Capítulo #1
Estamos hoy aquí para unir en sagrado matrimonio a
Teodoro Roldán Donoso y a Mari Ángeles Fonseca
Ramírez...
El padre Jose María siguió soltando todo el rollo de siempre.
El pobre hombre estaba ya muy aburrido de su trabajo: que
si misas soporíferas, que si bautizos con bebés lloriqueando,
que si comuniones con niñatos que se equivocaban en una
sola puñetera frase que tenían que recitar... Un coñazo,
vamos. Al pobre Jose María le importaban un comino la
palabra de Dios y el cristianismo. Su familia quedó
soprendidísima cuando les comunicó a los 19 años que
quería entrar en un seminario con el objetivo de ser
sacerdote. Al joven Chema solo le importaban por entonces
dos cosas: follar y drogarse. Hasta que un párroco se cruzó
en su camino y le llevó por el camino de la fe cristiana.
Sin embargo, a Chema le cansaban las misas y los feligreses.
¿Qué por qué no dejaba de ser cura a sus 33 años? Pues
2
porque le encantaba ganar pasta con un trabajo tan fácil,
vivir bien y, sobre todo, nadie sospechaba (o a nadie le
importaba) que casi todas las noches se iba de putas y que
ocasionalmente se había tirado a alguna que otra feligresa.
Se podía decir que vivía bien. Pues bueno, el padre Jose
María continuó con el sermón, aunque no podía evitar
mirarle las tetas a la novia. La joven, que no debía de llegar
a los 30, era muy mona y lucía un buen escote en su vestido
blanco. El cura aprovechaba en cualquier momento para
mirarle esos pechos sobre los que reposaban sus rizos
dorados y que subían y bajaban debido a la fuerte respiración
que le provocaban los nervios a la muchacha. Desde luego, el
soso del novio, que tenía una pinta de gilipollas repipi con un
ridículo bigotito, no se merecía a semejante preciosidad,
según opinaba Jose María.
Teodoro, ¿aceptas a Mari Ángeles como esposa? ¿Prometes
serle fiel en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la
enfermedad, y amarle y respetarle todos los días de tu vida?
Sí, acepto
Y tú, Mari Ángeles, ¿aceptas a Teodoro como esposo?
¿Prometes serle fiel en la riqueza y en la pobreza, en la salud
y en la enfermedad, y amarle y respetarle todos los días de tu
vida?
Yo...
3
Un silencio sepulcral invadió la Iglesia ante la indecisión de
la novia.
¿Mari Angeles? ¿Cariño?
Yo...
¿Sí?
No sé
Entre los asistentes comenzaron los murmullos. Todos
estaban sorprendidos, incluido el cura, ya que ésta era la
primera vez que le ocurría algo así en todos los años que
llevaba practicando el sacerdocio.
¿Qué? ¿Cómo? Sé que estás nerviosa, pero...
¡Necesito pensar, Teodoro!
¿Pensar qué?
Pensar en... Por favor, mi amor. Necesito unos minutos...
bueno, quizá una hora. Por favor... Padre, puedo ir a algún
lugar donde estar sola y tranquila
Sí, claro. Acompáñeme
4
Jose María llevó a Mari Ángeles a la sacristía y la dejó sola.
Cinco minutos más tarde, el novio quiso entrar a ver a su
amada, pero ésta no quiso verle
¡Por favor, padre! ¡Hable con ella! Quizás usted pueda
hacerla entrar en razón
Está bien. Haré lo que pueda
Muchísimas gracias. Yo voy a invitar a los invitados a algo en
la cafetería de enfrente. ¡Ay, por Dios, que vergüenza más
grande!
José María entró a hablar con la novia, que aún llevaba el
vestido blanco puesto.
Hija mía, comprendo que tengas dudas, pero...
¡No, padre! ¡Usted no lo comprende!
Pues explíquemelo, hija mía. Cuéntame cual es esa pena que
aflige a tu pobre corazón
¡Oh, padre!
La novia rompió a llorar y abrazó al cura, que al sentir sobre
él las tetas de la joven, que parecían querer salirse del
vestido, comenzó a crecerle el pene a pasos agigantados
5
Padre, es que... Teodoro ha sido mi único novio. Nunca he
estado con otro hombre. Bueno, nunca he estado con ningún
hombre, porque mi familia me ha educado desde siempre en
la fe cristiana y me han enseñado que al matrimonio hay que
llegar casta y pura
¡Oh, eres virgen!
Sí, padre. Tanto como el día en que nací. Padre, yo quiero a
Teodoro, pero también me hubiera gustado, y perdóneme
Padre por ser tan pecadora, estar con otros hombres. Poder
experimentar y... ¡Oh, padre, soy tan mala cristiana! ¡Arderé
en el infierno por tener tan oscuros pensamientos!
Tranquila, hija, tranquila. Dios es bondadoso y nos perdona
nuestros errores. Yo también cometo muchos pecados
¿En serio, padre?
Sí, cariño. Todos lo hacemos. Absolutamente todos
Padre, pero a mí me aterra tanto la idea de pasarme el resto
de mi vida con el mismo hombre...
Te entiendo, hija. ¿Quieres que te cuente un secreto? Pero no
debes contárselo a nadie, porque es secreto de confesión, al
igual que yo tampoco le contaré a nadie que tú mueres por
yacer con otros hombres que no son tu futuro marido
6
Claro que sí, padre. Jamás le contaré a nadie lo que usted me
diga
Bien, acércate más a mí, querida
Mari Ángeles se sentó en las rodillas del Padre Jose María,
cual niña pequeña sobre las de Santa Claus en un centro
comercial en los días previos a la Navidad. La novia sintió el
enorme bulto del sacerdote bajo su culito y se dio cuenta que
que, además de párroco, el Padre Jose María también era un
hombre. Al verlo tan de cerca, pudo percibir que era un
hombre atractivo y que, si no fuese por la sotana, se llevaría
a las chicas de calle
Bien, cariño. Aparentemente, yo soy un gran sacerdote. Y en
verdad lo soy. Ayudo a mis feligreses y predico la palabra de
Dios. Lo que nadie sabe es que follo con putas y me tiró a mis
feligresas más guarras
¿Me habla usted en serio, Padre?
Muy en serio, cariño. Pero eso no quita que sea un buen
sacerdote, ¿no es así?
Sí, Padre. Lleva usted razón
Por eso te digo, hija mía, que puedes ser una buena cristiana
y al mismo tiempo desfogarte con otros hombres
Perdón, Padre, pero no le entiendo
7
Chema acarició el escote de la novia, haciéndole sentir a ésta
un escalofrío enorme, algo que no había sentido nunca antes
Hija, eres demasiado bella. Sería un gran pecado que tal
preciosidad perteneciera a un solo hombre
Pero, Padre, yo amo a Teodoro y...
¿Pero no deseas follar con otros? ¿No te gustaría sentir
muchas pollas en tu interior aparte de la del soso de tu
novio?
Me encantaría, pero...
No hay peros que valga
Pero sería una pecadora y...
Mientras que cuides bien de tu esposo, le des muchos hijos y
cumplas con tus labores de buena cristiana, no pasa nada.
No importará que, como yo, te desfogues de vez en cuando.
¿Quieres que te dé una muestra del placer que puedes
alcanzar?
Jose María se acercó a la novia para darle un beso en los
labios, pero ella se apartó
8
No, Padre. Aquí no. Podrían descubrirnos. Cuando vuelva de
la luna de miel, mientras mi esposo esté trabajando,
podríamos quedar y...
¿Pero no te apetece probarlo ahora?
Pero Teodoro descubriría esta noche que no soy virgen
¡Claro que no, chiquilla! No en todos los desvirgamientos se
sangra. Tu marido no tiene por qué descubrir nada. Además,
si dejas que yo te folle ahora, adquirirás algo de experiencia
y podrás complacer mucho mejor a tu marido, como debe
hacer una buena esposa cristiana ¿Qué me dices, querida?
Está bien, Padre
¿Sí?
Fólleme
El cura beso a la novia mientras le metía las manos bajo el
escote. Le sacó una de sus tetas. Era natural, de tamaño
medio, blanquita, gordita y con unos pezoncitos rosados que
el sacerdote no tardó en probar. Le escupió en el pezón y le
bañó todo el seno con su lengua. Luego le sacó la otra e hizo
lo mismo. Al mismo tiempo que le chupaba las tetas, el
sacerdote metió su mano por debajo del voluminoso vestido
de la joven hasta llegar a sus braguitas. Metió los dedos bajo
la ropa interior de la joven y acarició su coñito virgen y
perfectamente depilado para la noche de bodas en la que se
estrenaría oficialmente. Con dos deditos, Jose María fue
9
abriendo el cerrado e inexperto coñito de ella mientras le
seguía comiendo las tetas ante los gemidos de la joven. Ella
no los podía reprimir. Tras años de sequía, por fin sentía algo
entre sus piernas. Además de lo caliente y pecaminoso de la
situación: estaba siendo masturbada por un sacerdote el
mismo día de su boda.
¿Sabes que debe de hacer a la perfección una buena esposa
cristiana?
¿El qué, Padre?
Una buena mamada
¿En serio, Padre?
Claro. No hay cosa que nos guste más a los hombres que
sentir la lengua de una princesita como tú en nuestra polla.
¿Pero la Iglesia aprueba el sexo oral?
¡Uy, si yo te contara!
¿De veras, Padre? Pero yo no sabré hacerlo...
¿No sabes? Pues eso está muy mal, señorita. Dios y la Iglesia
quieren que las mujeres sirvan a sus maridos en todos los
sentidos.
Perdóneme, Padre. Intentaré aprender. ¿Usted será tan
amable de enseñarme?
10
A ver, déjame pensar... Está bien, te enseñaré. Todo sea para
que el pobre Teodoro pueda tener una vida sexual
placentera. Arrodíllate y sácame la polla
Así lo hizo Mari Ángeles, que se quedó ensimismada
contemplando el miembro del sacerdote, que se encontraba
en pleno estado de erección
– ¿Te gusta, niña?
– Mucho, Padre. Está usted muy bien dotado, aunque si le
soy sincera, en las películas porno que he visto son mucho
más grandes
Bueno, cuando ya tengas más experiencia puedes buscarte
un actor porno o alguien con una polla de 30 cm si quieres,
pero para estrenarte la mía está muy bien
Está perfecta
Mari Ángeles besó suavemente el prepucio y, bajo las
ordenes de Chema, fue introduciéndose poco a poco el pene
del sacerdote en su linda boquita. El párroco le agarró la
cabeza y la fue guiando en la felación hasta que llegó un
momento en el que Jose María lo que hacía era follársela por
la boca, ya que el ritmo y la intensidad eran enormes.
11
Venga, ahora tú solita
El sacerdote soltó la cabeza de la novia y ésta continuó la
mamada en solitario con una gran destreza para tratarse de
su primera vez. Se la metía y se la sacaba de la boca y la lamía
de una manera en la que, si alguien hubiese presenciado la
escena, no hubiera adivinado que la rubia vestida de novia
era una virgen sin experiencia alguna. La chica se había
vuelto completamente loca con la polla del cura y se la
empapaba con su saliva desde la punta hasta los huevos, los
cuales succionaba con pasión y total entrega.
¡Aghhhhhhhhhhhhhhh! Ya me corro, princesa. Intenta
tragártelo todo y ten cuidado. ¡No te vayas a manchar tu
precioso vestido
La joven así lo hizo. Se tragó toda la celestial corrida y no
dejó ni gota.
Ahora te voy a follar, ¿vale?
Sí, Padre
Pero antes tienes que volver a calentarme un poco. Hazme
una pajilla. ¿Sabrás hacerlo?
12
Creo que sí
Mari Ángeles agarró fuertemente el pene en estado de semierección del sacerdote y le hizo un pajote monumental. Se la
machacó hasta que otra vez estuvo dura del todo. Luego, ella,
por orden de su párroco, se colocó sobre la mesita abriendo
sus piernas. Él se adentró entre la falda del vestido, le bajó
las bragas y metió su polla en el coño virgen de la novia.
Comenzó una brutal y rápida follada. Chema no podía
creerse que estuviese cumpliendo una de sus fantasías desde
que fuera ordenado sacerdote: se estaba tirando el día de la
boda y con el vestido de novia puesto, a una de esas
jovencitas que iban a casarse con cara de santas pero que en
el fondo eran unas putas. Ella no cabía en sí de gozo: tenía
una polla entre sus piernas y ya sabía por fin lo que era un
orgasmo. Él estaba ya a punto de correrse cuando oyeron
unos ruidos. Los invitados, y con ellos Teodoro, regresaban
a la Iglesia para conocer la decisión final de la novia.
¡Joder!
¡Mierda!
¡Nos van a pillar!
¡Tranquila, hija mía! ¡Me doy prisa!
¡Corre, cariño, córrete!
13
El cura se dio prisa hasta que descargó todo su semen en el
coño virgen de la novia. Ella ya había tomado una decisión:
se casaría con Teodoro, él era tan tonto y estaba tan
enamorado de ella que podría ponerle los cuernos con medio
mundo sin que se enterase y, por supuesto, aparentemente
seguiría siendo una esposa modelo y una buena cristiana, tal
y como le había aconsejado su complaciente párroco.
Corriendo, él se vistió y ella se subio las bragas, se guardó las
tetas y se recolocó el vestido. Cuando salió fuera y besó
dulcemente a su prometido, tenía la imagen de una bella
novia con el vestido y el maquillaje algo estropeado por el
llanto. Nadie, excepto el sacerdote, advirtió el cambio que en
una hora había experimentado la joven: había pasado de ser
una mojigata reprimida a una auténtica puta. Los invitados,
felices de que por fin se arreglara la situación y deseosos de
que finalizase la ceremonia y comenzase el banquete, se
volvieron a sentar. Luego, tras el sí de la novia, el Padre Jose
María declaró marido y mujer al feliz Teodoro, que no cabía
en sí de gozo, y a la bella Mari Ángeles, que tenía su recién
estrenado coño lleno del cristiano semen del religioso.
Y vivieron felices y comieron perdices, en el caso de ella,
pollas
FIN
Estamos hoy aquí para unir en sagrado matrimonio a
Teodoro Roldán Donoso y a Mari Ángeles Fonseca
Ramírez...
El padre Jose María siguió soltando todo el rollo de siempre.
El pobre hombre estaba ya muy aburrido de su trabajo: que
si misas soporíferas, que si bautizos con bebés lloriqueando,
que si comuniones con niñatos que se equivocaban en una
sola puñetera frase que tenían que recitar... Un coñazo,
vamos. Al pobre Jose María le importaban un comino la
palabra de Dios y el cristianismo. Su familia quedó
soprendidísima cuando les comunicó a los 19 años que
quería entrar en un seminario con el objetivo de ser
sacerdote. Al joven Chema solo le importaban por entonces
dos cosas: follar y drogarse. Hasta que un párroco se cruzó
en su camino y le llevó por el camino de la fe cristiana.
Sin embargo, a Chema le cansaban las misas y los feligreses.
¿Qué por qué no dejaba de ser cura a sus 33 años? Pues
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porque le encantaba ganar pasta con un trabajo tan fácil,
vivir bien y, sobre todo, nadie sospechaba (o a nadie le
importaba) que casi todas las noches se iba de putas y que
ocasionalmente se había tirado a alguna que otra feligresa.
Se podía decir que vivía bien. Pues bueno, el padre Jose
María continuó con el sermón, aunque no podía evitar
mirarle las tetas a la novia. La joven, que no debía de llegar
a los 30, era muy mona y lucía un buen escote en su vestido
blanco. El cura aprovechaba en cualquier momento para
mirarle esos pechos sobre los que reposaban sus rizos
dorados y que subían y bajaban debido a la fuerte respiración
que le provocaban los nervios a la muchacha. Desde luego, el
soso del novio, que tenía una pinta de gilipollas repipi con un
ridículo bigotito, no se merecía a semejante preciosidad,
según opinaba Jose María.
Teodoro, ¿aceptas a Mari Ángeles como esposa? ¿Prometes
serle fiel en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la
enfermedad, y amarle y respetarle todos los días de tu vida?
Sí, acepto
Y tú, Mari Ángeles, ¿aceptas a Teodoro como esposo?
¿Prometes serle fiel en la riqueza y en la pobreza, en la salud
y en la enfermedad, y amarle y respetarle todos los días de tu
vida?
Yo...
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Un silencio sepulcral invadió la Iglesia ante la indecisión de
la novia.
¿Mari Angeles? ¿Cariño?
Yo...
¿Sí?
No sé
Entre los asistentes comenzaron los murmullos. Todos
estaban sorprendidos, incluido el cura, ya que ésta era la
primera vez que le ocurría algo así en todos los años que
llevaba practicando el sacerdocio.
¿Qué? ¿Cómo? Sé que estás nerviosa, pero...
¡Necesito pensar, Teodoro!
¿Pensar qué?
Pensar en... Por favor, mi amor. Necesito unos minutos...
bueno, quizá una hora. Por favor... Padre, puedo ir a algún
lugar donde estar sola y tranquila
Sí, claro. Acompáñeme
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Jose María llevó a Mari Ángeles a la sacristía y la dejó sola.
Cinco minutos más tarde, el novio quiso entrar a ver a su
amada, pero ésta no quiso verle
¡Por favor, padre! ¡Hable con ella! Quizás usted pueda
hacerla entrar en razón
Está bien. Haré lo que pueda
Muchísimas gracias. Yo voy a invitar a los invitados a algo en
la cafetería de enfrente. ¡Ay, por Dios, que vergüenza más
grande!
José María entró a hablar con la novia, que aún llevaba el
vestido blanco puesto.
Hija mía, comprendo que tengas dudas, pero...
¡No, padre! ¡Usted no lo comprende!
Pues explíquemelo, hija mía. Cuéntame cual es esa pena que
aflige a tu pobre corazón
¡Oh, padre!
La novia rompió a llorar y abrazó al cura, que al sentir sobre
él las tetas de la joven, que parecían querer salirse del
vestido, comenzó a crecerle el pene a pasos agigantados
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Padre, es que... Teodoro ha sido mi único novio. Nunca he
estado con otro hombre. Bueno, nunca he estado con ningún
hombre, porque mi familia me ha educado desde siempre en
la fe cristiana y me han enseñado que al matrimonio hay que
llegar casta y pura
¡Oh, eres virgen!
Sí, padre. Tanto como el día en que nací. Padre, yo quiero a
Teodoro, pero también me hubiera gustado, y perdóneme
Padre por ser tan pecadora, estar con otros hombres. Poder
experimentar y... ¡Oh, padre, soy tan mala cristiana! ¡Arderé
en el infierno por tener tan oscuros pensamientos!
Tranquila, hija, tranquila. Dios es bondadoso y nos perdona
nuestros errores. Yo también cometo muchos pecados
¿En serio, padre?
Sí, cariño. Todos lo hacemos. Absolutamente todos
Padre, pero a mí me aterra tanto la idea de pasarme el resto
de mi vida con el mismo hombre...
Te entiendo, hija. ¿Quieres que te cuente un secreto? Pero no
debes contárselo a nadie, porque es secreto de confesión, al
igual que yo tampoco le contaré a nadie que tú mueres por
yacer con otros hombres que no son tu futuro marido
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Claro que sí, padre. Jamás le contaré a nadie lo que usted me
diga
Bien, acércate más a mí, querida
Mari Ángeles se sentó en las rodillas del Padre Jose María,
cual niña pequeña sobre las de Santa Claus en un centro
comercial en los días previos a la Navidad. La novia sintió el
enorme bulto del sacerdote bajo su culito y se dio cuenta que
que, además de párroco, el Padre Jose María también era un
hombre. Al verlo tan de cerca, pudo percibir que era un
hombre atractivo y que, si no fuese por la sotana, se llevaría
a las chicas de calle
Bien, cariño. Aparentemente, yo soy un gran sacerdote. Y en
verdad lo soy. Ayudo a mis feligreses y predico la palabra de
Dios. Lo que nadie sabe es que follo con putas y me tiró a mis
feligresas más guarras
¿Me habla usted en serio, Padre?
Muy en serio, cariño. Pero eso no quita que sea un buen
sacerdote, ¿no es así?
Sí, Padre. Lleva usted razón
Por eso te digo, hija mía, que puedes ser una buena cristiana
y al mismo tiempo desfogarte con otros hombres
Perdón, Padre, pero no le entiendo
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Chema acarició el escote de la novia, haciéndole sentir a ésta
un escalofrío enorme, algo que no había sentido nunca antes
Hija, eres demasiado bella. Sería un gran pecado que tal
preciosidad perteneciera a un solo hombre
Pero, Padre, yo amo a Teodoro y...
¿Pero no deseas follar con otros? ¿No te gustaría sentir
muchas pollas en tu interior aparte de la del soso de tu
novio?
Me encantaría, pero...
No hay peros que valga
Pero sería una pecadora y...
Mientras que cuides bien de tu esposo, le des muchos hijos y
cumplas con tus labores de buena cristiana, no pasa nada.
No importará que, como yo, te desfogues de vez en cuando.
¿Quieres que te dé una muestra del placer que puedes
alcanzar?
Jose María se acercó a la novia para darle un beso en los
labios, pero ella se apartó
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No, Padre. Aquí no. Podrían descubrirnos. Cuando vuelva de
la luna de miel, mientras mi esposo esté trabajando,
podríamos quedar y...
¿Pero no te apetece probarlo ahora?
Pero Teodoro descubriría esta noche que no soy virgen
¡Claro que no, chiquilla! No en todos los desvirgamientos se
sangra. Tu marido no tiene por qué descubrir nada. Además,
si dejas que yo te folle ahora, adquirirás algo de experiencia
y podrás complacer mucho mejor a tu marido, como debe
hacer una buena esposa cristiana ¿Qué me dices, querida?
Está bien, Padre
¿Sí?
Fólleme
El cura beso a la novia mientras le metía las manos bajo el
escote. Le sacó una de sus tetas. Era natural, de tamaño
medio, blanquita, gordita y con unos pezoncitos rosados que
el sacerdote no tardó en probar. Le escupió en el pezón y le
bañó todo el seno con su lengua. Luego le sacó la otra e hizo
lo mismo. Al mismo tiempo que le chupaba las tetas, el
sacerdote metió su mano por debajo del voluminoso vestido
de la joven hasta llegar a sus braguitas. Metió los dedos bajo
la ropa interior de la joven y acarició su coñito virgen y
perfectamente depilado para la noche de bodas en la que se
estrenaría oficialmente. Con dos deditos, Jose María fue
9
abriendo el cerrado e inexperto coñito de ella mientras le
seguía comiendo las tetas ante los gemidos de la joven. Ella
no los podía reprimir. Tras años de sequía, por fin sentía algo
entre sus piernas. Además de lo caliente y pecaminoso de la
situación: estaba siendo masturbada por un sacerdote el
mismo día de su boda.
¿Sabes que debe de hacer a la perfección una buena esposa
cristiana?
¿El qué, Padre?
Una buena mamada
¿En serio, Padre?
Claro. No hay cosa que nos guste más a los hombres que
sentir la lengua de una princesita como tú en nuestra polla.
¿Pero la Iglesia aprueba el sexo oral?
¡Uy, si yo te contara!
¿De veras, Padre? Pero yo no sabré hacerlo...
¿No sabes? Pues eso está muy mal, señorita. Dios y la Iglesia
quieren que las mujeres sirvan a sus maridos en todos los
sentidos.
Perdóneme, Padre. Intentaré aprender. ¿Usted será tan
amable de enseñarme?
10
A ver, déjame pensar... Está bien, te enseñaré. Todo sea para
que el pobre Teodoro pueda tener una vida sexual
placentera. Arrodíllate y sácame la polla
Así lo hizo Mari Ángeles, que se quedó ensimismada
contemplando el miembro del sacerdote, que se encontraba
en pleno estado de erección
– ¿Te gusta, niña?
– Mucho, Padre. Está usted muy bien dotado, aunque si le
soy sincera, en las películas porno que he visto son mucho
más grandes
Bueno, cuando ya tengas más experiencia puedes buscarte
un actor porno o alguien con una polla de 30 cm si quieres,
pero para estrenarte la mía está muy bien
Está perfecta
Mari Ángeles besó suavemente el prepucio y, bajo las
ordenes de Chema, fue introduciéndose poco a poco el pene
del sacerdote en su linda boquita. El párroco le agarró la
cabeza y la fue guiando en la felación hasta que llegó un
momento en el que Jose María lo que hacía era follársela por
la boca, ya que el ritmo y la intensidad eran enormes.
11
Venga, ahora tú solita
El sacerdote soltó la cabeza de la novia y ésta continuó la
mamada en solitario con una gran destreza para tratarse de
su primera vez. Se la metía y se la sacaba de la boca y la lamía
de una manera en la que, si alguien hubiese presenciado la
escena, no hubiera adivinado que la rubia vestida de novia
era una virgen sin experiencia alguna. La chica se había
vuelto completamente loca con la polla del cura y se la
empapaba con su saliva desde la punta hasta los huevos, los
cuales succionaba con pasión y total entrega.
¡Aghhhhhhhhhhhhhhh! Ya me corro, princesa. Intenta
tragártelo todo y ten cuidado. ¡No te vayas a manchar tu
precioso vestido
La joven así lo hizo. Se tragó toda la celestial corrida y no
dejó ni gota.
Ahora te voy a follar, ¿vale?
Sí, Padre
Pero antes tienes que volver a calentarme un poco. Hazme
una pajilla. ¿Sabrás hacerlo?
12
Creo que sí
Mari Ángeles agarró fuertemente el pene en estado de semierección del sacerdote y le hizo un pajote monumental. Se la
machacó hasta que otra vez estuvo dura del todo. Luego, ella,
por orden de su párroco, se colocó sobre la mesita abriendo
sus piernas. Él se adentró entre la falda del vestido, le bajó
las bragas y metió su polla en el coño virgen de la novia.
Comenzó una brutal y rápida follada. Chema no podía
creerse que estuviese cumpliendo una de sus fantasías desde
que fuera ordenado sacerdote: se estaba tirando el día de la
boda y con el vestido de novia puesto, a una de esas
jovencitas que iban a casarse con cara de santas pero que en
el fondo eran unas putas. Ella no cabía en sí de gozo: tenía
una polla entre sus piernas y ya sabía por fin lo que era un
orgasmo. Él estaba ya a punto de correrse cuando oyeron
unos ruidos. Los invitados, y con ellos Teodoro, regresaban
a la Iglesia para conocer la decisión final de la novia.
¡Joder!
¡Mierda!
¡Nos van a pillar!
¡Tranquila, hija mía! ¡Me doy prisa!
¡Corre, cariño, córrete!
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El cura se dio prisa hasta que descargó todo su semen en el
coño virgen de la novia. Ella ya había tomado una decisión:
se casaría con Teodoro, él era tan tonto y estaba tan
enamorado de ella que podría ponerle los cuernos con medio
mundo sin que se enterase y, por supuesto, aparentemente
seguiría siendo una esposa modelo y una buena cristiana, tal
y como le había aconsejado su complaciente párroco.
Corriendo, él se vistió y ella se subio las bragas, se guardó las
tetas y se recolocó el vestido. Cuando salió fuera y besó
dulcemente a su prometido, tenía la imagen de una bella
novia con el vestido y el maquillaje algo estropeado por el
llanto. Nadie, excepto el sacerdote, advirtió el cambio que en
una hora había experimentado la joven: había pasado de ser
una mojigata reprimida a una auténtica puta. Los invitados,
felices de que por fin se arreglara la situación y deseosos de
que finalizase la ceremonia y comenzase el banquete, se
volvieron a sentar. Luego, tras el sí de la novia, el Padre Jose
María declaró marido y mujer al feliz Teodoro, que no cabía
en sí de gozo, y a la bella Mari Ángeles, que tenía su recién
estrenado coño lleno del cristiano semen del religioso.
Y vivieron felices y comieron perdices, en el caso de ella,
pollas
FIN





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