Hola soy Pamela! y seguiré contando acerca de mi nueva vida sexual que como saben
empezó con don Lucas el cerrajero, don Jaime el fontanero y otros más, ji, ji, ji.
Después de transcurrido un año de casados mi esposo Paul y yo nos cambiamos a
unos edificios más cercanos a la casa de mis padres. Nuestra vida matrimonial seguía
igual de monótona, él me seguía haciendo el amor en la misma posición, sin darle
otro giro a nuestras relaciones.
Por supuesto que yo buscaba afanosamente a alguien que ocupara el espacio que Paul
no quería llenar.
Me vestía en forma provocativa, saliendo a la calle, haciendo que los hombres me
miraran y me lanzaran piropos obscenos hacia mi persona. _Que culote, tienes
mamacita- _Que nalgotas- todas esas palabras hacían que mi interior se excitara y mi
tanga se humedeciera por los fluidos que provenían de mi anhelante panochita. Los
días transcurrían sin ninguna novedad interesante, los vecinos ya nos conocían, eran
gente educada, amables.
La señora de la tienda era mi amiga, platicábamos cuando iba a comprarle algo, ella
me había comentado que su marido estaba preso y que estaba por salir.
Una tarde que pase por la tienda de doña Pachita estaba contenta por que su marido
había salido libre por fin. _Buenas tardes doña Pachita, deme un litro de leche.
_Pamelita, hija, mira te presento a mi esposo acaba de salir de la cárcel, pero te
aseguro que fue una injustica. Ante mi se presento un hombre gordo, feo, como de
cincuenta años, de estatura mediana el color de su piel era casi negra, su barba aunque
recortada estaba descuidada, una oleada de calor inundo mi ser al estrechar aquella
mano callosa, nuestros ojos se miraron un instante en el que mire involuntariamente
su entrepierna encontrando un bulto enorme, subi mi mirada y el sonreia de manera
burlesca. Mis idas a la tienda de doña Pachita se hicieron más frecuentes quería ver
aquel hombre que hacía que mi panochita se humedeciera ante su solo presencia
deseosa de ver que se escondia de tras de ese enorme bulto, Una mañana cuando quise
sacar lo que iba a preparar para que desayunara Paul, me lleve la desagradable
sorpresa de que el refrigerador no funcionaba, asi que mi marido se fue sin probar
alimento y yo salí a ver si había alguien que supiera arreglar refrigeradores, cuando
pase a la tienda de doña Pachita ella me dijo que su marido entendía de eso pero que
ahora no estaba pero que iría mañana como a las diez, le conteste que estaba bien y
me retire.
Ese día estaba deseosa de que la hora en que don Pedro iba a componer el refrigerador
llegara, me bañe y busque las prendas mas sexys que tenía, una diminuta tanga negra
que a mi en lo particular me gusta mucho, un brassiere del mismo color que hacia
que mis redondos pechos resaltaran aun mas y para terminar un vestidito negro que
hacia destacar el color de mi piel.
No quería pasar como puta ante él, porque sentía que me respetaba aunque sentía su
mirada cargada de deseo, de lujuria por cogerme.
Eran exactamente las diez de la mañana cuando el sonido del timbre me volvió a la
realidad, con paso sexy, camine hasta la puerta para recibir a don Pedro. _Pásele don
Pedro_ dije con una agradable coquetería que termine con una sonrisa sexy, el aroma
de mi perfume hizo que mi visitante se extasiara y se turbara. Camine delante de el
para ofrecerle un espectáculo maravilloso, el movimiento de mis redondas nalgas
hacían que yo sintiera la mirada del marido de mi vecina como queriendo atravesar
la suave tela del vestido para hurgar en el interior de mi tanga.
Este es el refrigerador, como le dije a doña Pachita no enfría. _Ahorita vemos que
tiene señora._ Dijo el hombre y procedió a revisarlo y transcurridos unos veinte
minutos salió de la cocina, diciéndome que estaba arreglado, le invite un café y nos
pusimos a platicar.
Don Pedro me miraba fijamente, yo coqueta le sonreía y tocamos el punto de las
relaciones sexuales que según él ya no tenía con Pachita por que ella no aguantaba
toda su verga y que paso un año en prisión y desde ese tiempo no había tocado a una
mujer.
Yo me calentaba al pensar cuanta leche tenía guardada y que yo podía sacársela.
Coloque una de mis manos entre las suyas y le dije que no se preocupara que
seguramente iba a encontrar a alguien para calmar sus ansias amatorias y que pudiera
aguantarlo todo.
Decidida a conquistarlo, me pare con el pretexto de buscar algo en el estante, de tal
manera que él se agasajara viendo mis atractivas nalgas que lucían exquisitas.
De pronto sentí que don Pedro estaba detrás de mí, abrazándome. _Pamela, desde que
te vi me gustaste, pero sé que tu nunca me vas hacer caso porque yo estoy viejo y feo
y tu eres un bomboncito. _¡No don Pedro!, no se confunda_ le dije para que siguiera
insistiendo, mi intimidad se encontraba ya empezando a calentarse.
Don Pedro no me hizo caso por el contario me seguía abrazando, y en un descuido
me dio un beso en la boca, que poco a poco comencé a corresponder, ya todo estaba
dispuesto una vez más le seria infiel a mi marido con otro viejo como mis anteriores
deslices.
Abrí mi boquita para que la lengua de don Pedro buscara mi lengüita, fundiéndonos
en un delicioso beso.
Nuestras lenguas se enredaron en un beso lascivo, lleno de pasión, su lengua se
introdujo en mi boca haciendo que yo la chupara con avidez Las manos traviesas de
don Pedro subieron mi vestido hasta descubrir mis nalgas, acariciándolas como un
desposeído, me excitaba al contacto de sus toscas manos con la fineza y suavidad de
la piel de mis redondos glúteos. _Pamela, bonita, gracias por dejar que te coja, si
vieras cuantos años pase en la cárcel sin poder tocar una mujer, pero tú eres muy
bonita, mamita, nunca creí que me ibas hacer caso_ dijo con una enronquecida voz
por el deseo.
Sentí la dureza de su bulto que se hacía cada vez más grande.
¿Deverás me desea don Pedro?, ¿dígame cuanto?_ le pregunte con una voz sexy en
el oído, dándole un besito cachondo haciendo que el rudo sujeto se enardeciera aun
mas demostrándolo con un fuerte apretón a mi trasero. __ aayy, don Pedro, son suyas,
con cuidado. el feo viejo me cargo hasta la cama donde duermo con Paul, a la vez
que buscaba mis labios para besarlos con pasión arrebatada, podía sentir su
respiración jadeante, sintiéndome excitada, mi palpitante vagina estaba húmeda,
deseosa, hambrienta de verga; acaricie la descuidada barba del viejo
estremeciéndome de placer ante su contacto.
¿Qué me va hacer don Pedro? pregunté con un tono de niña mimada como si no
supiera que ya estaba completamente entregada a su voluntad, y que me iba a coger
sin contemplaciones. Mi vestidito estaba enrollado hasta la cintura dejando ver mi
tanguita; mis sexys piernas lucían esplendorosas.
Deje escapar un gemidito, convencida y deseosa de que don Pedro me culiara Con
cuidado el viejo me deposito en la amplia cama, dándome una nalgada, me encanta
que me den nalgadas, paul nunca no se atreve pero este viejo era todo un macho y no
lo dudo, me sentía ansiosa por que prosiguiera con sus caricias. Con mi acostumbrada
pose de putita, me le ofrecí al viejo.
Me mordisqueó las tetas, chupándolas como bebe hambriento a la vez que con sus
manotas toscas agarraba mis nalgas. Su boca chupaba vorazmente mis rosados
pezones, los cuales estaban duros, grandes y entregados plenamente a las mamadas
que le aplicaba don Pedro. _don Pedro con cuidado, le musite pero más que queja
sonó como a invitación para que siguiera con su tarea seductora; recorrió con su
áspera lengua la delicada piel de mi cuerpo depositando ricos y húmedos besos,
haciendo que perdiera el sentido de la realidad, con las manos agarre la cabeza de
don Pedro y lo iba guiando hacia mi intimidad, ¡adoro que me mamen y le hagan
cositas ricas a mi panochita!.
Don Pedro me quito mi tanga y la dejo a un lado yo me sentía emocionada de estar
sola con un viejo que apenas había conocido y que como siempre terminaría por darle
mi apetitoso trasero para que lo disfrutara.
Don Pedro se regodeo mamando mi vagina la cual se encontraba apetitosa, su áspera
lenguota se metía en mi intimidad arrancándome grititos deliciosos. ¡Huy que
maravilloso era volver a tener un verdadero macho, un semental que me cogiera.
Fueron minutos fabulosos, don Pedro mamaba como desesperado mi pequeña
panochita y yo disfrutando como una loca de sus caricias. _ven acá culona, te voy a
dar un regalito, me dijo don Pedro a la vez que esbozaba una sonrisa de lujuria, hizo
que me pusiera de rodillas, era un espectáculo formidable el que se presentaba aquel
viejo feo, marido de mi amiga Pachita estaba a punto de sacar su dura verga para que
una joven casada se la mamara.
Con una calma desesperante el viejo bajo el cierre del pantalón, mis manos
acariciaban por encima aquel enorme paquete que en unos instantes iba a ser
entregado a mi mamadora boquita; de pronto ante mi apareció la más bella y
suculenta de las visiones una enorme verga negra como de veinticinco centímetros
totalmente tiesa llena de pelos crespos se presentaba ante mí, don Pedro la masajeaba
para que a su sometida putita se le antojara aun mas. abrí la boca queriendo atrapar
esa vergota, que lucía imponente, era grande, negra, gorda y coronada por una
cabezota que lucía brillante por el liquido preseminal que empezaba a brotar; don
Pedro masajeaba ese delicioso instrumento y me empezó a dar golpecitos en mi
lengua, yo gustosa abría la boca para recibirlos con beneplácito. Sus huevos estaban
duros, grandes, densos y llenos de semen, con deleite mi lengua se hundió en la negra
mata de vello para devorarlos con glotonería.
Un suspiro de satisfacción salió de mi boca al tiempo que mordisqueaba con suavidad
la piel de esos testículos que estaban cargados de leche y que indudablemente don
Pedro me haría tragarla. _don Pedro, que vergota tiene... es ENORME!!!, estoy
fascinada, ya quiero tenerla dentro. El viejo no contesto estaba excitado con los ojos
cerrados, seguramente gozando de aquella mamada que una chica joven le estaba
dando.
Devore aquella cabezota, imaginando las arremetidas deliciosas que en unos instantes
me iba dar; olvide que estaba en mi departamento, en la cama donde Paul me hacía
el amor. _ven chiquita, quiero gozarte_ me dijo el viejo al tiempo que me daba un
beso, me acosté, abriendo mis torneadas piernas, el viejo las recorrió con la lengua
hasta llegar a mi intimidad, separó con su lengua mis labios vaginales y se apoderó
de mi clítoris el cual fue chupado con delicia, excitada solo atine a agarrar la cabeza
del viejo para qué siguiera con sus encantadoras caricias, trémula alcance un orgasmo
rico _don Pedro, papi, que rico.
El experto viejo me volteo y me saco mi vestidito, me repegó su deliciosa vergota
entre mis nalgas al tiempo que unos ricos besitos me dio en mi orejita diciéndome
palabras vulgares que a mí me parecieron las más románticas. _que nalgotas tienes
Pamela me muero por reventar ese blanco culito tuyo putita. yo excitada moví mi
exquisito culo para que don Pedro me arrimara con su gran verga y en uno de esos
arrimones casi entra en mi culito, si eso me habia dolido como seria cuando la meta
toda!, después recorrió mi espalda con deliciosos besos deteniéndose en mis carnosos
glúteos, los cuales fueron objeto de incitadoras caricias y besos, emocionada separe
mis nalgotas para que el feo viejo me mamara mi hoyito, unas sensaciones ricas
envolvieron mi interior, vaya que don Pedro sabia complacer a una mujer, conocía
los puntos exactos y sensuales; y esa lengua maravillosa me arrancaba oleadas de
exquisitas sensaciones, un nuevo y encantador orgasmo apareció en mi haciendo que
de mi garganta saliera un delicioso gemido.
Con sensual coquetería me voltee y abrace al viejo a la vez que mis labios buscaron
afanosamente su boca del que ya era mi nuevo amante; lo bese con pasión, mordiendo
sus labios para musitarle al oído lo que ya era evidente. _ Haay don Pedro ya cojame
quiero sentir esa verga mmmm.
Don Pedro fue introduciendo su rica verga, haciéndome sentir feliz y plena. _aaayy
don Pedro, que rico, métamela toda. Movía mis nalgas rítmicamente, apoyando mis
piernas en los hombros del viejo, quien impetuoso metía y sacaba aquella deliciosa e
incansable verga plácidamente, arrancándome gemidos de goce, de placer, estaba
completamente excitada y entregada a las arremetidas de don Pedro _Que rica y
buenota estas Pamela, me decía el viejo a la vez que arreciaba con las culiadas, el
viejo tenía un gran vigor me sujetaba de mis caderas, moviendo ese maravilloso
garrote dentro de mi _aaayyy, hummm, papi que rico y que grande esta, aayy, sigue,
no pares, me matas mi amor_ gritaba enloquecida de placer, que emoción, que rico
era tener esa enorme vergota dentro de mí, haciéndome maravillas ¡humm, que
delicioso! _Pamela, mamita, que culote tienes, el más redondo y paradito, asi muévete
quiero sentirte, uuuf, que buenota estás_ me decía el viejo a la vez que me besaba en
forma frenética. Seductora me subí encima del viejo, guiando su suculenta verga para
que se clavara en mi intimidad; me afianzo de las caderas y solita me ensartaba ese
jugoso leño; las culiadas eran intensas, de vez en cuando don Pedro me daba unas
fuertes nalgadas que a mi parecían encantadoras. _Haaaay.. que rico don Pedro, no
me canso de que usted me culee.
Voy a ser su mujer cuando quiera, uuuff... que grande la tienes papito. -que bueno
culona, desde ahora soy tu macho y solo yo te voy a cojer putita, haa que rico me
aprietas la verga zorra.
Sudorosa, pero satisfecha me baje buscando aquel instrumento de placer para
recompensarlo con una deliciosa chupada, extasiada engullí aquel enorme pito, que
lucía imponente; lujuriosa devore el glande provocando en don Pedro un placer
indescriptible. _Pamela, muñequita quiero que te comas mi verga, me encanta._ me
decía el viejo quien detenía su verga para que yo solamente chupara la deliciosa
cabeza.
Don Pedro me coloco de perrito, comenzando a chupar mi culito, yo movía mis nalgas
ligeramente para recibir tan deliciosas lamidas. _que rico, que sabroso culo_ dijo al
tiempo que metía su tieso tronco lentamente, yo únicamente esperaba tener toda esa
vergota de nuevo dentro de mi y que me arrancara un nuevo orgasmo.
Don Pedro empezó con las culiadas primero en forma lenta para después arreciarlas
ricamente.
Yo no pensaba, había perdido la noción del tiempo, sensaciones encantadoras
llegaban a mi, gemía y pedía mas a don Pedro, que gustoso me culiaba
primorosamente. la sabrosa verga me provocaba maravillosas sensaciones, que
hacían que olvidara todo lo que sucedía a mi alrededor, entregada movía mis nalgas
queriendo retenerla, hacerla mía, que se quedara dentro de mi. – aagh, que rico me
partes, le dije que encontraria una mujer que se la aguantara toda Mmm..
Metí mi mano para acariciar los huevos que golpeaban mis nalgas, los acaricie
presintiendo su pronta descarga. Estaban duros, calientes. Don Pedro saco su
deliciosa verga y empezó a acariciar mi culito metiendo primero un dedo, el viejo lo
hacia de forma magistral, ya que sentía cosquillas y no sentí cuando metió dos, mi
anito estaba completamente dilatado para recibir el premio que estaba esperando. Don
Pedro me metió la verga, haciendo que gritara ya que su adorable instrumento es muy
gordo.
papi, con cuidado, sácamela, no, no, que rico me culeas. durante largo rato don Pedro
me cojia, su negra vergota se metía una y otra vez, que sensación más placentera
sentía, que maravilla ser la dueña de aquella verga, mamarla y besarla cuando yo
quisiera de ahora en adelante.
Un cuadro sexy se presentaba mis blancas nalgas eran anfitrionas de aquella morena
verga, toda una delicia. Sentía como las arremetidas que me daba se intensificaban,
un gemido satisfactorio broto de mi boca, parando aun mas mi culito el cual se había
comido toda aquella suculenta barra de carne maciza.
Sentí las manos recias de don Pedro apretar mi cintura, como gozaba con las plácidas
y llenadoras culiadas que me estaba dando. aayyy, don Pedro, cójame, soy suya. _para
más el culote Pamela que rico siento, nunca me había cogido a una mujer como tú.
Una emoción inolvidable fue la que sentí, mi piel se erizo, perdí la noción, un
orgasmo mas estaba sintiendo, me sentía llena, dichosa, moví mis nalgas en círculos
al tiempo que un torrente de rica y caliente leche inundo mi apretado y goloso culito
que para ese entonces ya la apetitosa verga de don Pedro lo había hecho más grande.
_siéntelos mamita, mi leche es tuya.
Don Pedro saco su placentera vergota de mi castigado culito y se divirtió
golpeándome mis nalgotas, amorosa me voltee como una gatita en celo y atrape aquel
instrumento y le di unas deliciosas mamadas, hasta que dejo escapar la última gota
de su dulce néctar el cual engullí como una verdadera putita
Mimosa me acurruque entre los brazos de don Pedro, el viejo me abrazo, acariciando
uno de mis redondos pechos, en tanto mi mano buscaba afanosa la verga que estaba
potente, dura y dispuesta a seguir brindándome placer. Como una verdadera puta,
porque en verdad asi me sentía, comencé a besar a don Pedro, mordisqueando su
gruesa boca, excitada y caliente le decía – papi, deja que sea yo la que te de placer,
quiero mamar esta vergota. Como una verdadera profesional recorrí con mi lengüita
el pecho y la barriga tosca de mi nuevo amante, estaba loca por encontrar de nuevo
aquella prodigiosa verga que me había hecho feliz.
Al final encontré aquella aparatosa arma, gorda, brillante por los fluidos de ambos,
sus vellos estaban húmedos, mi boca empezó por brindarle besitos a la punta del
glande, para después devorar aquella barra de chocolate hasta el fondo, fueron
minutos interminables que deguste la verga del viejo, momentos de placer,
encantadores que me sentía feliz por volver a tener una verga que me llenara, que me
dieran unas buenas culiadas. asi lo entendió don Pedro y rápido me coloco de nuevo
encima de él, en sentido contrario para que tuviera la hermosa visión de ver como mi
ardorosa panochita se tragaba su animalote. Ya no había vuelta, estaba enamorada de
aquel hombre viejo y feo.
Deseosa de tenerla dentro de mi me fui bajando ofreciéndole una maravillosa visión
a don Pedro el de ver mis nalgas blancas, redondas comerse su órgano sexual. _aaay,
don Pedro, que rico siento, es muy grande y gorda, me gusta mucho. Agarrada de las
caderas, don Pedro me subía y me bajaba embelazado, extasiado, satisfecho de estarse
cogiendo a una mujer joven, guapa y que le correspondía totalmente. Eufórica me
entregaba a ese hombre, gozando, tragándome su portentoso instrumento. Una nueva
oleada de placer inundo mis sentidos y un gemido de satisfacción salió de mi boca.
_don Pedro, que rico siento que maravilloso me coje, siga.
Moví mis nalgas en círculos para provocar en don Pedro mas placer, me agarro con
más fuerza y ahora era él quien me culiaba plácidamente. En un movimiento
inesperado me coloco de cucharita, para seguir con la cogida maravillosa que me
estaba dando; me tenía abrazada mordisqueando el lóbulo de mi orejita, acariciando
mis pechos, regodeándose con mis pezones. _Pamela, bonita que rica estas.
Mimosa le sonreí, sintiendo que su verga se endurecía mas señal de que estaba por
venirse y deseosa de probar su rica leche, le dije que me culiara mas. Acaricie su
verga erecta, que potente y apuesta se introducía en mi panochita arrancándome un
orgasmo satisfactorio.
Excitada le susurre al oído que me diera su deleitable lechita en mi boquita para
agradecerle la cogida que me había dado.
Don Pedro, prosiguió cogiéndome otro rato mas, adueñado completamente de mi, era
el amo y yo su esclava. me acosté acariciando la verga que ya a la tenía a mi
disposición, el viejo se había puesto de rodillas en medio de mi, ofreciéndome su
traviesa verga, la que comencé a mamar, quería sacar hasta la última gota de semen,
mi lengua recorría el venudo tronco hasta la base, una verdadera delicia, don Pedro
completamente perdido gemía sintiendo venir la lechita, la que salió en forma
abundante, mi boquita no se daba abasto para tragar esa espesa leche, que a mí en lo
particular me parecía el más exquisito de los manjares, sabrosas chupeteadas le hice
a la enorme cabezota de don Pedro, dejándolo exhausto, cansado pero satisfecho.
_uuf, que putita eres Pamela, y tan decente que te veias jajaja recuerda zorrita, tu
blanco culo es mio.
Por todo respuesta busque su boca para agradecerle el momento de placer, ya no había
nada que se interpusiera entre nosotros, el me iba a dar su sabrosa tranca y yo mis
insaciables y suculentas nalgas. Don Pedro se vistió, yo estaba cansada pero me
abrace a él y nos despedimos con un ardoroso beso mientras el masajeaba mis nalgas
y la promesa de que vendría al siguiente día a darme mi ración de lechita.
empezó con don Lucas el cerrajero, don Jaime el fontanero y otros más, ji, ji, ji.
Después de transcurrido un año de casados mi esposo Paul y yo nos cambiamos a
unos edificios más cercanos a la casa de mis padres. Nuestra vida matrimonial seguía
igual de monótona, él me seguía haciendo el amor en la misma posición, sin darle
otro giro a nuestras relaciones.
Por supuesto que yo buscaba afanosamente a alguien que ocupara el espacio que Paul
no quería llenar.
Me vestía en forma provocativa, saliendo a la calle, haciendo que los hombres me
miraran y me lanzaran piropos obscenos hacia mi persona. _Que culote, tienes
mamacita- _Que nalgotas- todas esas palabras hacían que mi interior se excitara y mi
tanga se humedeciera por los fluidos que provenían de mi anhelante panochita. Los
días transcurrían sin ninguna novedad interesante, los vecinos ya nos conocían, eran
gente educada, amables.
La señora de la tienda era mi amiga, platicábamos cuando iba a comprarle algo, ella
me había comentado que su marido estaba preso y que estaba por salir.
Una tarde que pase por la tienda de doña Pachita estaba contenta por que su marido
había salido libre por fin. _Buenas tardes doña Pachita, deme un litro de leche.
_Pamelita, hija, mira te presento a mi esposo acaba de salir de la cárcel, pero te
aseguro que fue una injustica. Ante mi se presento un hombre gordo, feo, como de
cincuenta años, de estatura mediana el color de su piel era casi negra, su barba aunque
recortada estaba descuidada, una oleada de calor inundo mi ser al estrechar aquella
mano callosa, nuestros ojos se miraron un instante en el que mire involuntariamente
su entrepierna encontrando un bulto enorme, subi mi mirada y el sonreia de manera
burlesca. Mis idas a la tienda de doña Pachita se hicieron más frecuentes quería ver
aquel hombre que hacía que mi panochita se humedeciera ante su solo presencia
deseosa de ver que se escondia de tras de ese enorme bulto, Una mañana cuando quise
sacar lo que iba a preparar para que desayunara Paul, me lleve la desagradable
sorpresa de que el refrigerador no funcionaba, asi que mi marido se fue sin probar
alimento y yo salí a ver si había alguien que supiera arreglar refrigeradores, cuando
pase a la tienda de doña Pachita ella me dijo que su marido entendía de eso pero que
ahora no estaba pero que iría mañana como a las diez, le conteste que estaba bien y
me retire.
Ese día estaba deseosa de que la hora en que don Pedro iba a componer el refrigerador
llegara, me bañe y busque las prendas mas sexys que tenía, una diminuta tanga negra
que a mi en lo particular me gusta mucho, un brassiere del mismo color que hacia
que mis redondos pechos resaltaran aun mas y para terminar un vestidito negro que
hacia destacar el color de mi piel.
No quería pasar como puta ante él, porque sentía que me respetaba aunque sentía su
mirada cargada de deseo, de lujuria por cogerme.
Eran exactamente las diez de la mañana cuando el sonido del timbre me volvió a la
realidad, con paso sexy, camine hasta la puerta para recibir a don Pedro. _Pásele don
Pedro_ dije con una agradable coquetería que termine con una sonrisa sexy, el aroma
de mi perfume hizo que mi visitante se extasiara y se turbara. Camine delante de el
para ofrecerle un espectáculo maravilloso, el movimiento de mis redondas nalgas
hacían que yo sintiera la mirada del marido de mi vecina como queriendo atravesar
la suave tela del vestido para hurgar en el interior de mi tanga.
Este es el refrigerador, como le dije a doña Pachita no enfría. _Ahorita vemos que
tiene señora._ Dijo el hombre y procedió a revisarlo y transcurridos unos veinte
minutos salió de la cocina, diciéndome que estaba arreglado, le invite un café y nos
pusimos a platicar.
Don Pedro me miraba fijamente, yo coqueta le sonreía y tocamos el punto de las
relaciones sexuales que según él ya no tenía con Pachita por que ella no aguantaba
toda su verga y que paso un año en prisión y desde ese tiempo no había tocado a una
mujer.
Yo me calentaba al pensar cuanta leche tenía guardada y que yo podía sacársela.
Coloque una de mis manos entre las suyas y le dije que no se preocupara que
seguramente iba a encontrar a alguien para calmar sus ansias amatorias y que pudiera
aguantarlo todo.
Decidida a conquistarlo, me pare con el pretexto de buscar algo en el estante, de tal
manera que él se agasajara viendo mis atractivas nalgas que lucían exquisitas.
De pronto sentí que don Pedro estaba detrás de mí, abrazándome. _Pamela, desde que
te vi me gustaste, pero sé que tu nunca me vas hacer caso porque yo estoy viejo y feo
y tu eres un bomboncito. _¡No don Pedro!, no se confunda_ le dije para que siguiera
insistiendo, mi intimidad se encontraba ya empezando a calentarse.
Don Pedro no me hizo caso por el contario me seguía abrazando, y en un descuido
me dio un beso en la boca, que poco a poco comencé a corresponder, ya todo estaba
dispuesto una vez más le seria infiel a mi marido con otro viejo como mis anteriores
deslices.
Abrí mi boquita para que la lengua de don Pedro buscara mi lengüita, fundiéndonos
en un delicioso beso.
Nuestras lenguas se enredaron en un beso lascivo, lleno de pasión, su lengua se
introdujo en mi boca haciendo que yo la chupara con avidez Las manos traviesas de
don Pedro subieron mi vestido hasta descubrir mis nalgas, acariciándolas como un
desposeído, me excitaba al contacto de sus toscas manos con la fineza y suavidad de
la piel de mis redondos glúteos. _Pamela, bonita, gracias por dejar que te coja, si
vieras cuantos años pase en la cárcel sin poder tocar una mujer, pero tú eres muy
bonita, mamita, nunca creí que me ibas hacer caso_ dijo con una enronquecida voz
por el deseo.
Sentí la dureza de su bulto que se hacía cada vez más grande.
¿Deverás me desea don Pedro?, ¿dígame cuanto?_ le pregunte con una voz sexy en
el oído, dándole un besito cachondo haciendo que el rudo sujeto se enardeciera aun
mas demostrándolo con un fuerte apretón a mi trasero. __ aayy, don Pedro, son suyas,
con cuidado. el feo viejo me cargo hasta la cama donde duermo con Paul, a la vez
que buscaba mis labios para besarlos con pasión arrebatada, podía sentir su
respiración jadeante, sintiéndome excitada, mi palpitante vagina estaba húmeda,
deseosa, hambrienta de verga; acaricie la descuidada barba del viejo
estremeciéndome de placer ante su contacto.
¿Qué me va hacer don Pedro? pregunté con un tono de niña mimada como si no
supiera que ya estaba completamente entregada a su voluntad, y que me iba a coger
sin contemplaciones. Mi vestidito estaba enrollado hasta la cintura dejando ver mi
tanguita; mis sexys piernas lucían esplendorosas.
Deje escapar un gemidito, convencida y deseosa de que don Pedro me culiara Con
cuidado el viejo me deposito en la amplia cama, dándome una nalgada, me encanta
que me den nalgadas, paul nunca no se atreve pero este viejo era todo un macho y no
lo dudo, me sentía ansiosa por que prosiguiera con sus caricias. Con mi acostumbrada
pose de putita, me le ofrecí al viejo.
Me mordisqueó las tetas, chupándolas como bebe hambriento a la vez que con sus
manotas toscas agarraba mis nalgas. Su boca chupaba vorazmente mis rosados
pezones, los cuales estaban duros, grandes y entregados plenamente a las mamadas
que le aplicaba don Pedro. _don Pedro con cuidado, le musite pero más que queja
sonó como a invitación para que siguiera con su tarea seductora; recorrió con su
áspera lengua la delicada piel de mi cuerpo depositando ricos y húmedos besos,
haciendo que perdiera el sentido de la realidad, con las manos agarre la cabeza de
don Pedro y lo iba guiando hacia mi intimidad, ¡adoro que me mamen y le hagan
cositas ricas a mi panochita!.
Don Pedro me quito mi tanga y la dejo a un lado yo me sentía emocionada de estar
sola con un viejo que apenas había conocido y que como siempre terminaría por darle
mi apetitoso trasero para que lo disfrutara.
Don Pedro se regodeo mamando mi vagina la cual se encontraba apetitosa, su áspera
lenguota se metía en mi intimidad arrancándome grititos deliciosos. ¡Huy que
maravilloso era volver a tener un verdadero macho, un semental que me cogiera.
Fueron minutos fabulosos, don Pedro mamaba como desesperado mi pequeña
panochita y yo disfrutando como una loca de sus caricias. _ven acá culona, te voy a
dar un regalito, me dijo don Pedro a la vez que esbozaba una sonrisa de lujuria, hizo
que me pusiera de rodillas, era un espectáculo formidable el que se presentaba aquel
viejo feo, marido de mi amiga Pachita estaba a punto de sacar su dura verga para que
una joven casada se la mamara.
Con una calma desesperante el viejo bajo el cierre del pantalón, mis manos
acariciaban por encima aquel enorme paquete que en unos instantes iba a ser
entregado a mi mamadora boquita; de pronto ante mi apareció la más bella y
suculenta de las visiones una enorme verga negra como de veinticinco centímetros
totalmente tiesa llena de pelos crespos se presentaba ante mí, don Pedro la masajeaba
para que a su sometida putita se le antojara aun mas. abrí la boca queriendo atrapar
esa vergota, que lucía imponente, era grande, negra, gorda y coronada por una
cabezota que lucía brillante por el liquido preseminal que empezaba a brotar; don
Pedro masajeaba ese delicioso instrumento y me empezó a dar golpecitos en mi
lengua, yo gustosa abría la boca para recibirlos con beneplácito. Sus huevos estaban
duros, grandes, densos y llenos de semen, con deleite mi lengua se hundió en la negra
mata de vello para devorarlos con glotonería.
Un suspiro de satisfacción salió de mi boca al tiempo que mordisqueaba con suavidad
la piel de esos testículos que estaban cargados de leche y que indudablemente don
Pedro me haría tragarla. _don Pedro, que vergota tiene... es ENORME!!!, estoy
fascinada, ya quiero tenerla dentro. El viejo no contesto estaba excitado con los ojos
cerrados, seguramente gozando de aquella mamada que una chica joven le estaba
dando.
Devore aquella cabezota, imaginando las arremetidas deliciosas que en unos instantes
me iba dar; olvide que estaba en mi departamento, en la cama donde Paul me hacía
el amor. _ven chiquita, quiero gozarte_ me dijo el viejo al tiempo que me daba un
beso, me acosté, abriendo mis torneadas piernas, el viejo las recorrió con la lengua
hasta llegar a mi intimidad, separó con su lengua mis labios vaginales y se apoderó
de mi clítoris el cual fue chupado con delicia, excitada solo atine a agarrar la cabeza
del viejo para qué siguiera con sus encantadoras caricias, trémula alcance un orgasmo
rico _don Pedro, papi, que rico.
El experto viejo me volteo y me saco mi vestidito, me repegó su deliciosa vergota
entre mis nalgas al tiempo que unos ricos besitos me dio en mi orejita diciéndome
palabras vulgares que a mí me parecieron las más románticas. _que nalgotas tienes
Pamela me muero por reventar ese blanco culito tuyo putita. yo excitada moví mi
exquisito culo para que don Pedro me arrimara con su gran verga y en uno de esos
arrimones casi entra en mi culito, si eso me habia dolido como seria cuando la meta
toda!, después recorrió mi espalda con deliciosos besos deteniéndose en mis carnosos
glúteos, los cuales fueron objeto de incitadoras caricias y besos, emocionada separe
mis nalgotas para que el feo viejo me mamara mi hoyito, unas sensaciones ricas
envolvieron mi interior, vaya que don Pedro sabia complacer a una mujer, conocía
los puntos exactos y sensuales; y esa lengua maravillosa me arrancaba oleadas de
exquisitas sensaciones, un nuevo y encantador orgasmo apareció en mi haciendo que
de mi garganta saliera un delicioso gemido.
Con sensual coquetería me voltee y abrace al viejo a la vez que mis labios buscaron
afanosamente su boca del que ya era mi nuevo amante; lo bese con pasión, mordiendo
sus labios para musitarle al oído lo que ya era evidente. _ Haay don Pedro ya cojame
quiero sentir esa verga mmmm.
Don Pedro fue introduciendo su rica verga, haciéndome sentir feliz y plena. _aaayy
don Pedro, que rico, métamela toda. Movía mis nalgas rítmicamente, apoyando mis
piernas en los hombros del viejo, quien impetuoso metía y sacaba aquella deliciosa e
incansable verga plácidamente, arrancándome gemidos de goce, de placer, estaba
completamente excitada y entregada a las arremetidas de don Pedro _Que rica y
buenota estas Pamela, me decía el viejo a la vez que arreciaba con las culiadas, el
viejo tenía un gran vigor me sujetaba de mis caderas, moviendo ese maravilloso
garrote dentro de mi _aaayyy, hummm, papi que rico y que grande esta, aayy, sigue,
no pares, me matas mi amor_ gritaba enloquecida de placer, que emoción, que rico
era tener esa enorme vergota dentro de mí, haciéndome maravillas ¡humm, que
delicioso! _Pamela, mamita, que culote tienes, el más redondo y paradito, asi muévete
quiero sentirte, uuuf, que buenota estás_ me decía el viejo a la vez que me besaba en
forma frenética. Seductora me subí encima del viejo, guiando su suculenta verga para
que se clavara en mi intimidad; me afianzo de las caderas y solita me ensartaba ese
jugoso leño; las culiadas eran intensas, de vez en cuando don Pedro me daba unas
fuertes nalgadas que a mi parecían encantadoras. _Haaaay.. que rico don Pedro, no
me canso de que usted me culee.
Voy a ser su mujer cuando quiera, uuuff... que grande la tienes papito. -que bueno
culona, desde ahora soy tu macho y solo yo te voy a cojer putita, haa que rico me
aprietas la verga zorra.
Sudorosa, pero satisfecha me baje buscando aquel instrumento de placer para
recompensarlo con una deliciosa chupada, extasiada engullí aquel enorme pito, que
lucía imponente; lujuriosa devore el glande provocando en don Pedro un placer
indescriptible. _Pamela, muñequita quiero que te comas mi verga, me encanta._ me
decía el viejo quien detenía su verga para que yo solamente chupara la deliciosa
cabeza.
Don Pedro me coloco de perrito, comenzando a chupar mi culito, yo movía mis nalgas
ligeramente para recibir tan deliciosas lamidas. _que rico, que sabroso culo_ dijo al
tiempo que metía su tieso tronco lentamente, yo únicamente esperaba tener toda esa
vergota de nuevo dentro de mi y que me arrancara un nuevo orgasmo.
Don Pedro empezó con las culiadas primero en forma lenta para después arreciarlas
ricamente.
Yo no pensaba, había perdido la noción del tiempo, sensaciones encantadoras
llegaban a mi, gemía y pedía mas a don Pedro, que gustoso me culiaba
primorosamente. la sabrosa verga me provocaba maravillosas sensaciones, que
hacían que olvidara todo lo que sucedía a mi alrededor, entregada movía mis nalgas
queriendo retenerla, hacerla mía, que se quedara dentro de mi. – aagh, que rico me
partes, le dije que encontraria una mujer que se la aguantara toda Mmm..
Metí mi mano para acariciar los huevos que golpeaban mis nalgas, los acaricie
presintiendo su pronta descarga. Estaban duros, calientes. Don Pedro saco su
deliciosa verga y empezó a acariciar mi culito metiendo primero un dedo, el viejo lo
hacia de forma magistral, ya que sentía cosquillas y no sentí cuando metió dos, mi
anito estaba completamente dilatado para recibir el premio que estaba esperando. Don
Pedro me metió la verga, haciendo que gritara ya que su adorable instrumento es muy
gordo.
papi, con cuidado, sácamela, no, no, que rico me culeas. durante largo rato don Pedro
me cojia, su negra vergota se metía una y otra vez, que sensación más placentera
sentía, que maravilla ser la dueña de aquella verga, mamarla y besarla cuando yo
quisiera de ahora en adelante.
Un cuadro sexy se presentaba mis blancas nalgas eran anfitrionas de aquella morena
verga, toda una delicia. Sentía como las arremetidas que me daba se intensificaban,
un gemido satisfactorio broto de mi boca, parando aun mas mi culito el cual se había
comido toda aquella suculenta barra de carne maciza.
Sentí las manos recias de don Pedro apretar mi cintura, como gozaba con las plácidas
y llenadoras culiadas que me estaba dando. aayyy, don Pedro, cójame, soy suya. _para
más el culote Pamela que rico siento, nunca me había cogido a una mujer como tú.
Una emoción inolvidable fue la que sentí, mi piel se erizo, perdí la noción, un
orgasmo mas estaba sintiendo, me sentía llena, dichosa, moví mis nalgas en círculos
al tiempo que un torrente de rica y caliente leche inundo mi apretado y goloso culito
que para ese entonces ya la apetitosa verga de don Pedro lo había hecho más grande.
_siéntelos mamita, mi leche es tuya.
Don Pedro saco su placentera vergota de mi castigado culito y se divirtió
golpeándome mis nalgotas, amorosa me voltee como una gatita en celo y atrape aquel
instrumento y le di unas deliciosas mamadas, hasta que dejo escapar la última gota
de su dulce néctar el cual engullí como una verdadera putita
Mimosa me acurruque entre los brazos de don Pedro, el viejo me abrazo, acariciando
uno de mis redondos pechos, en tanto mi mano buscaba afanosa la verga que estaba
potente, dura y dispuesta a seguir brindándome placer. Como una verdadera puta,
porque en verdad asi me sentía, comencé a besar a don Pedro, mordisqueando su
gruesa boca, excitada y caliente le decía – papi, deja que sea yo la que te de placer,
quiero mamar esta vergota. Como una verdadera profesional recorrí con mi lengüita
el pecho y la barriga tosca de mi nuevo amante, estaba loca por encontrar de nuevo
aquella prodigiosa verga que me había hecho feliz.
Al final encontré aquella aparatosa arma, gorda, brillante por los fluidos de ambos,
sus vellos estaban húmedos, mi boca empezó por brindarle besitos a la punta del
glande, para después devorar aquella barra de chocolate hasta el fondo, fueron
minutos interminables que deguste la verga del viejo, momentos de placer,
encantadores que me sentía feliz por volver a tener una verga que me llenara, que me
dieran unas buenas culiadas. asi lo entendió don Pedro y rápido me coloco de nuevo
encima de él, en sentido contrario para que tuviera la hermosa visión de ver como mi
ardorosa panochita se tragaba su animalote. Ya no había vuelta, estaba enamorada de
aquel hombre viejo y feo.
Deseosa de tenerla dentro de mi me fui bajando ofreciéndole una maravillosa visión
a don Pedro el de ver mis nalgas blancas, redondas comerse su órgano sexual. _aaay,
don Pedro, que rico siento, es muy grande y gorda, me gusta mucho. Agarrada de las
caderas, don Pedro me subía y me bajaba embelazado, extasiado, satisfecho de estarse
cogiendo a una mujer joven, guapa y que le correspondía totalmente. Eufórica me
entregaba a ese hombre, gozando, tragándome su portentoso instrumento. Una nueva
oleada de placer inundo mis sentidos y un gemido de satisfacción salió de mi boca.
_don Pedro, que rico siento que maravilloso me coje, siga.
Moví mis nalgas en círculos para provocar en don Pedro mas placer, me agarro con
más fuerza y ahora era él quien me culiaba plácidamente. En un movimiento
inesperado me coloco de cucharita, para seguir con la cogida maravillosa que me
estaba dando; me tenía abrazada mordisqueando el lóbulo de mi orejita, acariciando
mis pechos, regodeándose con mis pezones. _Pamela, bonita que rica estas.
Mimosa le sonreí, sintiendo que su verga se endurecía mas señal de que estaba por
venirse y deseosa de probar su rica leche, le dije que me culiara mas. Acaricie su
verga erecta, que potente y apuesta se introducía en mi panochita arrancándome un
orgasmo satisfactorio.
Excitada le susurre al oído que me diera su deleitable lechita en mi boquita para
agradecerle la cogida que me había dado.
Don Pedro, prosiguió cogiéndome otro rato mas, adueñado completamente de mi, era
el amo y yo su esclava. me acosté acariciando la verga que ya a la tenía a mi
disposición, el viejo se había puesto de rodillas en medio de mi, ofreciéndome su
traviesa verga, la que comencé a mamar, quería sacar hasta la última gota de semen,
mi lengua recorría el venudo tronco hasta la base, una verdadera delicia, don Pedro
completamente perdido gemía sintiendo venir la lechita, la que salió en forma
abundante, mi boquita no se daba abasto para tragar esa espesa leche, que a mí en lo
particular me parecía el más exquisito de los manjares, sabrosas chupeteadas le hice
a la enorme cabezota de don Pedro, dejándolo exhausto, cansado pero satisfecho.
_uuf, que putita eres Pamela, y tan decente que te veias jajaja recuerda zorrita, tu
blanco culo es mio.
Por todo respuesta busque su boca para agradecerle el momento de placer, ya no había
nada que se interpusiera entre nosotros, el me iba a dar su sabrosa tranca y yo mis
insaciables y suculentas nalgas. Don Pedro se vistió, yo estaba cansada pero me
abrace a él y nos despedimos con un ardoroso beso mientras el masajeaba mis nalgas
y la promesa de que vendría al siguiente día a darme mi ración de lechita.





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