa. Mi querida madre se levantaba todas
las mañanas para ir a sus estudios. Yo le hacía el desayuno y la despedía. Volvía a la hora de
comer y algunos días tenía que volver a la facultad. Era miércoles por la mañana, serían las
diez más o menos cuando empecé a reír al darme cuenta que nuestros papeles habían
cambiado, ahora yo hacía de “ madre” y ella de ocupada “ estudiante” . Este ritmo de vida
me la devolvía tan agotada que en aquellos días laborables nuestro sexo se limitaba a dulces
besos antes de quedar dormida.
Cuando ella dormía, me encantaba encender una débil luz para mirarla. A veces le daba
suaves caricias y otras besos delicados. Por raro que me resultará, sentía amor por ella. Y sí,
podía tener ese amor sin sexo, pero desde el primer segundo que nos vimos a mí regreso,
entre nosotros, en nuestros cuerpos, en nuestros deseos hubo algo que nos atraía y no
podíamos evitar tener sexo. Aunque tuviera disponible a la mujer más bella y sensual del
mundo, mi deseo sexual siempre se dirigiría a mi madre.
Y fue el jueves por la tarde cuando mi madre me trajo planes para el fin de semana.
• ¿Qué te parecería que Juan y Lucía pasarán el fin de semana en casa? – me preguntó
acabando de taparse dispuesta a dormir.
• Mientras no me impidan tener a mi madre…- me eché sobre ella, metí mi mano bajo su
camisón y acaricié su pecho mientras la besaba.
• Nadie impedirá que tenga sexo con mi niño. – nos acariciamos y besamos por unos
minutos – Les diré que se vengan el sábado para comer y se queden hasta el domingo por la
tarde. Eso sí, tendrán que dormir en el salón pues tu habitación aún no está lista.
• Vale mamá. – le di otro beso y después nos dormimos, ella estaba agotada.
Cuando Lucía y Juan llegaron el sábado, los cuatro preparamos la comida. Tras el almuerzo,
los tres comenzaron a estudiar y yo me entretenía con el móvil, observándolos de vez en
cuando. Los compañeros de mi madre se transformaban cuando estaban en nuestra casa, la
seguridad de no ser juzgados por la necesidad que sentían de amarse los volvían unas
personas diferentes. Y por saber cada pareja el secreto de la otra, nosotros también estábamos
tranquilos y cómodos en su presencia.
Y sobre las ocho de la tarde sonó el timbre. Fui a abrir y tras la puerta encontré a mi abuela.
Para suerte mía, ella desconocía que mi madre me había contado la conversación que tuvieron
la otra noche, por lo que ella no podía imaginar que yo conocía que hubo un tiempo en el que
ella y su hermano veían a sus padres y tíos follar juntos; incluso ella y su hermano follaban
mientras observaba a los cuatro tener aquellos intercambios.
• ¡Hola abuela! – le dije y le di un par de besos.
• ¡Hola hijo! – entró en casa - ¿Está tu madre?
• Sí, está estudiando en el salón con unos compañeros… - caminó por el pasillo y pude
observarla.
Saber que mi abuela era una pervertida a la que le ponía ver follar a su hija con su novio, me
daba cierto morbo. Era una mujer de sesenta y ocho años, pero aún tenía una figura bonita.
Saludó a todos, mi madre le presentó a sus compañeros y después ellas dos fueron a hablar a
la cocina.
Tras varios minutos hablando en la cocina, mi madre me llamó a la cocina. Mi abuela no
estaba, había ido a la habitación.
- Hijo, hay un pequeño problema. – me dijo mi madre.
- ¡¿Problema?! – le pregunté extrañado.
- No es un problema…Es que tu abuela se ha enfadado con tu tía y ha decidido dormir aquí.
Me lo ha pedido por favor y no he podido negarme. – me abrazó – Hay una cosa, ella no
sabe que te conté la conversación que tuve la otra noche. Tienes que ser mi amante, pero
tendrás que mantenerlo en secreto.
- ¡De acuerdo mamá! – le dije y besé su boca - ¿Y tus compañeros?
- Se lo he contado y dado nuestro historia familiar, no le ha parecido mal y no tendrá
problemas con ellos, les dejará intimidad.
- Como mis amigos estarán en el sofá cama y tu habitación está hecho un desastre, creo que
en mi cama cabremos los tres. Además, si estamos estrechos podré pegarme más a ti.
- Bueno, no me importaría que le hicieras un favor…
- ¡Qué pervertida eres! – le dije dándole un gran beso.
Volvimos al salón con nuestros amigos. Sus caras cambiaron cuando escucharon que mi
abuela se quedaría allí, pero mi madre los había presentado como compañeros de estudio,
dijo que además eran novios para justificarse de su cariñosa actitud, aunque por supuesto mi
abuela sabía la verdad.
Mientras los tres estudiaban, y los hermanos se daban el amor que no podían darse en otra
casa, mi abuela me llevó a la cocina para que la ayudara a cocinar. La observé mientras se
movía por la habitación. Tendría sesenta y ocho años, pero su cuerpo era espectacular.
Seguramente su piel mostraría su verdadera edad, como le pasaba en las manos, que por
mucho que se las cuidaba, la piel no era la de una mujer de mediana edad. Pero su cuerpo era
bonito. Era un poco más alta que mi madre y no estaba seguro si se mostraba tan sensual al
moverse por estar provocándome o es que la conversación con mi madre me había puesto
caliente.
- Abuela. – le dije con un poco de miedo y mucha curiosidad - ¿Qué edad tienes?
- ¡Hijo, eso no se le pregunta a una mujer!
- Bueno abuela, era curiosidad pues veo que tienes un cuerpo bonito. ¡Tampoco quiero ligar
contigo! ¡Qué pensarías si tu nieto te tirara los tejos! – me acerqué a ella por detrás y pasé
mi mano por su cintura - ¡Me darías unos azotes!
- ¡Eres un niño muy malo diciendo eso! – noté que se turbó al escucharme, seguramente
aquellas palabras la pusieron más caliente.
Entre charlas de nuestras vidas, sin que ella me confesara lo que hacía con su hija y yo
tampoco diciéndole el amor con madre, aunque ambos lo sabíamos, acabamos la cena y en
un momento preparamos la mesa de la cocina y todos nos sentamos alrededor para comer.
Cuando acabamos, ya eran las doce y cinco de la noche.
- ¡Bueno chicos! – dijo mi madre - ¡Ya es hora de dormir!
- Marta. – dijo Juan – Si os supone una molestia que estemos aquí, podemos irnos y así
podréis descansar todos.
- No te preocupes Juan, mi cama es ancha y estaremos los tres bien, ustedes descansar en el
salón tranquilos que nadie os molestará. – mi madre le decía que follaran con total
tranquilidad y él lo entendió.
Mi abuela subió a la habitación y la noté nerviosa. Mi madre parecía tranquila, pero la notaba
excitada. Y yo tenía la esperanza de que aquella noche pudiera pasar algo pervertido, aunque
fuera que mi abuela nos mirara.
- ¡Vaya Marta! – dijo mi abuela – Ahora caigo en la cuenta que no he traído ningún camisón
para dormir…
- Verás mamá, Enrique y yo hemos recobrado toda la confianza que nunca tuvimos y he de
confesarte que dormimos en ropa interior…¿Te molesta?
- ¡No hija, podéis hacer lo qué queráis! – me miró y había más ganas de que dijera que sí a
estar avergonzada como quería mostrar - ¿A ti te importa dormir con tu abuela medio
desnuda?
- Abuela, ya te dije en la cocina que tienes un cuerpo bonito… - me acerqué a ella y me
coloqué detrás – Déjame que te ayude a desnudarte para mostrarte que para nada me importa.
- ¡Gracias hijo! – echó su pelo a un lado y bajé la cremallera desde lo alto de su espalda,
hasta el comienzo de su culo. – Me siento un poco avergonzada de que mi nieto me vea
desnuda…
- ¡Vamos mamá! – dijo mi madre – Después te vas a meter en la cama con él, desnudos los
dos…
- ¡Bueno! – dijo mi abuela. Dejó deslizar aquel vestido por su cuerpo hasta que se lo quitó.
- Ahora veo de dónde le viene la belleza a mi madre. – les decía mientras me quitaba la ropa
sin dejar de mirar a mi abuela.
Llevaba un sujetador y unas bragas negras casi transparentes que mostraban sus oscuros
pezones. Además tenía unas medias sujetas por un porta liga que le estilizaban las piernas y
la hacía muy excitante. Subió una pierna a la cama y soltó los enganches de la media, la fue
bajando poco a poco. Después la otra pierna y se deshizo de ella, giró el porta ligas y también
se lo quitó.
Yo ya estaba en calzoncillos en mitad de la cama, mirándolas a las dos, deleitándome con
sus hermosos cuerpos. Ambas estaban en bragas y sujetador y mi abuela se echaba junto a
mí.
- Mamá, si estás más cómoda, te puedes quitar el sujetador…- le dijo mi madre.
- ¡Pero tu hijo! – protestó para disimular sus ganas de estar desnuda junto a mí.
- Yo siempre duermo sólo con las bragas, él ya está acostumbrado a que su madre sea así, no
creo que haya problemas ¿no?
- ¡Claro qué no, abuela! – miré descaradamente sus tetas que estaban muy cerca de mí –
Además las tienes muy bonitas, será un gran recuerdo de esta noche.
Con un “ ¡Pues vale!” se quitó el sujetador y pude ver perfectamente sus redondo y pechos
y aquellos pezones que estaban muy erectos. Mi madre se acostó al otro lado y me abrazó.
Mi abuela no sabía bien cómo ponerse.
- Abuela, apoya tu cabeza sobre mi brazo y abrázate a mí. – le dije y coloqué mi brazo
extendido y ella se acopló a mi cuerpo. Podía sentir los pechos de mi madre y de mi abuela
apoyados en mi cuerpo. - ¡Esta noche dormiré muy caliente! – dije y acaricié sus espaldas.
Estuvimos como media hora abrazados, en la misma postura, sin apenas movernos. Mi polla
estaba erecta desde que las dos mujeres se metieron en la cama. Hacerlo con mi madre me
ponía muy excitado, la posibilidad de que esa noche además tuviéramos una espectadora que
se masturbara frente a nosotros me producía más placer.
Y entonces la mano de mi madre se deslizó por mi pecho, acariciándome hasta llegar a la de
mi abuela. La agarró y la hizo bajar poco a poco. Nadie hacíamos ruidos, simplemente
disfrutábamos del contacto de nuestros cuerpos. Aquellas manos siguieron bajando hasta que
sentí sobre mi polla su contacto. Mi madre sujetaba la mano de mi abuela y la pasaba a todo
lo largo de mi sexo, por encima de la tela, haciendo que mi abuela se agitara por la excitación.
Supuse que su coño se estaría mojando y necesitaba comprobarlo.
Hice como que me despertaba un poco y sacando la mano de debajo de la cabeza de mi
madre, me giré hacia mi abuela, abrazándola y poniendo mi pierna sobre ella. Mi madre sabía
de que iba aquello y pegó su cuerpo a mi espalda, acariciándome el culo con sus manos. La
mano que tenía sobre el cuerpo de mi abuela fue bajando, acariciando su madura piel hasta
llegar a sus bragas. Sentí que su respiración se aceleraba. En cuanto puse mis dedos sobre
sus bragas y sentí sus aprisionados labios vaginales, sus piernas se abrieron un poco para que
la explorara mejor.
La mano de mi madre se coló bajo la tela de mi ropa interior y acarició con dificultad mi
polla, me giré un poco para que pudiera agarrarle. Mi abuela también quiso tenerla y alargó
su mano para jugar con mi polla junto con la de su hija.
- Abuela, sé que miras cómo folla tu hija Pili…- su mano se detuvo al escuchar mis palabras
- ¡¿No prefieres pasar de mirar a jugar con mi polla?! – ahora su mano se aferraba
enloquecida mi polla y la agitaba.
Me coloqué boca arriba y mi abuela me masturbaba. Mientras, mi madre encendió una leve
luz y nos miró.
- ¡Vamos, disfrutemos de esta noche! – nos destapó y podía ver a aquellas dos mujeres
desnudas y deseosas de jugar con mi polla.
Mientras mi abuela agitaba mi polla bajo el calzoncillo, mi madre me lo bajó hasta
quitármelo. Quedé con mi polla bien erecta, mi abuela la soltó para mirarla mientras se
mordía el labio inferior. Acaricié su culo, subí por su espalda hasta llegar a su nuca, la agarré
suavemente y ella me miró a los ojos. Empujé su cabeza y ella no opuso resistencia a
agacharse hasta tener mi glande junto a sus labios. Lo besó suavemente.
Mi madre agarró mi polla y tiró para que surgiera mi hinchado glande de la piel que lo
envolvía. La boca de mi abuela se abrió y media polla desapareció dentro. Con la primera
succión me produjo un calambre de placer que creía que iba a correrme.
Mi madre me besaba y sonreía al verme gozar con la mamada de su madre. Empezó a besarme
el pecho y yo metí mi mano entre sus piernas para empezar a masturbarla.
Mi abuela estaba concentrada en mamar, pero podíamos escuchar algunos golpes que daba
la cama sofá dónde dormían nuestros amigos, que seguramente estarían echando el polvo de
su vida pues no había quién los pudieran molestar.
Mi abuela gimoteaba con mi polla en su boca, estaba gozando. Llevé mi mano a su coño y
se lo toqué. Su cuerpo dio un respingo al sentir mi mano que intentaba separar sus labios
vaginales. Metí un dedo en su raja y pude tocar su clítoris, estaba totalmente mojada. Jugué
con su clítoris y sus caderas se agitaban descontroladas.
Mi madre me besaba y miraba cómo disfrutaba su madre. Yo tenía sus coños en mis manos
e intentaba darle placer a las dos.
- ¡Hijo, necesito qué me folles! – dijo mi abuela sin dejar de agitar con su mano mi polla -
¡Dámela, por favor!
Me levanté de la cama y la coloqué a cuatro patas en el filo, me acerqué con mi polla
endurecida y la puse sobre su culo, entre sus cachetes. Me moví y la frotaba contra ella que
me miraba pidiendo desesperada que se la metiera. La cogí con una mano y la golpeé contra
los cachetes de su culo.
- ¡No me hagas sufrir! – me rogó - ¡Clávamela!
- No puedo abuela. – le dije burlonamente – Ya sabes que esta polla que te has comido le
pertenece a tu hija…¡Pídele a ella permiso!
- ¡A quién sea! – agitaba su culo y deseaba que le entrara – ¡Por favor, la necesito dentro!
- Bien mamá, por mí no hay problema, prepara tu coño qué te la va a meter ahora mismo.
Mi madre la chupo un poco y después la agarró con una mano. Yo separé sus nalgas y
podíamos ver sus labios vaginales que se agitaban pidiendo ser dilatados. Acercó mi glande
hasta tocar el sexo de mi abuela, podía sentir el calor de su vagina. Iba a empujar para
penetrarla. Sonaron dos leves golpes en la puerta.
- ¡Esperad un momento! – susurró mi madre, se colocó una bata que tenía por allí y fue a la
puerta. Salió de la habitación.
- ¡Fóllame aunque estemos solos! – me dijo mi abuela.
- ¡No, sin mi madre, no! – le contesté.
La empujé y la hice caer de lado en la cama, agarré sus piernas y la hice girar hasta estar boca
arriba, se las separé todo lo posible. Ella me miró preguntándose qué le iba hacer, deseando
que fuera lo que deseaba que le hiciera. Metí mi cabeza entre sus piernas y besé su coño.
- ¡Oh hijo, eso me encanta! – su mano se apoyó con fuerza en mi cabeza para que no pudiera
retroceder - ¡Sí, sí!
Mi lengua empezó a jugar con los labios vaginales y buscó su clítoris. Lo acaricié y sus
caderas empezaron a agitarse. Le metí un dedo en su vagina y mientras mi lengua lamía su
clítoris, mi dedo follaba su vagina. Estaba disfrutando y empezó a gemir con más fuerza.
Fuera, mi madre hablaba con su amigos.
- ¡¿Qué os pasa?! – preguntó mi madre.
- Es que Juan…tenemos un problema, intentamos hacerlo pero me hace daño y me duele. –
dijo Lucía.
- Es la primera vez que lo hacemos…- confesó entristecido Juan. Los gemidos de la madre
de Marta empezaron a escucharse en el pasillo - ¡¿Esa es tu madre?!
- Si, bueno…- Marta no sabía qué contestar – Mi hijo le está dando un masaje…- los gemidos
se hacían más fuertes y un grito sonó “ ¡Fóllame aunque no esté tu madre!” – ¡Está bien,
nos habéis pillado! Los tres estábamos teniendo sexo…
- ¡Perdona Marta! – quiso disculparse Lucía.
- ¡Sí, perdona! – añadió Juan – ¡Ya nos vamos!
- ¡Venga, no seáis tontos! – dijo Marta abriendo la puerta del dormitorio - ¡Todos estamos
tan calientes que alguno os enseñará cómo hacerlo! Esperad…
Mi madre entró en el momento que mi abuela tenía un orgasmo. Juan y Lucía pudieron
escuchar perfectamente los gemidos de placer, y seguro que aquello los excitó.
- Mamá, Enrique, - mi abuela aún jadeaba y se retorcía de placer en la cama, mi boca brillaba
por los íntimos líquidos que la vagina de mi abuela me había regalado – Juan y Luisa
necesitan nuestra ayuda…
- No tienen experiencia y necesitan ayuda…- mi madre tapó a mi abuela con la ropa de la
cama y yo corrí a meterme en la cama - ¡Pasad! – les dijo a nuestros amigos. Mi madre se
sentó en el borde de la cama y Juan no pudo evitar mirar su entrepierna, la bata se le abrió
ligeramente y podía ver su coño depilado – Aquí estamos los cinco, nuestras relaciones no
son normales ni fáciles. Sí continuamos, yo no sé las consecuencias…Sólo haremos lo que
nos consienta la otra persona. Y quién se quiera retirar, no tendrá ningún problema. – mi
madre nos miró a todos - ¿Estáis de acuerdo?
Todos asentimos y Juan y Lucía no sabían bien qué hacer ni dónde ponerse. Mi abuela se
abrazó a mí y su mano buscó mi polla bajo las sábanas. Mi madre se levantó de la cama y se
quedó desnuda, todos la podíamos ver y Juan parecía el más interesado en ella.
Lucía se quitó la ropa que llevaba quedando sólo con sus pequeñas bragas, agarró el mentón
de su hermano y besó su boca. Mi madre nos destapó y quedó al descubierto la paja que mi
abuela me hacía. Miró a Lucía para indicarle que le hiciera lo mismo a su hermano.
Juan se quitó la camiseta que llevaba, mientras que su hermana se acuclillaba para quitarle el
pantalón del pijama. En la tela se marcaba la intensa erección que padecía. Cuando Lucía
bajó la ropa que cubría el sexo de su hermano, apareció una polla gigantesca, no sólo larga,
si no además gruesa.
- ¡Dios santo, con eso no me extraña que no pudieras hacerlo! – dijo mi abuela a Lucía – Si
me dejáis, os ayudaré a hacerlo con esa maravilla. – mi abuela se olvidó por completo de
mí.
Se levantó de la cama, desnuda y se arrodilló junto a Lucía, bajo Juan.
- ¿Te importa si la cojo un momento? – le preguntó mi abuela a Juan.
Las manos de mi abuela la agarraron, una por encima de la otra y aún sobresalía un buen
trozo de aquella endurecida carne.
- ¡Hijo! – le dijo mi abuela a Juan mirándolo desde abajo – Si te llego a conocer cuando era
más joven, te enseño a usar eso practicando todos los días. – la agitó un poco y se relamió
– Ven Lucía, agarraba con la mano y agítala así.
Lucía agarró la polla de su hermano y lo masturbaba suavemente. Juan miraba a mi madre y
ella se dio cuenta, abrió un poco las piernas para que pudiera verle mejor su coño. Mi abuela
lo llevó hasta la cama y lo tumbó junto a mí. Lucía y my abuela se dedicaban a masturbarlo,
mientras mi madre me besaba y me acariciaba.
- ¿Te gusta el coño de mi madre? – le pregunté a Juan.
- ¡Claro, me atraen mucho los que está depilados!
- ¡¿Quieres qué otro hombre te haga gozar?! – le susurré a mi madre y ella me miró dudando
– Siéntate sobre él y ponle tú coño en la boca…
Mientras las otras dos mujeres adoraban el impresionante falo de Juan, mi madre se colocó
sobre él de pie, con las piernas abiertas de forma que podía mostrarle perfectamente su coño.
Juan la miraba y aquel coño empezó a bajar hasta colocarse sobre su boca.
Mi madre estaba de rodillas sobre la cara de su compañero, su coño vibraba con las caricias
que aquella joven lengua le daba, no era muy experto, pero la velocidad de aquella lengua
sobre su clítoris le arrancaban gemidos de placer. Me puse en pie sobre la cama y veía a mi
madre gozar. Me acerqué a ella y le ofrecí mi polla, de inmediato empezó a mamármela.
Mientras Lucía aprendía a lamer y mamar la polla de su hermano, mi abuela lamía sus huevos
que iban en consonancia con el tamaño de aquella polla. Mi abuela era la que más disfrutaba
con todo aquello, paso de mirar a su hija follar con su novio a estar en medio de una orgía,
agarrada a una polla enorme.
- ¡Enrique, hijo, prepara el coñito de Lucía para qué le pueda entrar esto! – dijo mi abuela
agitando la polla de Juan.
Le quité la polla a mi madre que gemía con el placer que le producía la lengua de Juan. Me
bajé de la cama con mi polla totalmente erecta para buscar a Lucía que no dejaba de mirarme
sentada en la cama. La agarré por los muslos y tiré hasta llevarla al filo de la cama. Agarré
sus bragas y se las quité. Miré a mi abuela que disfrutaba lamiendo e intentado tragar la
gruesa polla de Juan.
Separé las piernas de Lucía, era bonita hasta en su coño con aquellos bonitos vellos rubios.
Me agaché y lo besé. Sus caderas se agotaron levemente con mi contacto. Con los dedos
separé sus labios vaginales y el brillante color rosado de su interior me excitó de tal manera
que me lancé a lamerlo. Rápidamente empezamos a escuchar los gemidos de Lucía. Sus
manos jugaban con sus pezones y su cuerpo se retorcía cuando mi lengua acariciaba su
clítoris. Su mano agarró mi cabeza, sus caderas se elevaron y hundieron mi cara en su coño.
Mientras lamía su vagina, empezó a gritar de placer y sus piernas temblaban.
- Abuela, este coño ya está preparado. – miré a mi abuela.
Tanto le gustaba aquella polla a mi abuela que ni siquiera me escuchaba, estaba enloquecida
agitando con la mano el tronco y succionando con ganas su glande. Juan tensó su cuerpo y la
boca de mi abuela empezó a llenarse con su semen. Él gemía y se retorcía bajo el coño de mi
madre mientras que su polla lanzaba chorros de semen que mi abuela tragaba con ganas.
Mi madre se levantó de su compañero, me miró y se acercó a mí con el deseo encendido en
sus ojos. Me levanté para recibirla, nos besamos apasionadamente mientras Lucía, con su
coño ardiente de deseo, nos miraba. Puse a mi madre en la cama a cuatro patas y me coloqué
tras ella, agarré mi polla y la llevé a su mojada vagina. La penetré y empecé a follarla. Mi
madre gemía y Lucía se frotaba su clítoris con los dedos, necesitaba ser follada. Se acercó a
nosotros y se colocó junto a mi madre con su culo en pompa para que la follaran. Mientras
clavaba mi polla en mi madre, alargué la mano y acaricié el culo de Lucía, metí mi mano
entre sus muslos y la masturbé.
Mi madre gemía y vi a mi abuela abierta de piernas frente a nosotros. Se tocaba el coño con
fuerza mientras gemía y se retorcía de placer. Pensé en ponerme tras Lucía y penetrarla, pero
Juan apartó mi mano de su hermana y se colocó tras ella.
- ¡¿Nos ayudas?! – le dijo Juan a mi abuela que botó para ir en ayuda de los inexpertos
hermanos.
Miré a mi abuela que estaba de rodillas entre Juan y yo. Ella se agarró a su polla y la mandó
un poco.
- Abre un poco sus nalgas. – le pidió y dirigió la polla hacia la hermana - ¡Despacio cariño,
muy despacio! – Lucía gemía cuando frotaban el glande en su coño - ¡Vamos hijo, aquí,
empuja un poco, muy poco!
Lucía sintió que su vagina empezaba a ser invadida por la polla del hermano. Sentía que su
coño no podía recibir tanta carne, cada poco que entraba le exigía que su vagina se abriera
más.
- ¡Niño, sácala! – ordenó mi abuela a Juan y la chupó un poco más. La volvió a dirigir a
Lucía y escupió sobre la polla extendiendo la saliva con la mano - ¡Vamos, otra vez!
Los gemidos de Lucía me excitaban y provocaban que penetrara con más fuerza a mi madre.
- ¡Bien Juan! – dijo mi abuela – Ya está toda dentro, muévete despacio y folla a tu hermana.
Él intentaba ser delicado, pero cada movimiento que daba hacía que Lucía gritara con una
mezcla de dolor y placer. Mi abuela miraba como aquella polla se perdía dentro de la joven,
empezó a masturbarse.
El cuerpo de mi madre se tensó y hundí mi polla por completo, estaba teniendo un orgasmo.
La penetré hasta que quedó rendida en la cama boca bajo. Miré a mi abuela que disfrutaba
viendo a los hermanos follar. La cogí del brazo y la hice levantarse. Ella me miró como
preguntando qué quería hacer. Besé su boca y acaricié sus pechos.
- ¡Sí, necesito que mi nieto me folle! – el rostro de mi abuela mostraba la lujuria que sentía.
La coloqué en el lugar de mi madre que nos miraba descansando. La coloqué a cuatro patas
y la penetré mientras acariciaba su culo. Los gemidos de mi abuela se mezclaron con los de
Lucía que había conseguido sentir el inmenso placer que ofrecía la polla de su hermano. Poco
después, Lucía caía boca bajo en la cama entre gemidos por el orgasmo que había sentido.
Juan la folló hasta que ella le pidió que se detuviera.
Miré a mi compañero que estaba acariciándose la polla mientras tocaba a su jadeante
hermana, se quería correr. Toqué su brazo para llamar su atención y le indiqué que ocupara
mi lugar. Asintió con la cabeza y se acercó.
- ¡¿Por qué me dejas así?! – protestó mi abuela cuando me retiré de su culo, miró atrás y vio
cómo Juan se acercaba a ella con su gigante polla apuntando a su culo - ¡Oh dios, es enorme!
– gritaba y se retorcía - ¡Dame fuerte, clávamela entera!
Juan deseaba correrse y empujaba con ganas contra mi abuela que no sólo gemía y se retorcía,
gruñía y alababa al señor por estar llena con aquella polla.
Me coloqué delante de mi abuela y me masturbaba mientras la veía gozar. Al momento mi
madre me ayudaba mamándome. Los gritos de mi abuela iban a conseguir que me corriera,
pero fue cuando la mano de mi madre acercó mi polla a la boca de Lucía para que se la
comiera, cuando empecé a lanzar semen sobre su bonita boca y cada. Los gruñidos de Juan
avisaron de que llenaría la vagina de mi abuela de semen. Mi abuela quedó rendida en la
cama, con la polla de Juan dentro de su vagina aún descargando semen, mientras yo me
sentaba para descansar abrazado por mi madre que me besaba y acariciaba. Lucía besaba a
su hermano que abandonaba la caliente vagina de mi abuela. Los cinco quedamos en la cama,
mi madre, mi abuela y yo nos dábamos besos y caricias, mientras los hermano se besaban
junto a nosotros.
Me encontraba en medio de la cama, desnudo, de rodillas y con las manos atadas. Mi madre
estaba de pie junto a la cama y mi abuela al otro lado, cada una sujetaba un extremo de la
cuerda que apresaba mis manos. Las dos reían divertidas mientras agitaban sensualmente sus
cuerpos, tocando sus sexos y sus senos. Yo estaba asustado con aquella escena.
De pronto aparecieron frente a la cama, como en un estrado, mi padre, mi abuelo y otros
tantos familiares a los que no podía ver bien sus caras, pero que sabía que lo eran.
¡Y ESAS DOS PUTAS SE HAN ENTREGADO A ÉL! –gritaba mi padre señalándome con
su dedo acusador - ¡SON CULPABLES, HAN DE MORIR EN LA HOGUERA!
¡A LA HOGUERA, A LA HOGUERA! – gritaron todos.
Desaparecieron todos, quedé solo en la habitación, desnudo y atado, no podía marcharme de
allí. De golpe aparecieron unas enormes llamas alrededor de toda la cama, no podía escapar.
El fuego se acercaba a mí y sentía que me quemaba.
Abrí los ojos y desperté abrazado a mi desnuda madre, yo también estaba sin ropa. Me
acurruqué a ella e intenté tranquilizarme. La noche anterior, nuestros amigos se habían
estrenado en el sexo teniendo una orgía con nosotros, después marcharon a su cama y nos
dejaron a mi madre, a mi abuela y a mí allí para poder descansar. Toqué tras de mí y mi
abuela no estaba. Miré el reloj, ya eran las once.
Un nuevo sexo para el mismo amor.
¡Levantaos niños! - escuché la voz de mi abuela – Vuestros amigos ya se han levantado y
están desayunando en la cocina.
Ahora vamos, mamá. - protestó mi madre – necesito descansar después de la noche de ayer...
¡La que necesita descansar soy yo! - dijo mi abuela - ¡Tengo la entrepierna dolorida después
de que me entrara todo lo que tiene vuestro amigo! ¡Hacía tiempo que no tenía relaciones y
anoche tomé algo demasiado grande!
Mamá, es que no tienes remedio... - mi madre se sentó en la cama y sus pechos quedaron al
descubierto. No lo pude remediar, me acerqué y mamé uno - ¡Otro igual! - me agarró del
mentón y besó mis labios - ¡Me estáis pervirtiendo!
¡Pues ducharos rápido y abajo estamos desayunando! - mi abuela me dio una cachetada en el
culo y se marchó de la habitación.
Los dos nos levantamos y entramos en el baño. Mientras se calentaba el agua de la ducha,
ella se sentó a orinar. Yo entré en la bañera y al momento entró ella. La besé y la mantuve
un poco separada.
¡No hijo! - me dijo casi con un grito mientras se arrodillaba - ¡Sobre mi pecho, hazlo sobre
mi pecho!
Quedé paralizado por la petición de mi madre y casi se me quitan las ganas de orinar, pero
verla arrodillada, con sus tetas agarradas con las manos e implorando que la meara... De
nuevo el lado pervertido de nuestra familia afloró y sosteniendo mi polla hacia ella empecé
a orinar. El líquido chocaba contra sus pechos y la cara de placer de mi madre era adorable.
Por un buen rato estuve dándole un baño de caliente orina. Cuando terminó de salir, ella se
levantó y se quitó el resto de orina con el agua de la ducha.
¡Gracias cariño! - me dijo dándome un beso en los labios.
¿Cómo has querido que hiciera esto? - le pregunté intrigado.
¡No sé! - se encogió de hombros – Una vez el repugnante de tu padre quería hacérmelo. Yo
me negué sin saber bien que era, me hablaba de bañarme con su orina, pero no sabía bien qué
era. Con el tiempo busqué y, aunque me parece un poco asqueroso, he sentido la curiosidad
de que mi amado me lo haga para saber cómo se siente.
¿Y te ha gustado? - le pregunté.
¡Viniendo de ti, todo me gusta! - me besó apasionadamente.
Comenzamos a ducharnos, nos mojamos con el agua y ella me enjabonaba y después le
enjaboné yo. Ni que decir que aquello era más disfrutar del cuerpo del otro que un baño en
toda regla. Cuando acabamos y nos secamos, nos vestimos y marchamos a bajo para
reunirnos con los demás. Al llegar al salón, nuestros amigos habían recogido sus cosas y se
marchaban para su casa.
¡¿Ya se vais?! - les preguntó mi madre.
¡Sí cariño! - le contestó Lucía abrazándose a ella – Nunca hubiéramos imaginado que nuestra
primera vez fuera a ser tan maravillosa cómo la noche que nos habéis hecho pasar. Tienes un
buen hijo que te quiere de verdad, - le giñó un ojo – pero ten cuidado con tu madre que te lo
puede quitar si te descuidas.
¡Muchas gracias Marta! - Juan la abrazó y le dio un ligero y cariñoso beso en los labios al
que mi madre correspondió - Ha sido un fin de semana perfecto. - se giró para mi abuela y
se dirigió a ella con los brazos abiertos – Y tú, mi adorada abuela, eres increíble en el sexo...
- la abrazó y mi abuela le cogió el culo con mucho descaro.
¡Ten cuidado con tu hermana para no hacerle daño con esa herramienta tan poderosa! - lo
agarró por las mejillas y lo miró a los ojos - ¡Aún me duele por haberte tenido dentro!
Los vimos salir por la puerta y ya llegarían otros fines de semana para pasarlo a lo grande
con ellos. Mi madre y mi abuela decidieron ir a dar un paseo para aprovechar el calor de
aquel medio día. Eran las doce y media. Se fueron a la habitación a vestirse y después bajaron
para salir.
He llamado a tu hermana Pili para invitarla a comer aquí. - dijo mi abuela – Le he dicho que
estén aquí sobre las dos de la tarde.
¡Vale mamá! - contestó mi madre – Volveremos pronto y haremos la comida.
¡Tened cuidado por la calle! - les dije mientras me sentaba en el sofá y encendía la televisión.
Cuando abrí los ojos escuché a mi abuela y sus hijas hablando en la cocina. Me levanté y
caminé para buscarlas. Entré en la cocina y encontré a mi tía sollozando y a las otras
intentando animarla. Tomé agua y decidí dejarlas solas para que pudieran hablar. Un rato
después las tres aparecieron en el salón, traían la comida y las demás cosas para poner la
mesa. Las ayudé sin preguntar qué pasaba. Comimos con cierta tranquilidad y al acabar,
recogimos todo.
Mi madre y su hermana se marcharon a la habitación. Yo quedé solo con mi abuela en el
salón. Los dos estábamos en el sofá. Puse me cabeza en su regazo y ella me acariciaba el
pelo.
¿Qué le pasa a Pili? - le pregunté a mi abuela.
Lo de siempre. - ella se sentía un poco desesperada – Su novio la ha dejado.
¡Vaya! - dije – Pero mi tía es guapa, seguro que encontrará a otro hombre mejor...
Seguro hijo, seguro. - mi abuela me sonrió.
Dos horas más tarde, después de que mi madre y mi tía hablaran todo lo que quisieron, mi
tía Pili le dijo a mi abuela que se marchaban, que cogiera sus cosas y se irían a su casa. Mi
abuela lo hizo sin muchas ganas, cogió todas sus cosas y las vimos salir por la puerta.
Cuando mi madre cerró la puerta, yo estaba tras ella, se giró y me abalancé sobre ella como
si la cazara. Nos besábamos y acariciábamos apasionadamente. Mis manos agarraron su culo
y la atraje hacia mí, pegando nuestros cuerpos, ella me rodeó por el cuello con sus brazos.
¿Cuándo le dirás a la tita lo nuestro? - le pregunté a mi madre.
No sé, de momento está fatal porque su novio la ha dejado por otra... ¡Ya habrá tiempo!
Aquella noche dormimos abrazados, dándonos besos y cariño, pero no tuvimos sexo. Al día
siguiente mi madre iba a sus estudios y yo tenía que esperar en casa pues vendrían a pintar
mi habitación.
La semana me fue un tanto alborotada con los pintores y después con los muebles. Para mi
madre fue como tantas otras en cuanto a sus estudios, no tanto por la tarde cuando llegaba a
casa y encontraba la habitación medio por hacer y muchos muebles por medio. Mi abuela lo
pasó mal. El estado anímico de mi tía hacía que todos los días tuvieran alguna pelea. Pasó
mucho tiempo hablando con mi madre sobre mi tía y al final de la semana, el viernes cuando
estuvo acabada mi habitación, decidieron que lo mejor sería que ellas, mi tía y mi abuela,
pasaran el fin de semana en casa. A medio día de aquel viernes, mi abuela llegó a casa
mientras mi tía iba a trabajar, ella vendría a casa una vez terminara su jornada.
¡Hola hija! - mi abuela saludó a mi madre - ¡Ven aquí, mi niño! - me saludó con un fuerte
beso – Estoy qué no puedo más, tu hermana me tiene frita... - protestaba hablándole a mi
madre.
¿No se le pasa lo de su novio? - dijo mi madre.
¡Para nada! - agitaba su cabeza como protesta – Parece que va a peor.
Subimos a mi habitación para que mi abuela la viera. Todo le parecía muy bonito y lo que
más le gusto fue cuando mi madre le dijo que esa noche dormiría conmigo para que ella y su
hermana pudieran dormir en su cama y hablar.
Tengo que sacar mis ropas y meterlas en los cajones. - dijo mi abuela.
Te ayudaré, yo también he de hacerlo. - le dije.
Con la ayuda de mi madre llevé mi ropa a mi habitación y después empezamos mi abuela y
yo a meterlas en los cajones de mi nuevo dormitorio. Mi madre estuvo organizando otras
cosas y así pasamos casi todo el tiempo. Una hora antes de que estuviera prevista la llegada
de mi tía, nos fuimos a la cocina y preparamos la cena.
Hija, - dijo mi abuela - ¿cómo se podría arreglar lo de tu hermana?
La verdad es que no lo sé. - dijo mi madre.
Si encontrara un hombre que la tuviera cómo a ti te tiene tu hijo. - miré a mi abuela.
Tú es que no la has visto antes de tu llegar y tener... - no supo ponerle nombre al amor de mi
madre – tener esto que tenéis.
El amor ya lo teníamos, - me coloqué tras mi madre y la abracé mientras hablaba – el sexo
fue algo normal con este cuerpo que tiene. - pasé mis manos por sus caderas y pegué mi polla
contra su culo, ella giró la cabeza para que le diera un beso en la boca.
¡No empecéis que me pondréis caliente! - dijo mi abuela y se acercó para cogerme el culo.
¡Abuela! - protesté y le ofrecí mi boca para darnos un beso.
En ese momento sonó el timbre de la puerta, tenía que ser mi tía. Las dejé y me fui a abrir la
puerta. Entró ella cuando abrí y me puso la cara para darnos un beso. Dejó unas bolsas que
traía en el salón y llamó a su hermana. Las tres se metieron en la cocina. Mientras caminaba,
miré el impresionante culo que tenía mi tía. Me asaltó el pensamiento de que mi tía tenía que
ser mía, a fin de cuentas, su madre y su hermana ya habían estado en la cama conmigo, por
qué no podía tener sexo con esta otra. Agité la cabeza cuando me di cuenta de pensamientos
negativos que estaba teniendo. Mi madre me llamó desde el pasillo haciéndome unas señas
con la mano.
Ven a la habitación qué necesito hablar contigo... - me cogió de la mano y subimos mientras
mi tía y mi abuela estaban en la cocina.
¿Qué pasa? - le pregunté a mi madre.
Verás... - parecía algo preocupada por lo que iba a decir – He estado pensando en lo que ha
dicho tu abuela, eso de si tu tía encontraba algo como lo que me ha pasado a mí, o sea,
encontrarte a ti...
Sí, podrías buscar la manera de hacerla feliz como me haces a mí... - yo iba a protestar -
¡Venga Enrique! No se trata de que la enamores y formes una familia con ella, sólo le tendrás
que dar lo que nos das a nosotras, cariño y sexo.
Pero ¿y si ella no quiere o ve eso demasiado depravado?
No creo, piensa que follaba con su novio mientras la miraba su madre... - sonrió y me abrazó
- Tal vez le excite que la corteje un chico joven como tú.
Mi madre me había propuesto lo que había pensado un momento antes en el salón, buscar la
forma de que mi tía cayera en mis brazos y poder amarla como hacía con ellas. No tenía ni
idea, a fin de cuentas, éramos unos desconocidos desde que me marché años atrás de mi casa.
No tenía muchas esperanzas de conseguirlo, pero me gustaba la idea de poder tener el cuerpo
de mi tía.
De nuevo bajamos abajo y nos encontramos con las otras. Mi tía fue al salón y cogió sus
bolsas para llevarlas a la habitación de mi madre. Mientas, los otros pusimos la mesa y la
comida. Varios minutos después los cuatro comíamos. La cena transcurrió entre charlas y,
tras recoger todo, nos sentamos y volvieron a seguir hablando, de todo un poco y a veces de
los problemas de mi tía. El sueño empezó a apoderarse de mí.
Si no os importa, me marcho a probar mi cama nueva. - dije levantándome.
Vale cariño. - dijo mi madre - Mamá, vete con él si quieres y Pili que se acueste conmigo
para seguir hablando.
Vale, ya me siento un poco cansada. - mi abuela se levantó y me sonrió para seguirme a la
habitación.
Pues yo también me acostaría. - dijo Pili.
Vale, pues todos a la cama. - sentenció mi madre y tras apagarlo todo, nos marchamos al piso
de arriba para dormir.
En mi habitación empecé a desnudarme para meterme en mi cama nueva. Mi abuela había
ido al servicio para asearse y cambiarse de ropa. Me metí y me tapé con las sábanas y la
manta. Estaba en calzoncillos y podía sentir el placer de la ropa limpia y la comodidad de
aquella cama nueva.
Mi abuela entró en la habitación con su camisón, se acercó a la cama y levantó las ropas para
meterse dentro. Tenía sesenta y ocho años, pero la verdad es que era una mujer bonita. Y
aquella edad no había mitigado sus deseos de sexo, como ya había demostrado. En cuanto se
tumbó, agarré su brazo más próximo a mí y lo coloqué para apoyar mi cabeza sobre él. La
abracé y mi polla empezó a ponerse tonta.
Se agradece que me abraces, hoy tengo algo de frío. - aquello fue la excusa perfecta para
pegarme más a ella y subir mi pierna sobre sus cuerpo - Sí, qué bien se está así.
Mi mano caía sobre su cintura, la moví para acariciarla. Poco a poco fui bajando hasta llegar
a sus caderas, para sentir sus curvas. Bajé más y llegué a su muslo, sentí su piel desnuda y
me deleité en su suavidad. Empecé a subir mi mano y encontré el filo de su camisón, mi
mano pasó por debajo de la tela y seguí acariciándola sin que ella protestara. Cuando acaricié
de nuevo sus caderas, descubrí que no llevaba bragas. Dirigí mi mano hacia su barriga y
después bajé por su vientre. Sentí en mis dedos los pelos de su sexo. Jugué con ellos y acerqué
mi boca a su oído.
Abuela ¿por qué no te has puesto ropa interior?
Hijo, tenía que buscarla en los cajones y la verdad es que no sabía en cual, además tenía frío
y quería taparme cuanto antes... - sus piernas se abrieron ligeramente - Sólo llevo puesto este
camisón... - subí la mano por su cuerpo bajo la tela de su camisón, y pude comprobar que sus
pechos estaban libres.
Mis dedos jugaron con sus pezones y pude notar como se iban poniendo cada vez más duros,
más erectos... Aquella situación le gustaba a mi abuela, es más, aquella situación sabía que
se iba a dar y se había vestido para la ocasión. Mi mano empezó a masajear sus tetas y ella
se dejaba. Besé con suavidad en su cuello y ella giró la cabeza para ofrecerme su boca, nos
besamos suavemente, con cariño.
Hijo ¿no te molesta amar a una vieja como yo?
Abuela. - le dije besando de nuevo sus labios – Es verdad que tienes cierta edad, qué
físicamente se te nota un poco, no mucho, eres una mujer preciosa y tu cuerpo es sensual,
pero ya quisieran muchas mujeres jóvenes provocar la excitación y el placer que tú provocas.
En ese momento no la dejé hablar, mi boca se unió a la suya, mi lengua invadió su boca y mi
mano bajó hasta su coño. Sus piernas se abrieron cuando mis dedos jugaban con los pelos de
su coño para apartarlos y buscar sus labios vaginales. Mi dedo los encontró y los separó, se
introdujo y encontró una vagina caliente y totalmente mojada, en lo alto, su clítoris totalmente
erecto esperaba mis caricias.
¡Joder abuela! - le susurré al oído - ¡Qué coño más bueno tienes! - mi dedo entró por completo
en su vagina - ¡¿Quieres que te lo coma?!
¡No, no cariño! - sus leves gemidos distorsionaban las palabras – ¡Quiero que me penetres,
necesito tener su polla dentro! - mano se movió y me aparté para que entrara en mis
calzoncillos y agarrara mi polla, empezó a acariciármela suavemente - ¡Dame esta polla!
Me aparté un poco de ella y levanté su pierna que estaba más cerca de mí, mi pierna superior
la pasé entre las suyas y nuestros sexos quedaron muy cerca el uno del otro, le froté mi polla
contra su coño.
¡Sí, eso, pero dentro! - dijo ella.
¡Pues agárrala y ponla donde quieras! - separé un poco mi cuerpo y su mano cogió mi polla
para llevarla a su vagina, sentí el calor de su coño en mi glande - ¡Frótala por tu raja!
¡Mastúrbate antes de que te la meta! - su mano la movió y la pasaba por toda su raja,
machacando con mi glande su clítoris, empezó a gemir - ¡Abuela, no chilles! - gozaba con la
masturbación que se hacía con mi endurecida polla - ¡Vamos abuelita, córrete para que te vea
tu nieto! - mis palabras parecían excitarla y su rostro mostraba el placer que sentía - ¡Si te
corres ahora, te meteré mi polla entera en tu coño! - sus caderas se movían al ritmo que su
mano agitaba mi polla y parecía que iba a estallar - ¡Vamos abuela, ya te queda poco, la polla
de tu nieto te está machacando tu clítoris, vamos córrete! -Se tensó cuando empezó a sentir
el orgasmo - ¡Te voy a follar!
Agarré mi polla y la llevé a la entrada de su vagina, empujé y mi polla se deslizó por completo
dentro de ella. Me miró con la cara descompuesta por el placer, sin querer gemir a grito
limpio, mi polla empezó a entrar y salir de ella.
¡Más, más, más...! - repetía mientras aquel orgasmo le producía una sensación de embriaguez
- ¡Qué bueno, qué bueno...! - aceleré un poco mis penetraciones y su placer aumentaba, llevé
mi mano a su coño y busqué su clítoris - ¡Joder, me voy a desmayar de placer...! - mientras
mi polla entraba y salía, mi dedo acarició su clítoris provocándole más placer, bajé por él
sintiendo la dureza hasta que llegué a la entrada de su vagina, donde mi polla no paraba de
entrar y salir - ¡Qué me estás haciendo, me estás volviendo loca! - gimoteaba y su cuerpo se
retorcía por el placer mientras mi dedo seguía recorriendo toda la longitud de su clítoris hasta
llegar a mi polla.
Enmudeció en un momento, su cuerpo se tensó por completo y su mano detuvo a la mía. La
miré a la cara y se estaba corriendo con mucha intensidad. Aceleré las penetraciones y ella
se agitaba enloquecida.
¿Quieres que me corra? - le pregunté.
Le di una profunda penetración y empecé a soltar mi semen. Los dos nos agitábamos
enloquecidos por el placer y podía sentir como llenaba la vagina de mi abuela. Quedamos
quietos, jadeantes, abrazados... Sentía en mi polla las convulsiones que tenía la vagina de mi
abuela. Quedé dentro de ella, no me aparté. Acerqué mi cara a la suya y le pedí un beso, ella
me lo dio.
¡Duerme ahora! - puso su mano en mi culo y me empujó contra ella – Quiero dormirme
teniéndote dentro.
Acaricié su cuerpo y los dos descansamos unidos por nuestros sexos, podía sentir en mis
genitales el calor y la humedad que había brotado del maduro coño de mi abuela que tuvo un
gran orgasmo, poco después el sueño nos rindió.
Cuando desperté por la mañana, mi abuela ya no estaba en la cama. Me toqué mi polla y tenía
toda la parte genital pegajosa del sexo de la noche anterior. Sabía que mi abuela era muy
caliente y nunca pensé que aquella mujer pudiera dar el sexo que me había dado. No fue un
sexo pervertido en cuanto a lo que hicimos, si por nuestro parentesco, pero su vagina sabía
cómo extraer el máximo placer de mi polla. Me levanté y necesitaba darme una ducha. Me
puse los calzoncillos y salí al pasillo para dirigirme al baño. Cuando fui a entrar, mi tía Pili
salía en ese momento.
¡Oh, hola hijo! - me dijo y me miró de arriba abajo - ¡Vas ligerito de ropa para ser invierno!
Es que voy a darme una ducha... - me fijé en ella - ¡Y tú vas muy guapa para estar en casa!
¡Gracias! - rio con mi comentario y me dio un beso en la mejilla – Vamos a desayunar en el
bar... ¿Vienes?
No gracias. - le dije y le di un beso en la mejilla – Voy a ducharme.
Pues acércate después si quieres...
La vi irse por el pasillo y la verdad es que mi tía tenía un cuerpo con unas curvas demasiados
buenas. Su culo era lo que más me llamaba la atención. ¡Tenía qué conseguirla! Aquella
calentura que me provocaba no podía ser apagada si no teniéndola en mi cama. Mi madre
apareció por el pasillo con su bata y despeinada. Miró a mi tía que empezó a bajar la escalera.
¿Qué vas a hacer Enrique? - me preguntó.
¡Espera! - quedó como intentando escuchar algo. Sonó la puerta de la calle que se cerraba -
¡Ahora, vamos dentro! - me empujó para que entrara en el baño - ¡Hay que darse prisa! - me
dijo mientras empezaba a desnudarse – Tendremos una media hora mientras que desayunan...
Me quitó rápidamente los calzoncillos y abrió el agua de la ducha. Me encantaba ver a mi
madre desnuda. Se notaba que era una mujer de cuarenta y seis años, pero su cuerpo era
excitante. La agarré por la cintura y pegué mi polla a su culo, subí mis manos y empecé a
disfrutar de sus tetas. Besé su cuello y ella me ofreció su boca, nos besamos mientras nos
acariciábamos. Entramos dentro de la ducha, me colocó bajo el chorro de agua y se arrodilló
delante de mí.
Vamos a limpiar bien esto que me han contado que anoche se lo paso en grande en otro coño
que no era el de tu madre... - cogió jabón y mientras me lavaba la polla, me hacía una paja.
Ya me lo imaginé anoche. La vi subir con muchas ganas para probar la nueva cama... - me
miró con sus preciosos ojos y sonriendo – Se duerme bien ¿no?
Sí, pero seguro que sería mejor con mi amada madre... - terminaba de quitar todo el jabón de
mi polla.
O mejor con tu amada madre y la caliente de tu abuela a la vez... - abrió la boca y empezó a
hacerme una mamada.
Sí mamá... Y si tú quieres, también con la tita... - no sabía si estaba más excitada de lo normal
o enfadada conmigo, pero su mamada llegaba a ser algo dolorosa. - ¡Cuidado, me haces algo
de daño!
Entonces cómele el coño a tu madre... - se levantó y puso una pierna en el filo de la bañera
dejando sus piernas abiertas, sus dedos separaron sus labios vaginales - ¡Vamos, arrodíllate!
La obedecí y me coloqué bajo ella, de rodillas frente a su coño. Su vagina brillaba por los
flujos que estaba lanzando, sin duda estaba excitada, no sabía si por tener sexo con su hijo o
por saber que la había “engañado” con su madre sin decírselo. Como fuera, hundí mi boca
en su coño y empecé a lamer su clítoris.
¡Sí, sí, qué bien le come el coño a su madre! - estaba usando un lenguaje sucio, aquello
parecía que la excitaba - ¡Vamos, has que mamá se corra!
Perdona por haberte engañado con la abuela... - le dije parando de lamerle por un momento.
¡Eso no me importa! - empujó mi cabeza con una mano para que siguiera – Pero nunca te
olvides que a tu madre la tienes que tener bien satisfecha...
¡Eso siempre! - me levanté - Y ahora date la vuelta y pon tu culo en pompa, ese coño ya está
listo para que tu hijo te folle. - y así lo hizo, la vi moverse hasta que apoyó sus manos en el
filo de la bañera y dejó su redondo culo en pompa - ¡Qué culo más bueno! - le di una
cachetada y me arrodillé tras ella, separé sus cachetes – Este culo hay que comérselo. - hundí
mi boca en su culo y mi lengua empezó a lamer su ano.
¡No hijo, no hagas eso, está sucio! - Protestó e intentó retirarse.
¡Quieta! - le grité - Tu cuerpo es mío y tu culo también, quiero chuparte el culo y lo voy a
hacer. - seguí lamiendo.
¡Eres un pervertido y me nublas la razón para qué te deje hacerme estas cosas! - agitaba su
culo por el placer que sentía - No puedo resistirme a tus deseos más perversos...
Ya lo sé mamá, - me levanté y agarré mi polla con una mano – un día meteré mi polla dentro
de ese culo... - puse mi glande en su ano y lo deslicé hacia su coño - Estoy loco por hundir
mi polla en él... - empujé y clavé mi polla en su vagina, empecé a penetrarla - ¿Te gustaría
qué tu hijo te diera por el culo?
Eso me da miedo... - gemía y se retorcía de placer mientras mi polla dilataba su vagina - ¿Me
dolerá?
No mamá, seré muy delicado. - mis manos acariciaban los cachetes de su culo mientras veía
como mi polla se perdía en su vagina - Echaré un poco de saliva... - separé sus cachetes y
dejé caer saliva en su redondo ano - Después lo acariciaré con un dedo... - puse mi dedo
gordo sobre el ano y lo acaricié haciendo círculos sobre él - Primero te meteré un dedo para
que te relajes... - empujé el dedo en su ano y cedió, lo moví para darle placer.
¡Ouf, hijo, qué me haces en el culo! - gemía y se retorcía mientras mi polla entraba en su
coño y mi dedo en su culo - ¡Qué bueno!
Mi polla te está follando el coño mientras mi dedo te folla el culo... ¿Quieres que pare?
¡No, no! - estaba totalmente entregada y su culo no oponía resistencia a mi dedo, lo empujé
y lo metí por completo - ¡Ouf, sí, folla a mamá!
¡Sí, tengo que darle todo lo que me pida mi mamá! - aceleré las penetraciones de mi polla y
volví a echar saliva en su ano, mi dedo follaba su culo al mismo ritmo que mi polla su coño
- ¿Te gusta? Dime si te gusta...
¡Me estás volviendo loca! - su cuerpo se agitaba y sus gemidos eran más intensos - ¡Creo que
mi culo está preparado!
¿Vas a entregar tu virgen culo a tu hijo? - daba fuertes embestidas a mi madre y mi polla
entraba en lo más profundo de su vagina.
¡Sí! - empezaba a tener un orgasmo - ¡Sí, quiero que mi hijo sea el primero en follar mi
caliente culo!
¡Pídemelo! - la escuchaba gemir y sus piernas empezaban a temblar por el placer - ¡Quiero
que me supliques que te folle el culo!
¡Sí, sí, fóllame el culo y has que me corra! - mis penetraciones eran bestiales, la penetraba
mientras ella gemía con grandes gritos, retorciendo su cuerpo por el placer y
convulsionándose - ¡Sí, sí, me corro, me corro! - cayó de rodillas en la bañera, su cuerpo se
agitaba con el orgasmo que estaba sintiendo, sus piernas cerradas parecían intentar que aquel
placer no se escapara de su vagina. Con una mano separé sus cachetes y con la otra agarré
mi polla, ella me miró - ¡Toma mi culo!
Me agaché hacia ella, con mi polla amenazando su culo. Escupí saliva en su ano y acerqué
mi polla, mi glande extendió la saliva, vi como su cuerpo se agitaba al tocar su ano. Me miró,
la miré... Ninguno lo habíamos hecho antes. Empujé mi glande contra su ano.
¿Marta, estás ahí? - escuchamos la voz de mi tía tras la puerta, nos miramos asustados.
¡Sí, estoy duchándome! - mi madre contestó si saber qué hacer en aquel momento,
permanecimos quietos en la misma postura.
¡Por qué has cerrado, me hago pipí! - mi tía agitaba el picaporte queriendo entrar – He venido
por el monedero, se me había olvidado y mamá está esperando en el bar... - seguía insistiendo
en abrir - ¡Abre qué no puedo más!
¡Ve al otro que hay en mi habitación! ¡Corre no pierdas más tiempo! - la escuchamos dar una
carrera. Mi madre se levantó y quedamos parados para ver qué ocurría con mi tía. - Corre,
duchémonos rápido... - nos enjabonamos y nos enjuagamos lo más rápido posible, después
mi madre salió de la bañera y empezó a secarse - ¡Tú quédate ahí tumbado en la bañera
mientras se va tu tía! - me sentía como un niño que hacía algo malo mientras mi madre se
secaba.
Marta, daros prisa para desayunar los cuatro. - mi tía entró en el baño después de que mi
madre liberara la puerta - ¿Dónde está Enrique?
No lo sé... estará vistiéndose en su cuarto. - contestó mi madre un poco dubitativa.
Quería preguntarte una cosa... - dijo mi tía cerrando la puerta del baño - ¿Tu hijo tiene novia?
Es que antes hemos coincidido aquí, en la puerta del baño. Iba sólo con los calzoncillos y me
miró como si yo le pusiera... ya sabes, como si le atrajera.
Eres su tía, no creo que piense esas cosas.
No estoy segura, es más bien una sensación... Pero lo malo es que me sentí un poco...
excitada, me sentí halagada con la mirada que me echó. ¿Me estoy volviendo una pervertida?
¿Estaré tan mal qué ya no respeto ni a mi familia?
Pili, no seas tonta. Mi hijo es un hombre y la verdad es que está muy bien físicamente. Hace
muchos años que no lo ves, desde que era prácticamente un niño y ahora que ya es un hombre
puede ser que te atraiga... y por qué no, tal vez a él también. Tú tienes un buen cuerpo y tienes
cuarenta años. Sería lógico que pudierais atraeros.
¿Y si él se sintiera demasiado atraído? ¿Verías mal que tuviéramos sexo?
Bueno, soy su madre y quiero para él lo mejor... Pero si los dos estuvierais de acuerdo, cómo
me iba a oponer...
Es muy raro lo que me ha pasado antes cuando lo vi desnudo.
¡Quién sabe Pili! ¡A lo mejor él te soluciona todos tus problemas...!
Bueno, me voy que tu madre está sola, no tardéis mucho. - mi tía salió del baño y cerró la
puerta.
¡Espera un momento hijo! - me dijo mientras me levantaba de la bañera. Mi madre miró
desde la puerta del baño y escuchó cerrar la puerta de la calle – Ya se ha ido, puedes salir. -
se acercó a mí que me estaba acabando de secar, me rodeó con sus brazos por el cuello y me
besó con pasión - ¡No sé qué tienes que nos vuelves locas a las mujeres de tu familia!
Os falta un hombre que os haga sentiros mujeres, y ese hombre voy a ser yo, para las tres... -
nos besamos de nuevo y después corrí a mi habitación a vestirme para reunirnos con las otras.
La mañana la pasamos en casa, los cuatro. Había escuchado la conversación de mi tía con mi
madre, sabía que a ella yo le producía algún sentimiento, de amor, de excitación... de lo que
fuera, pero se sentía atraída por mí, al igual que yo me sentía atraído por ella. Cada vez que
podía la miraba, la tocaba casualmente, intentaba llamar su atención gastándole pequeñas
bromas. Cuando llegó la hora en que mi tía tenía que marchar a su trabajo, se despidió de su
madre y de su hermana, yo disimulé que hacía algo para estar junto a la puerta en el momento
de irse.
¡Hasta luego Enrique! - me dijo y se acercó para darme un beso en la mejilla. Me acerqué a
ella y moví mi mano para posarla en su cadera, pero la puse justo en el inicio de su culo, en
ese lugar en el que empieza la curva y acerqué mi cara – Luego nos vemos. - acercó su cara
y dejé caer mi mano hasta colocarla descaradamente en su culo, besé suavemente sus labios
y me marché rápido para que no pudiera decir nada. Escuché cerrar la puerta.
Quedamos los tres solos en casa. Mi madre y mi abuela estaban sentadas en el sofá viendo la
televisión. Yo estaba en el sillón, medio dormido, pensando y excitándome con lo que mi tía
había dicho en el baño y con el placer que me había producido el mero hecho de posar mi
mano en su redondo culo.
Desperté en mi habitación, en medio de la cama, desnudo. Mi polla estaba totalmente erecta
y las manos de mi madre y mi abuela la agarraban mientras se peleaban por ella. Mi madre
se la tragó y empezó a mamarme, mi abuela la empujó y se la quitó, ahora era ella quien me
mamaba. Las dos se peleaban por mi polla y en vez de sentir placer, sentía miedo con aquella
situación. Empezaron a insultarse, mientras yo las miraba atónito por la situación. Entonces
mi tía apareció y se subió en la cama, llevaba una camiseta ajustada que le marcaba mucho
sus tetas y no le cubría más debajo de la barriga, por debajo no llevaba nada y su coño de
pelos oscuros estaba a mi vista. Abrió sus piernas y se colocó sobre mí. Las otras sujetaron
mi polla mientras mi tía se agachaba hasta que su coño estuvo encima de mi polla.
¡Fóllame Enrique! - me dijo mi tía - ¡Vamos Enrique! ¡Enrique, Enrique! - abrí los ojos y vi
la preciosa cara de mi tía - ¡Vamos Enrique! ¡Despierta! ¡Vamos a comer!
Había pasado demasiadas horas dormido en aquel sillón. Tenía el cuerpo algo entumecido y
me costaba moverme. Con dificultad me acerqué a la mesa. Tenía ganas de orinar. Me levanté
y marché al baño. Entré y me puse a orinar.
¡Oh, perdona, la puerta estaba abierta! - escuché la voz de mi tía.
No importa. - le dije – Ya acabo...
Sólo venía a lavarme las manos...
Pasa si quieres... - seguí orinando y podía escuchar tras de mí el grifo. Acabé y me giré tras
guardar mi polla - ¿Acabaste? - ella se echó a un lado para que yo me lavara las manos.
Oye Enrique... - me habló suavemente mientras me lavaba – Lo que me hiciste cuando me
marchaba al trabajo...
Eso... - dije e intenté parecer afligido por lo que hice - Perdóname por eso, es que no sé qué
me pasó... Tuve el impulso...
No te preocupes... - me besó en la mejilla - Creía que ya era demasiado vieja para gustar a
los hombres...
¡Tita, no digas locuras! - la cogí por la cintura – He de reconocerte que desde que te vi la
primera vez... - hice como que dudaba en hablar – tu hermoso culo me ha atraído demasiado
para ser tu sobrino.
A mí me ha pasado algo parecido... - bajó la mirada – Esta mañana cuando coincidimos en
el baño, me sentí atraída por tu cuerpo... ¿Perdona qué sea mala tía?
No tita... - la atraje más hacia mí y ella no se opuso – Somos prácticamente desconocidos y
eso hace que no tenga ningún resentimiento moral que me prohíba desearte... - mis brazos se
aferraron a ella y nuestras bocas estaban muy cerca – Pero si te causo cualquier daño, dejaré
de lado este sentimiento... - nos miramos a los ojos y nos besamos suavemente.
Y qué dirán tu madre y la mía... - otro beso suave.
¡No me importa lo que puedan decir! - la besé con pasión por un largo tiempo.
Salimos del baño y caminamos por el pasillo agarrados de la mano, hasta llegar a la escalera.
Nos dimos otro beso y después nos separamos para bajar. Ella primero y miré su culo agitarse
con cada escalón que bajaba, la deseaba, no como a mi madre que para ella era mi amor y mi
sexo, ni como a mi abuela que era diversión con el sexo, no, mi tía me provocaba una extraña
excitación, en su presencia no podía más que pensar en su cuerpo, en tenerla junto a mí,
tocándola, besándola... No entendía qué me ocurría con ella, pero sentía el enorme impulso
de ser su esclavo sexual, de hacerle todo lo que ella me pidiera.
Nos sentamos a cenar los cuatro. Mi madre miraba a mi tía disimuladamente y sabía que algo
había sucedido, aquella sonrisa que mostraba Pili no la tenía la noche anterior. Tras cenar y
recoger todo, decidimos ir a la cama. Y como siempre, mi abuela fue la más audaz y
perspicaz.
Marta, esta noche dormiré contigo, tenemos que hablar. - mi madre la miró y entendió lo que
mi abuela quería - Pili, acuéstate con Enrique y así pruebas su nueva cama.
¡Yo con Enrique! - dijo mi tía riendo – Y si él no quiere...
No te preocupes tita, cuando se estaba arreglando mi habitación he dormido con mi madre,
ayer con la abuela y hoy contigo... ¡Ya he pasado por la cama con todas las mujeres! - me
sentí un poco avergonzado al darme cuenta de lo que había dicho, pero disimulé.
Subí a la habitación. Mi tía entró tras de mí y me miró como si no supiera que hacer. Me
quité el chaleco y la camiseta y después los pantalones, quedé en calzoncillos. Me metí en la
cama. Ella parecía dudar, cogió su pijama y con un “voy al baño” salió de la habitación.
Pensaba que se había arrepentido y que iría a mi madre a decirle que prefería acostarse con
ella o con su madre.
Ya llevaba quince minutos fuera y no ocurría nada, ni ella entraba ni entraba ninguna de las
otras. Tal vez tuvo una indisposición. Me puse a pensar si aquella situación no sería
demasiado rápida para ella, el día anterior la había dejado su novio y aquella noche iba a
dormir con su sobrino, el que hacía un momento la había besado apasionadamente. Tal vez
no estaba preparada emocionalmente para que su sobrino le pidiera relaciones sexuales, tenía
que ir despacio... Y entonces se abrió la puerta y apareció ella. Estaba preciosa y muy sensual.
No se había puesto el pijama con el que salió, llevaba una camiseta blanca en la que se podía
intuir sus oscuros pezones y que sólo le cubría hasta que empezaban sus bragas, aquellas
bragas negras que llevaba y que formaban un excitante triángulo en donde acababan sus
muslos.
¿Te importa si duermo así? - me dijo por las ropas que llevaba.
Vale. - le dije – Pero sólo te dejaré entrar en mi cama nueva si me enseñas ese culito...
¡Asqueroso! - me dijo riendo y se acercó a la cama, levantó la ropa y se giró, puso su culo en
pompa para que lo mirase y después entró en la cama riendo – Espero que haya sido
suficiente...
Para nada. - le dije abrazándome a ella – Tienes el mejor culo de las tres y he de verlo en
condiciones.
¡Cómo de las tres! - me sentí pillado con lo que había dicho – Sólo podrás mirar mi culo. -
me sentí aliviado al ver que no pensó en nuestras madres.
Eso seguro, pero no te importará que mire el culo de la abuela y de mi madre...
Eso es muy pervertido, mirar el culo a tu propia madre...
Tita, ya es pervertido que me guste mi propia tía. Bien es verdad que hace mucho tiempo que
no nos vemos, casi somos unos extraños, pero pertenecer a la misma familia es pervertido...
Pero a la vez excitante. ¿No te ocurre lo mismo?
La verdad es que sí... - nos abrazamos cariñosamente y charlábamos con tranquilidad –
Cuando esta mañana te he visto desnudo, he sentido una rara excitación y he de reconocerte
que sentí la necesidad de tenerte... Cuando me agarraste el culo, en vez de enfadarme, me
sentí de nuevo excitada y hablando mal, se me mojaron las bragas.
¿Y ahora que estamos juntos en la misma cama? - le pregunté.
La verdad es que me gusta... - quedó pensativa – Y ahora que lo pienso... Anoche dormiste
con mi madre...
¡No pensarás que la abuela sería capaz de hacer algo conmigo, su nieto!
De mi madre me lo creo todo... - empezó a reír - Si me convenció para vernos follar a mi
novio y a mí...
¿Y crees que sería capaz de hacerlo conmigo?
Ten cuidado que es muy peligrosa... - me miró a la cara y vio mi sonrisa, me empujó - ¡No,
no puede ser!
Sí tita.Se acostó, tenía frío, la abracé y descubrí que no tenía bragas. - puse cara de haber
sufrido con aquello – Cuando me di cuenta ya se la había metido entera.
¡No, si mi madre a guarra no hay quién le gane! - dijo sentada en la cama – Y... ¿Cómo
descubriste que no tenía bragas?
¡Oh, fue sin querer! Verás... - la hice tumbarse y me abracé a ella - Estábamos así, mi mano
estaba en su cintura. Entonces como tenía frío, la moví así para que entrara en calor. - hacía
los mismos movimientos sobre el cuerpo de mi tía - Bajé por sus caderas y llegué hasta su
muslo. Tiene una piel muy suave y eso me gustó, así que subí la mano y llegué hasta su
barriga por debajo de su camisón.
¡Tenía la piel suave ¿no?!– asentí con la cabeza - ¿Y cómo supiste que no llevaba bragas?
Pues como tenía la piel suave y habiendo llegado hasta su barriga, quería saber cómo sería
su bello púbico. – en ese momento bajé mi mano por su cuerpo y la introduje bajo las bragas
de mi tía –Y descubrí que no tenía bragas.
¿Y cómo era su bello? – me dijo con una sonrisa.
¡Uf tita! – le dije con sorpresa - ¡Lo tienes depilado!
Casi entero. – moví mis dedos y sólo notaba unos pocos por encima de su coño, seguí bajando
y toqué sus suaves labios vaginales.
¡Eso tengo que verlo! – la destapé y encendí la luz de mi mesita, me coloqué junto a ella y
bajé sus bragas un poco - ¡Es precioso! – tenía un pequeño triángulo de pelos, bajé más la
tela que lo cubría y empecé a ver el principio de sus depilados labios vaginales – Tita, se me
hace la boca agua… ¿Puedo comértelo? – no esperé respuesta, seguí bajando sus bragas hasta
quitárselas por completo, las olí. Ella tenía las piernas cerradas, como si le diera vergüenza
que la mirara, las agitó restregando una contra otra cuando me vio oler sus bragas, aquello la
había excitado.
¿A mi madre también le hiciste esto? – me preguntó mientras mis manos acariciaban sus
muslos.
¿Y qué es esto? – le dije mientras empujaba sus piernas y se abrían ante mis ojos.
¿Y qué te voy a hacer? Quiero escucharte decirlo…
Me vas a comer el coño… - dijo tímidamente y en ese momento mi lengua lamió sus labios
vaginales - ¡Oh dios! – gimoteó cuando mi lengua separó los labios y buscó su clítoris.
Mientras mi lengua exploraba la intimidad de mi tía, sus caderas se agitaban. De su boca
brotaban suaves gemidos.Lamí su clítoris y su mano empezó a acariciar mi pelo.
¡Sí, sí ahí, sigue no pares! – jugaba con mi lengua en su clítoris y eso le gustaba - ¡Qué bien
lo haces! ¡Nunca me habían dado tanto placer! – rodeé su erecto clítoris con mis labios y
succioné como si de un pequeño pene se tratara - ¡Joder niño, me voy a correr! – mientras
succionaba, mi lengua comenzó a moverse rápidamente sobre la punta de tan sensible bulto
- ¡Sí, sí , sigue, me corro, me corro! – sus gemidos se volvieron gritos, sus caderas se agitaban
violentamente y puse una mano bajo su culo para que no se me escapara su clítoris de los
labios, levantó las caderas mientras su mano empujaba con fuerza mi cabeza contra su coño
- ¡Siiiiiií! – dio un gran grito cuando la invadió el orgasmo - ¡Siiií! – bajó la intensidad del
gritó, pero sus piernas se agitaban convulsivamente mientras yo no dejaba de succionar - ¡Ya,
para, para! – me pidió mientras su cuerpo aún temblaba de placer. Saqué mi boca de su coño
y besé suavemente sus muslos.
¡Qué orgasmo más impresionante! – mi tía botó al escuchar la voz de mi madre. Mi madre y
mi abuela estaban en la puerta mirando – Eso tengo que probarlo. –dijo mientras se quitaba
las bragas y caminaba hacia la cama.
¡Y después iré yo! – mi abuela también se quitó las suyas.
Miré a mi alrededor y las vi. Una, dos y tres, las tres mujeres de mi familia sentadas en mi
cama, con las piernas abiertas y ofreciéndome sus coños. No podía despreciarlas. Besé el
coño de mi abuela, después el de mi madre y entonces Pili reaccionó.
Si vais a hacer que Enrique os coma vuestros perversos coños, que se tumbe en mitad de la
cama…
La obedecí y ella se colocó entre mis piernas y empezó a mandarme la polla. Mi madre se
puso con su hermana a lamer y tragar mi polla.Mientras, el mojado coño de mi abuela llegaba
hasta mi boca. Parecía que la técnica que me había enseñado la punta de mi exnovia
funcionaba con casi todas las mujeres. Mi abuela gritaba y se retorcía en mi cara mientras le
succionaba con fuerza el clítoris y mi lengua acariciaba la punta con velocidad. Me llenó toda
la boca y la cara con los chorros de flujos que brotaron de su anciano coño mientras todo su
cuerpo se convulsionaba por el placer. Cayó a un lado derrotada por el placer, sabía que no
podía follarla pues mi polla estaba dentro de las bocas de sus hijas. Descansó viendo como
su nieto y sus hijas tenían sexo.
Me limpié la cara un poco con la sábana y agarré el culo de mi madre. Ella sabía
perfectamente qué quería yo. Se movió, abrió las piernas y me puso el coño en la boca
mientras ella le quitaba mi polla a la hermana para tragársela. Hacíamos un sesenta y nueve
colosal ayudados por la caliente de mi tía Pili. Lamí su raja que ya estaba muy mojada. Utilicé
la misma técnica sobre su clítoris y no tardó mucho en correrse sobre mi boca entre gritos y
gemidos desesperados de placer.
Todos los coños habían sido comidos, todas habían recibido su merecido orgasmo… Quería
follarlas y ellas deseaban ser folladas por mí. Mi madre se apartó de mí y besé a mi abuela,
mi tía seguía con mi polla y mi madre me abrazó por la espalda. Giré la cabeza y la boca de
mi madre me recibió con un beso apasionado. Mis manos tocaban los culos, las tetas, los
cuerpos de las tres mujeres que luchaban por mi atención y por mi cuerpo. Sus manos me
acariciaban por todos lados. Besaba a mi madre y de momento mi tía tiraba de mi pelo para
que la besara a ella.
Miré junto a mí y allí estaba mi madre, tumbada en la cama, abierta de piernas para recibirme.
Me moví de rodillas para colocarme entre sus piernas. La mano de mi abuela dirigió mi polla
hacia su coño. Poco a poco me hundí en la locura de su vagina. Mientras me movía sobre mi
madre, mi tía se recostó junto a nosotros para ofrecerme su boca. Pili se masturbaba mientras
me besaba y sentí la boca de mi abuela que besaba mi endurecido culo mientras sus manos
se deleitaban amasándolo.
Pili se puso a cuatro patas junto a nosotros, ofreciendo su culo para que le diera placer. Su
mano se metía entre sus piernas y frotaba su clítoris. Saqué la polla de mi madre y escuché
sus gruñidos de protesta. Me puse tras mi tía y la boca de mi abuela mamó mi polla por un
momento. Miraba el hermoso culo que se ofrecía, se agitaba para provocarme mientras su
mano se acariciaba el coño. Mi abuela dirigió mi polla al coño de su hija. Me agarré a las
caderas de mi tía y empecé a follarla.
Si con la boca había conseguido arrancar un orgasmo de cada una, la situación de poder
fallármelas a las tres me tenía tan excitado que apenas empezaba a escuchar los gemidos de
mi tía, saqué la polla y la apoyé en su culo para empezar a descargar mi semen.
Caí rendido en la cama. Mi abuela y mi madre extendían mi semen por la espalda de Pili,
jugando con el blanco líquido.
Perdonad que no haya aguantado más. – les dije – Es difícil no correrse con tres mujeres tan
imponentes.
No importa cariño. – dijo mi madre que se recostó a mi lado, me abrazó y me besó.
Con lo que me has hecho con la boca he quedado satisfecha por hoy. – dijo mi abuela que se
puso al otro costado y me acariciaba.
¡Pues yo no estoy satisfecha! – dijo Pili que se sentaba encima de mi polla y movía sus
caderas para restregar su coño contra mi polla.
La miré, los movimientos de sus caderas hacían que sus tetas se agitan. Sus oscuros pezones
estaban erectos y los acaricié con mis dedos.Mi polla empezó a despertar bajo su cuerpo,su
mano la acomodó entre los mojados labios vaginales y mi polla seguía creciendo con sus
insistentes movimientos.
Tita quiere un orgasmo con tu polla y lo va a tener. – puso sus manos en mi pecho y movió
su culo de forma que mi polla se colocó a la entrada de su vagina, se dejó caer y mi polla
entró por completo en su vagina - ¡Sí, llena a tita con tu polla!
Mi madre y mi abuela cogieron mis brazos y los pasaron por detrás de sus cuerpos, mi madre
hundió su lengua en mi boca mientras mi abuela me daba besos por la barriga acariciando mi
pecho. Agarré el culo de las dos y los sobaba mientras mi polla entraba en la vagina caliente
de mi tía. Mi madre dejó de besarme y comenzó a lamerme el pezón que tenía más cerca, mi
abuela subió por mi pecho y se dedicó a castigar el pezón libre.
Mi tía botaba sobre mi polla, clavándose con ganas. La miré y su cara mostraba el placer que
estaba sintiendo, no sólo por follar con su sobrino, sino además ver a su madre y a su hermana
en aquel incestuoso acto sexual le producía más placer del que podía imaginar. Sujetaba sus
tetas con las manos y no dejaba de mirarnos. Bajó su culo todo lo que pudo y sus caderas se
agitaron de adelante y atrás, haciendo más intenso el contacto entre nuestros sexos y dándole
más placer para conseguir su deseado orgasmo, estaba a punto de correrse. Yo sentía como
mi polla era machacada por su coño y las caricias y succiones que las otras dos me daban en
los pezones me volvían loco y deseaba correrme.
¡Me corro! - grité y agarré con fuerza los culos de mi madre y mi abuela.
Mi tía siguió moviéndose y su orgasmo le llegó. Sus movimientos acompasados se
desorganizaron y se agitaba compulsivamente mientras sentía aquel orgasmo. No pude más.
Mi polla empezó a lanzar semen en la vagina de mi tía y ella se agitaba y gemía por el placer
de sentirse llena con el semen de su sobrino. Cayó sobre mí y las tres me acariciaban y
besaban.
Estuvimos un buen rato abrazados, descansando. Mi abuela fue la primera en decir que se
iba a su cama. La vi levantarse y recoger sus ropas del suelo. Con un “¡Espera mamá!” mi
madre se levantó de la cama y recogió sus ropas. Pili se había echado a mi lado y nos tapamos
con las ropas de la cama. Las otras dos salían por la puerta, pero mi abuela se paró.
¡Toma, para qué te acuerdes de tu abuela! - me lanzó las bragas y cayeron junto a mí.
¡Y estas para qué no te olvides de tu madre! - y también me lanzó las suyas.
Las cogí, mientras ellas me miraban y me las llevé a la nariz para olerlas, después besé a mi
tía y nos abrazamos para descansar. Mi abuela y mi madre se marcharon para acostarse en su
cama y descansar después de aquel tiempo de sexo entre los cuatro.





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