Mi mama ninfomana me ensena como tratar a las mujeres

 Mi mama ninfomana me ensena como tratar a las mujeres


Capítulo 1


Luego de que mi tía me haya enseñado como tener sexo de verdad puse en practica
lo que aprendí con algunas flacas fáciles del instituto. Unas cuantas me decían que
escucharon hablar que tenía la verga grande, otras que estaban ahí por el reto de alguna
amiga. Incluso mi exnovia fue arrastrada por su mejor amiga para que me la coja y se lo
hice a las dos haciendo mi primer trio que narraré en otro momento. Solo mencionaré que
mi ex me dijo después de cogerla que me amaba y que quería volver. Aunque me propuso
que aun así podía coger con cuantas quiera me negué volver con ella. No había vuelto a
coger a la puta de mi tía después, nos veíamos, nos sonreíamos, nos besábamos con lengua
cuando estabamos solo, y hablábamos de sexo pero tardaría un poco para volver a
tomarla. Solo llegué a nalguearla, meter mi dedo en la ranura de su culo sobre el jean o a
pasar mi mano en su entrepierna sobre el pantalón cuando hablaba de mi verga. También
nos pasábamos fotos sin ropa por teléfono, ella me pasa fotos suyas antes de ser cogida
tomadas por sus clientes o amigos.
De mi mamá solo sabía de ella que antes tenía mucho sexo y asistía a orgias por lo que
escuché a mi abuelo. Lo único hasta ese entonces que había visto a mi mamá era cuando
abrí la puerta de su cuarto por error y la vi en su cama abierta de piernas metiéndose algo
azul en medio. La cerré cuando noté que gemía mucho. Después vi esa cosa azul en su
cuarto, un pene de plástico, su consolador favorito. Luego de morir mi abuelo dejó de ir
a fiestas para cuidarme. A veces sentía un olor fuerte cuando se sentaba a ver televisión
con las piernas abiertas en el sofá, vestida, o ella movía su mano a mi pene pero me movía
para sacarla y ella se reía. Cuando empecé a ver a las mujeres de otra forma luego de
perder la virginidad puedo decir que mi madre está buena. No tanto como su hermana
pero lo está. Su piel es clara, su cabello es castaño claro, casi siempre sonríe, tiene buenas
caderas que resaltan su enorme culo. No es rellena pero tampoco es atlética. Sus tetas son
grandes y están algo separadas. Algunos amigos que la vieron decían que se la querían
coger o que se masturbaban imaginando su culo pero no fue hasta que cogí con mi tía
empecé a mirarla de ese modo. El olor cuando se sienta a ver televisión era del sudor de
su vagina, lo supe cuando tomé un calzón suyo para olerlo. Me gusta olerlo pero lo hacía
en secreto para que no lo note. Un tiempo me preguntó sobre si me pajeaba o si ya cogía
pero me negaba. Sabía que mi tía no le diría sobre lo nuestro así que no hablaba del tema
con ella. Lo matuve en secreto así seguía siendo virgen para mi madre.
Una tarde llegué del instituto. Dejé la mochila en mi cuarto y al momento escuche a
mamá llamándome por mi nombre. Le grité que ya estaba llegando. Fui a la sala y me la
encontré parada en medio de la sala desnuda. Solo tenía unos zapatos de tacón puestos y
sus aretes. Su cabello estaba peinado con un cerquillo. Sus tetas si eran grandes y
separadas, como me las imaginaba, con aureolas grandes adornados un pequeño pezón
rosado en el centro. Solo podía ver su entrepierna depilada, sus piernas cruzadas no me
dejaban ver su vagina. No me esperaba verla así. Se me escapó un «wow».

-He pensado que es tiempo de que tu mami te enseñe como se tratan de verdad a las
mujeres.
Verla así en la sala me hizo tener una erección. Se acercó lentamente a mi. Me tomó de
la barbilla para verme. Estaba seria pero luego me sonrió como siempre. Me sacó la casaca
y la lanzó al comedor. Me bajó los pantalones y el calzoncillo a la vez. Solo pensaba en
que pasaría sintiendo sus manos frotando mis piernas. Se arrodilló a mi verga y me
preguntó lo que todas las flacas a quienes se la metí preguntan.
-¿Te has medido cuanto te mide el pene, amor?
Le contesté de nuevo que si lo hice y cuanto me medía. Mordió su labio con una mano
agarrándomela.
-Está muy grande. Justo del tamaño que nosotras deseamos que nos tome.
Le pasó la lengua mientras yo asentía. La volvió a pasar y luego me empezó a chupar.
El sexo oral me gusta después del vaginal. Ver a la que me lo hace desde abajo
devolviéndome la mirada con mi pene en la boca me hacer ver la verdadera belleza
femenina. Se la metió hasta la garganta mientras más fuerte lo hacía. Masajeaba mis
testículos por mientras. Al final se la sacó pero siguió agarrándola. Yo solo pensaba en
no correrme y arruinarla
-Que rica, hijito. Me pone toda mojada.
Bajó la mano, se frotó la concha y puso la mano en la nariz. Olía delicioso. La bajo y
me frotó su mano de fluidos vaginales en mi verga. Se puso de pie.
-Ahora, cuando tienes así a una mujer tu mandas.
Agarró mi mano y la puso en teta. La apreté y tomé la otra. Chupé el pezón de una
mientras cacheteaba la otra. Sus tetas son más grandes que las de mi tía y que cualquier
otra flaca que cogí. Había visto tetonas en la calle pero me guardé las ganas de sentirlas
en mis manos.
-Muy bien, sabes cómo hacerlo. Eso, hijito.
Seguí así hasta que tuve una idea. Bajé mi mano y metí tres dedos en su vagina. Ella
abrió los ojos y me miró riéndose, excitada. Le dedeé con dos dedos y luego con el pulgar
masajeé su clítoris. Mis dedos son largos así que eran parecidos a ese consolador suyo.
Empezó a gemir fuerte más seguía. Empezó con los «Oh» un poco más bajo. Su vagina
estaba muy húmeda. Casi con los fluidos chorreando. Seguí metiendo mis dedos mientras
ella bajaba su mano y me frotaba el pene. La miré gimiendo con fuerza, lo hermosa que

se veía desnuda y excitada. La besé en los labios a la fuerza. Cuando la solté ella me
devolvió el beso. Luego me soltó y yo tuve que dejarla. Se tumbó al sofá y abrió las
piernas. Pude ver así su vagina. Los labios rosados y limpios brillantes por lo mojada que
se puso. La abrió con dos dedos y vi su interior rosado.
-Ahora hazme sentir mujer, mete esa verga en mi chocha.
Le pregunté que era en broma. Se puso impaciente.
-Chocha, cuca, vagina, concha. Son lo mismo. Mete esa pinga en la concha de la puta
de tu madre.
Me lo digo casi gritando. Al verla me entraron ganas de lamerla o de hacerle sexo oral
pero por lo que me dijo se la metí. Olvidé el condón en ese momento, por eso se sentía
más delicioso. Tiempo después me contó que odiaba los condones ya que no se sentía
natural. Cuando se la metí empezó a gritar sus típicos «oh, si» con palabras en su orgasmo.
Dentro se sentía caliente, mojado, yo la metí completa hasta que al fondo sentí el tope.
No pensé que ese era el tope, mientras más la metía seguí golpeando con mi glande su
útero. No pude saber si la cara de mi madre era porque le dolía o disfrutaba tener dentro
a su hijo.
-Uh, si. Sigue, hijo. Sigue. Que rico. Me quiero correr.
Obedecí a mi mamá. Seguí y ella cada vez más ruidosa hasta que explotó. Con su mano
sacó mi verga y empezó a agarrar su concha. Me bañó en su corrida vaginal, un chorro
húmedo salió mojando mi abdomen y mi entrepierna. Acabó ella pero yo no. Solo había
visto squirts en películas porno pero no en la vida real, eso me puso más excitado. Me la
sacudí con la corrida de mi mamá y volví a metérsela bombeando fuerte. Se sentía más
apretada ahora su concha, ella continuó gimiendo erótica mientras acariciaba mi pelo y
me hablaba. Le gusta hablar mientras cogemos.
-Que rico coges, hijo. Harás feliz a muchas como haces feliz a tu mami. Que orgullo.
Te amo.
Les dije que estaba buenaza, que me orgullecía tener como madre a una puta ninfómana
como ella. Que también la amaba. Al final saqué mi verga y me corrí en su estómago. Al
igual que su corrida fue un chorro blando que salpicó sus tetas y abdomen. Algo casi se
escurre en su concha pero lo limpié. La volví a besar y repetimos el juego de Te Amo y
Yo También te Amo de madre e hijo. Ella me acariciaba frotándose con la otra mano el
semen en su abdomen y yo apretaba chupando sus tetas. Nos quedamos así un rato. La
besé en los labios y me levanté. No me molesté en vestirme en todo el día ni ella tampoco
lo hizo. Pude ver hipnotizado sus tetas rebotando mientras caminaba y su culo
moviendose frente a mi. Lo nalgueba a veces y ella exclamaba algo de «Calma, amor» o
«Uh, papi». A partir de ese momento cambió nuestra relación. Ella camina desnuda por

la casa al igual que yo y con los días experimentamos más para calentarnos. Mi mamá me
tocaba la verga cuando la tenía parada y yo sentía el olor de su concha cuando abría las
piernas sentada en el sofá para indicarme que comenzara a agarrarla por ahí. En otro relato
contaré más a detalle como me llevo ahora con mi madre y como seguí siendo
sexualmente activo usando lo que las putas de mi familia me enseñaron.



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